Temas Especiales

05 de Dec de 2020

Nacional

Las elecciones de 1906: el pecado original de la política panameña

‘Nosotros, los liberales, deseamos que Panamá sea considerada una verdadera república y no una más de las naciones de Sur y Centro América

Las elecciones de 1906: el pecado original de la política panameña
Las elecciones de 1906: el pecado original de la política panameña

En mayo de 1906, una delegación de cuatro políticos de la oposición panameña abordaba el vapor ‘Allianca', en el puerto de Colón, para dirigirse a Washington, Estados Unidos, donde debían llevar a cabo una misión: solicitar al gobierno estadounidense, presidido por Teodoro Roosevelt, intervenir para asegurar la pureza de las próximas elecciones en el Istmo.

Los comicios municipales y legislativos (pautados para el 24 de junio y el 2 de julio de ese año, respectivamente) eran determinantes porque los diputados elegidos participarían, en septiembre de ese año, en la elección de los vicepresidentes del país y, en 1908, en la elección del segundo presidente constitucional de la República.

En la mañana del miércoles 6 de junio, tras llegar a Washington e instalarse en el lujoso hotel New Willard, los panameños pidieron llamada directa a la Casa Blanca.

Un rato después, la oficina del secretario de Guerra, William Taft, Taft, les anunciaba que este había sacado un espacio en su agenda y se reuniría con ellos ese mismo día a las 3:30 pm. Elihu Root, el secretario de Estado, también estaría presente.

Tanto Taft como Root, más que familiarizados con el panorama político panameño, conocían el calibre de los visitantes, cuatro prominentes políticos y ciudadanos de la nueva república. Ellos eran Pablo Arosemena, quien había presidido la Asamblea Constituyente de 1904; el Dr. Eusebio A. Morales, uno de los abogados más preparados y lúcidos del país; el doctor Belisario Porras, estrella política en ascenso; y Domingo Díaz, uno de los hombres más ricos e influyentes.

‘Nosotros, los liberales, deseamos que Panamá sea considerada una verdadera república y no una más de las naciones de Sur y Centro América (conocidas por sus guerras civiles e inestabilidad política)', habían declarado a la prensa estadounidense en los días previos.

Según los viajeros, la joven República de Panamá, de apenas 2 años y medio, parecía estar retomando los mismos vicios e inestabilidad que caracterizaron su periodo colombiano y algunos opositores al gobierno, cansados, estaban ansiosos de retomar las armas.

Los liberales acusaban a Amador de ‘dictador' y al partido Constitucional, formado a finales de 1904 por allegados a este, de pretender acabar con la oposición y funcionar como partido único.

El mismo Belisario Porras, integrante de la delegación, había sido despojado de sus derechos de participación política tras las elecciones municipales de 1904, en las que había resultado el más votado del país. El Órgano Judicial panameño había tomado esa decisión en base al supuesto delito de no participar en los hechos del 3 de noviembre de 1903 y no aprobar la independencia.

‘Nosotros representamos a la mayoría de los votantes panameños, pero el partido gobernante está haciendo todos los esfuerzos para retener el control de la maquinaria gubernamental. Han manipulado las lista de votantes para dejar por fuera a un número elevado de simpatizantes de la oposición', denunciaron.

‘‘(La oposición) ve con dolor el dinero americano fundirse en las manos del actual gobierno y teme no encontrar nada cuando le toque el turno... De aquí el descontento general. Se acusa al gobierno de no preocuparse más que por sus familias y amigos, en detrimento de las promesas hechas, y es cierto que si el gobierno no prepara bien las elecciones de 1906, estará en desventaja'. '

FRANCISCO MOET, ENCARGADO DE NEGOCIOS DE FRANCIA EN PANAMÁ

Según los mismos liberales, el gobierno les había impuesto la etiqueta de ‘rebeldes', a lo que ellos respondían que era parte de la forma de hacer política: ‘Nosotros somos rebeldes hoy. Mañana el otro partido será considerado de la misma manera. Deseamos evitar esta condición, que ha hecho tanto daño en otras repúblicas. Queremos una elecciones justas. Si nos ganan, estaremos de acuerdo con los resultados', dijeron.

