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12 de Apr de 2021

Nacional

Detrás de los pasos de Cristo en Jerusalén

Recorrer las estaciones por las cuales estuvo Jesús antes de ser crucificado estremece

Cuando me propusieron hacer una gira periodística por Israel, pensé en seguida en poder visitar los lugares que reseña la bíblica pasión de Cristo. Y lo logré. Después de más de veinte horas de vuelo desde Panamá, me ví en la Vía Dolorosa o Camino del Dolor, el recorrido por cada una de las estaciones por donde se ha establecido que hace más de dos mil años pasó Jesucristo camino a su muerte.

Al llegar a la quinta estación recordé aquellas películas que veo cada año en Semana Santa. Allí en la puerta de un templo religioso decía en hebreo: ‘El cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz'. Me sentí triste y sorprendido solo de pensar dónde estaba.

LA IGLESIA DEL SANTO SEPULCRO

En Israel, un lugar sagrado para los cristianos al que cada año acuden miles de personas

Según los Evangelios, en este lugar se produjo la crucifixión, sepultura y resurrección de Jesús.

En el año 326, el emperador Constantino mandó a construir la iglesia del Santo Sepulcro en el sitio prescrito por los Evangelios y en el cual estaba erigido el culto a la diosa romana Venus, mandado a construir por Adriano, hacia el año 135.

Constantino usó la Cruz cristiana en las batallas y comenzó a ganar siempre, dicen que así nació su fe.

Aunque cansado aún por los estragos del largo viaje, recordé que Jesús había hecho este mismo recorrido, pero con una cruz.

El grupo con el que llegué a Tierra Santa pronto se mezcló con turistas y habitantes locales, todos de diversas religiones viviendo en armonía, un sentimiento de paz que no esperaba encontrar en el Viacrucis.

LA CRUCIFIXIÓN DE JESÚS

Eran ya las 11:30 a.m. y habíamos llegado a la puerta principal de la iglesia del Santo Sepulcro, cuando el guía nos explicó parte de la historia del lugar; pues por su experiencia ya sabía que adentro no se podía hablar.

Iuval destaca que el sitio religioso es administrado por la Iglesia Ortodoxa Griega, pero constantemente acuden al templo religiosos católicos, armenios, rusos, asiáticos, entre otros. La llave de la basílica está en manos de un musulmán, a raíz de la diversidad de cristianismo que allí se congregan.

Ya adentro subimos una escalera de madera que data de 1757, donde se siente una energía que jamás había sentido, una paz extraordinaria. En el camino, la luz eléctrica es casi nula, pero el sitio está iluminado por velas. En estos momentos ya no se escucha el bullicio de la calle, la gran mayoría está en oración. Una mesa de cristal con velas encima cubre la piedra de Gólgota, lugar donde los soldados clavaron a Jesús en la cruz. En la pared se observa la imagen de Cristo crucificado acompañado de su madre María.

Mirábamos para todos lados, no queríamos perder ningún detalle. A unos pasos encontramos una imagen de la virgen María, y nuestro guía nos cuenta que allí estuvo la madre de Jesús llorando amargamente tras la crucifixión de su hijo. Por entonces, la piel se nos comenzaba a erizar. Yo no sabía si reír o llorar; estaba en el lugar donde se dio la mayor prueba de amor del mundo.

Quintín Moreno/ La Estrella de PanamáSitio exacto en donde fue crucificado Jesús.

Di apenas cuatro pasos y ya estaba en el sitio cumbre para cualquier cristiano, el sitio exacto donde Jesús fue crucificado. A cada visitante se le otorgaban unos segundos para arrodillarse y orar, aunque hay quienes tratan de tocar la roca. Seguí con el procedimiento; recé un Padre Nuestro y le agradecí a Dios por permitirme conocer este maravilloso lugar.

El padre ortodoxo, en inglés, va diciendo ‘next' y en ocasiones no permite fotos; sin embargo nuestro grupo pudo llevarse algunas imágenes. Ya nadie hablaba. Teníamos nuestro espíritu afligido. De inmediato pensé que verdaderamente hay un Dios: el ambiente era de paz y de alegría. "Es increíble, es increíble', repetía seguidamente un colega periodista del grupo. Yo sabía que él también estaba tocado por el espíritu santo.

‘Vamos muchachos tenemos que continuar', nos dice una voz, que es la del guía Iuval, que parecía haber aparecido súbitamente, cuando en realidad, había estado todo el tiempo tras el grupo.

LA ENERGÍA DEL SANTO SEPULCRO

Cuando bajamos las escaleras, vimos a varias personas de diversas naciones tocando un altar de mármol. Era el mismo sitio donde la virgen María recibió el cuerpo de su hijo para limpiarlo y darle sepultura. Allí la escena no era diferente, pues habían féminas llorando y rezando.

Quintín Moreno/ La Estrella de PanamáFila para ingresar al santo sepulcro.

Posteriormente nos correspondió hacer una fila para entrar al santo sepulcro. En ese momento oíamos lenguas de diversos países. Nosotros cuatro y el guía éramos los únicos que hablábamos español. En la entrada a este lugar mítico aguardaba un sacerdote ortodoxo griego que avisaba cuando ya el tiempo dentro de la cueva había terminado.

Llegó el turno de ingresar y nos dijeron que no se permiten fotos en la cueva. Unas velas encendidas sobre un pequeño altar es lo primero que se observa. Es el sitio donde hace miles de años se les apareció un ángel a las tres Marías para anunciarles que Jesús ha resucitado. En mis pensamientos decía ‘wao' aquí estuvo un ser enviado por Dios.

Era el momento de entrar al sepulcro, donde el cuerpo del salvador del mundo fue depositado para posteriormente resucitar, había que agacharse para ingresar y una vez dentro volví a sentir algo extraño; estaba asustado y recordé aquellos tristes momentos que he pasado cuando he perdido a mis familiares, pero toqué la roca y me sentí reconfortado, era como si Jesús me hubiese dado una palmada en el hombro.

No lloré en el recorrido, pero mis sentimientos estaban a flor de piel. El guía Iuval nos miraba y nos contaba chistes, quizás para llenarnos de ánimos tras el impactante momento dentro del sepulcro.

Seguimos el recorrido y vimos diversas imágenes religiosas, además nuestro guía nos mostró unos huecos que corroboran que toda esta basílica fue en el pasado un cementerio.

Terminada la gira, como colofón, el guía reconoció que toda la información que había compartido con nosotros estaba internet o en los libros. ‘Pero lo que han experimentado hoy se lo llevan en los corazones', agregó y eso hay que vivirlo.