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16 de Oct de 2019

Nacional

Hermana de  Gallego rechaza conspiración Torrijos-McGrath

Según la confesión de Noriega, al sacerdote  se le dio una brutal golpiza que le fracturó el cráneo y fue rematado para que no sufriera más.

Edilma Gallego, hermana del sacerdote colombiano Héctor Gallego Herrera, desaparecido el 9 de junio de 1971, cuando varios militares llegaron a su vivienda, en Santa Fe de Veraguas, y lo secuestraron, rechazó que existiese una conspiración entre el entonces obispo de Veraguas, Marcos Gregorio McGrath, y el comandante de la Guardia Nacional, Omar Torrijos Herrera, para sacarlo del país y así librar al campesinado santafereño de su influencia .

Estas revelaciones fueron vertidas en una entrevista exclusiva que otorgó al periodista Atenógenes Rodríguez, de Telemetro Canal 13, ayer martes.

Edilma, que a la sazón solo contaba con 12 años, dijo que pudo conversar  varios años después con monseñor McGrath, quien, ya muy enfermo le aseguró que nunca hubo antipatía de su parte  hacia el joven cura, de quien fue su confesor,  pues Héctor era un hombre transparente y de una profunda espiritualidad, siempre leal a su Iglesia.

Agregó que tras su desaparición estuvo interesado en traer al país a unos investigadores del extranjero para que averiguaran cuál había sido su paradero, pero los militares no se lo permitieron.  Con ello, la hermana de Héctor dijo no darle fe a la versión del mayor (R) José Hilario Trujillo, quien aseguró que McGrath le pedía que le revocaran la visa para que no viniera más a Santa Fe.

Se nos fue la mano

Edilma también contó que en una entrevista realizada por la periodista Julia Elena Alvear, una dama le había confesado al arzobispo McGrath que en una visita a la casa del coronel retirado Roberto Díaz Herrera escuchó cuando el coronel, hablando con alguien por teléfono, afirmaba que con Gallego “se nos fue la mano”, refiriéndose al maltrato inferido al sacerdote, lo cual casi le había causado la muerte.

El tétrico Motor Pool

En 1999, a raíz de que corrían versiones de que habían aparecido restos humanos, y que probablemente eran de Héctor, ella voló a Panamá para investigar su paradero.  Fue a visitar al teniente coronel Nivaldo Madriñán, preso en el penal de El Renacer, para conocer el paradero de los restos. Este, al igual que el sargento Melbourne Walker,  con quien también conversó, le confesó que los huesos de Gallego estaban enterrados en el área del Motor Pool, en el Cuartel de Tocumen.

Madriñán, que falleció en 2008, le indicó que quienes habían ido a buscar al cura habían sido hombres de la compañía Macho de Monte,  comandados por el capitán Heriberto Del Cid y un tal “Flaco” Espinosa. Y que si eso era así, entonces su reclusión era injusta; que debería hacerse una prueba de ADN para corroborar  la identidad de los restos. Al final, dijo que dudó de la versión de Madriñán y prefirió esperar y tratar de abordar al mismo Noriega.

Noriega, el más acusado

Dado que ni la Comisión de la Verdad pudo esclarecer la suerte de su hermano, ella acudió al general retirado Rubén Darío Paredes, quien la remitió a Noriega, como sabedor de la verdad, al igual que ya lo había responsabilizado  el coronel retirado Roberto Díaz Herrera.

Viendo que no hallaría la verdad más que en el otrora hombre fuerte de Panamá, en ese momento ya detenido, la dama contó que logró conversar en El Renacer con el exgeneral Noriega, sobre el destino final de su desaparecido hermano.

Familia de terratenientes

Durante su diálogo con el dictador, ella insistió en que le dijera la verdad, y el militar le respondió con un interrogante:  ¿Acaso el  padre Gallego se metió con mi familia? El padre no se metió con mi familia. Él se metió con la familia del general (Torrijos) y con la familia de Díaz Herrera. Esto avivó aún más la llama de curiosidad, ya que eran cabos sueltos que no lograba atar.

Pero esa no sería la primera ni la última vez que vería a Noriega para tratar el tema. Con la mediación de la periodista Julia Elena Alvear, Edilma Gallego volvió a visitar a Noriega en 2015 para intentar que fuera explícito y calmara su sed de verdad.

El viejo exdictador, quebrantado en su salud, le reveló la insistencia de Moisés  Torrijos, hermano del extinto general Torrijos, de deshacerse del curita colombiano, a quien acusaba de provocar a sus familiares en Santa Fe, por lo que había que sacarlo del país.

La solución final

En síntesis, Noriega le confesó que el Estado Mayor de la Guardia Nacional tomó la decisión de retirar por la fuerza a Gallego, ante la insistencia de la familia de Torrijos. La orden de traerlo desde Santa Fe a Santiago la dio el entonces mayor Madriñán y la ejecutó Walker. El drama final se suscitó en el trayecto a Santiago, ya que forzarlo a subir al vehículo lo hicieron con tal brutalidad que se golpeó un costado a ser lanzado contra el carro, por lo cual se partió una costilla, la cual le interesó el pulmón izquierdo. Esto, indudablemente, le provocó una hemorragia.

A ello se sumó la terrible golpiza  que le propinaron en una casa, lo que le ocasionó la fractura del cráneo hasta dejarlo inconsciente y medio muerto. Edilma asegura que Noriega le reveló que al conocer de este suceso el general Torrijos ordenó traerlo a la capital, pero ya era tarde; Gallego estaba casi muerto, por lo que se ordenó darle un tiro de gracia para evitar mayor sufrimiento.

¿Dónde están sus restos?

Sus restos, finalmente, fueron desaparecidos y su ubicación sigue siendo un misterio hasta el presente, toda vez que los huesos encontrados en el Motor Pool de Tocumen correspondieron al sindicalista Heliodoro Portugal.

Otras versiones más atroces han corrido desde entonces. La más trillada es que se le lanzó al mar desde una avioneta, para no dejar rastros de la brutalidad de la que fue víctima, por una familia de terratenientes que le vieron como una amenaza para sus intereses.