LO QUE PEDÍAN

Los secretarios Root y Taft recibieron a la delegación panameña con extrema amabilidad por su condición de ‘prominentes ciudadanos panameños'.

En concreto, los estrategas del Partido Liberal alegaban que no habría elecciones justas si el gobierno panameño no se veía obligado a hacerlas. Por eso, pedían a Estados Unidos nombrar un grupo de siete representantes desinteresados, uno por cada provincia, que aseguraran la legalidad y pureza de los comicios.

No obstante, la posición del gobierno de Estados Unidos era que el plan sugerido sería ‘una violación a la independencia panameña'.

‘El día en que el gobierno de Estados Unidos nombre a ciudadanos de este país como agentes suyos en territorio de la pequeña república panameña y los pague de su Tesoro y les dé instrucciones para intervenir en cualquiera de los debates del derecho electoral o del derecho civil que tengan los ciudadanos panameños, que lo resuelvan por sí y ante sí, ese día habréis perdido vuestra soberanía', diría el secretario de Estado, según relatara Porras en su folleto ‘Una lección de civismo'.

A cambio, Root se ofreció asignar al gobernador de la Zona del Canal, Charles Magoon como ‘testigo confidencial', para observar las elecciones y, si se presentara la ocasión, transmitir al gobierno panameño sus consideraciones.

CRÍTICAS

Aunque en Panamá muchos criticaron la postura de los liberales, a la que tacharon de ‘poco patriótica', lo cierto es que la ‘soberanía' panameña era entonces bastante difusa.

Según el tratado Hay Bunau Varilla, la existencia de la República estaba ‘garantizada' por Estados Unidos; además, el mismo tratado le daba derecho a esta potencia extranjera a expandir la Zona del Canal a criterio, según lo considerara necesario para el manejo del Canal.

Por su parte, la Constitución Política de la República de Panamá, debatida y aprobada por panameños, autorizaba, en su artículo 136, a Estados Unidos intervenir para restaurar el orden público.

En la práctica, el país había cedido las decisiones en cuestiones de salud pública al Departamento de Sanidad de la Comisión del Canal, liderado por el doctor William Gorgas y se dejaba asesorar en innumerables cuestiones por los funcionarios de la Zona. .

LAS ELECCIONES

El 24 de junio, mientras los panameños acudían a las mesas de votación, dos acorazados estadounidenses se mantenían en estado de alerta cerca de las aguas panameñas.

El presidente Roosevelt había advertido que no toleraría acciones que pusieran en peligro la construcción del Canal.

El ‘Columbia', en el Mar Caribe, portaba 400 marines.

El ‘Marblehead', cerca de la bahía de Panamá, llevaba un número similar. Además, desde la Zona del Canal, 200 marines y policías aguardaban órdenes.

Durante las primeras horas, los comicios se desarrollaron tranquilamente. El gobernador Magoon, acompañado del jefe policial de la Zona del Canal, el capitán George Shanton, y el alcalde de la ciudad de Panamá, Nicanor de Obarrio, circulaban entre las mesas de votación. Los tres intentaban evitar problemas entre los bandos.

Mientras, cientos de votantes se mantenían en el área de Santa Ana -donde se concentraban la mayoría de las mesas de votación-, cerca de las cantinas, para esperar los resultados.

Hacia las cuatro de la tarde estallaron los disturbios: un intento de secuestro de unas cajas de votos llevó a una pelea callejera en la que se sacaron cuchillos y palos.

La policía se lanzó a la Avenida Central a sofocar los disturbios, de los que resultaron 30 heridos, tres muertos y 20 liberales heridos.

A las 6 de la tarde, el orden se había restaurado, pero los estadounidenses en ambos lados de las costas panameña permanecían en estado de alerta.

Pocos días después, fueron anunciados los resultados oficiales: el Partido Constitucional había triunfado en la ciudad de Panamá y las provincias de Coclé, Veraguas y Chiriquí. Los liberales adujeron fraude.