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18 de Oct de 2019

Nacional

La anomia institucional como crisis política

La anomia institucional que padecemos está asociada a la crisis del régimen democrático presidencialista que sirve de soporte a un orden político agotado

Si algo caracteriza el actual período político, esto se llama corrupción, la propia y la heredada. La corrupción tiene la ‘virtud' –se podría decir—, de condensar múltiples contradicciones en un momento histórico social y por eso es un objeto político de la acción política. Interesa el carácter estratégico de la lucha anticorrupción, porque es una lucha contra un sistema de creencias, de ideas y de prácticas que no solo están a nivel individual, también están a nivel de la cultura y de las instituciones. Es una lucha política en un doble sentido: permite oponerse a acciones que incrementan privilegios, amplían desigualdades y profundizan relaciones de poder. Permite también, vincular las voluntades y aspiraciones ciudadanas con un proyecto de sociedad fundada en la inclusión.

Los últimos escándalos de corrupción describen a través de un entramado de actores y de relaciones, una cartografía de vínculos y contradicciones, cuyas acciones sociales están orientadas al objetivo nada altruista de generar transacciones privadas en el espacio público: ejemplos, la relación de actores privados contra el estado (Odebrecht—Blue Apple; CSS); la relación de funcionarios públicos contra la ciudadanía (la coima institucionalizada); la relación de actores políticos institucionales contra el propia estatalidad (Asamblea Nacional y partidos políticos); las relaciones de estos actores políticos institucionales contra las diversas asociaciones ciudadanas (diputados y políticos en las asociaciones deportivas); etc.

Todas estas tramas de relaciones y acciones de naturaleza ilícita, ilegítima y encubierta, aportan al tejido de una telaraña que tiende a disolver las bases sociales e institucionales de la sociedad panameña. Pareciera que no hay nada en este país que no esté orientado a sacarle dividendos privados a cualquier acción social que se desenvuelva en el espacio público. Se podría decir que la matriz comercial, financiera y de empresas de papel que soporta el sistema político y económico, está atravesado por relaciones de fuerza transaccionales cuya naturaleza por definición es de corrupción, al ser ella una práctica clandestina.

Esta práctica produce contradicciones en el espacio vital de las relaciones sociales: ya sea porque genera y estimula antivalores —individualismo extremo e insolidaridad—, o porque resquebraja las bases materiales e ideológicas de la economía de mercado que promueve en teoría, competencia perfecta y transparencia. La realidad es que toda la teoría económica e ideología neoliberal como su práctica, es parasitaria de la corrupción.

LA ANOMIA

Sin duda que estamos frente a un aumento del interés de nuestra población sobre los temas de corrupción política. Interés que se ve acompañado por una justificada indignación. No obstante, el fenómeno de la corrupción se ha incrementado de manera exponencial en los últimos años, sin que estos hechos de corrupción tengan una acción decidida por parte del aparato judicial.

Si bien la corrupción es un fenómeno transversal a las épocas y a diversos sistemas políticos, la reflexividad crítica en busca de una sociedad inclusiva y la indignación resultante que genera dicho fenómeno hoy, ha hecho que los límites de lo aceptable y de lo tolerable vayan cambiando con el tiempo. No obstante está, el ‘roban pero hacen', ‘el que no da no va', ‘que hay pa'mi', etc., frases que tiene un contenido social-cultural y expresan una aceptación del fenómeno; aceptación pasiva o activa que es la manifestación de una sociedad que exhibe manifestaciones de anomia.

La anomia es un concepto acuñado por el sociólogo francés, Émile Durkheim (1858-1917) para caracterizar una modalidad de crisis social que se produce, cuando la sociedad es incapaz de integrar a los individuos y de regular sus comportamientos acorde a una estructura de valores y normas. Por supuesto que en esta perspectiva, la estabilidad del orden dependerá que las instituciones de la sociedad tenga la ‘fuerza' normativa y coercitiva para integrar y regular a los individuos. La pérdida de esa ‘fuerza' o capacidad tiene consecuencias devastadoras para la convivencia y de ella surge el concepto de conducta anómica, una conducta carente de referente normativo. La anomia expresa también, la crisis institucional de la propia sociedad.

ANOMIA E INSTITUCIONALIDAD

No obstante, hemos planteado que sociológicamente es la disfuncionalidad deliberada de nuestras instituciones estatales la que dispone que la inversión en política anticorrupción se transforme en una cuestión de rendimientos decrecientes en el cumplimento de aquellos objetivos de naturaleza pública orientados a erradicar el interés privado y a fomentar al bien común. La relación entre anomia e institucionalidad tiene que ser entendida en un doble sentido.

Por un lado, la anomia institucional diluye los objetivos para la cual fue creada la institucionalidad pública, deslegitimándolas frente a la sociedad y debilitándolas ante cualquier acción que tienda a erradicar el interés privado del espacio público. Por el otro, la anomia institucional permite que este flagelo se reproduzca y profundice, al no existir mecanismos de control efectivos que logren contenerla. Si bien esta relación se cristaliza más claramente en los casos de gran corrupción, la pequeña corrupción cumple un rol fundamental en la erosión paulatina - pero constante - de las instituciones. Ambas, dificultan la gobernabilidad al debilitar las estructuras estatales y profundizar la deslegitimación de las elites políticas.

LA PERSPECTIVA SOCIOLÓGICA

Desde la perspectiva sociológica de Durkheim, el comportamiento anómico sería la resultante de la ausencia de restricciones a las acciones individuales, ante la carencia de normas e instituciones que regulen dicho comportamiento. Durkheim sostendrá la importancia de una fuerza externa al individuo facultada para imponerle limitaciones y orientar sus acciones para lograr su colaboración con los valores culturales de la sociedad. Esta fuerza externa es de naturaleza institucional.

Enfoques contemporáneos como los de Robert Merton, han colocado a la anomia como resultado de un proceso de desarticulación social y cultural de la sociedad, debido a profundos procesos de transformación en su organización social, en el cambio social de una sociedad tradicional a una moderna. Esto ha propiciando una desorganización en los marcos de referencias normativos y culturales considerados como legítimos y el consecuente desfase con los medios para alcanzarlos. El trabajo y la educación no constituyen ahora los medios adecuados y legítimos para la realización socioeconómica.

COROLARIO FINAL

La anomia institucional que padecemos está asociada a la crisis del régimen democrático presidencialista que sirve de soporte a un orden político agotado. Esta crisis es también por extensión, una crisis del concepto de democracia, de confianza en la política y de representatividad o legitimidad en las instituciones. La corrupción como una manifestación de la anomia institucional, lo que hace es condensar múltiples contradicciones en un momento histórico donde la desigualdad social y regional, la pobreza, la inseguridad ciudadana y las faltas de oportunidades educativas buscan salida también.

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