La Estrella de Panamá
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14 de Oct de 2019

Nacional

Pintar uñas también es un arte

Más allá del sustento que brinda el oficio de pintaúñas, es una expresión de la imaginación, de una creatividad ágil e ingeniosa que se puede realizar con colores vivos y trazos curvos

En una tarde lluviosa, en el corregimiento de Ancón, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), se presentaron diferentes manifestaciones populares de la etnia negra. En el segundo piso, sentada en un silla de metal chocolate, la cabeza gacha, está Kaína Cáceres observando meticulosamente lo que plasma en las uñas de la joven sentada frente a ella. Las personas a su alrededor elogian las banderas, vestidos y trofeos de la ‘Banda Internacional El Hogar', que cuelgan en toda la sala. A su costado, está otra pintaúñas: ‘la Mella', como la apoda Kaína.

—¿Cuál es el precio por pintar?, preguntan curiosas las visitantes del museo.

—Tres dola', contestan Kaína y ‘La Mella', convenciendo a las mujeres de que se modifiquen las uñas.

También decidí hacérmelas con Kaína. Al igual que su arte, ella llamaba la atención por su colorido atuendo. Tenía puesto un vestido ceñido color fucsia, el cual resaltaba sus pronunciadas curvas y su piel negra. Hacía juego con sus uñas, que no estaban pintadas como acostumbra diseñar para sus clientas, quizás para no dañárselas al manipular acetona y otros químicos. Su rostro no refleja la edad que aparenta su cuerpo: tiene los rasgos de una joven de 24 años, labios grandes color rojo escarlata, más encendidos que el fuego y que combinan con su tinte de cabello. Al momento de hablar lo hace con una voz aguda, acompañada de muecas, permitiéndole a quien se acerque reconocer su corta edad.

Kaína explica que esta profesión la heredó de su madre, Karol. Ella ya lleva 20 años pintando uñas en El Chorrillo, donde viven ambas. Kaína, en cambio, lleva solo 9 años, pero se ha convertido en toda una experta. Se formó en los puestos ambulantes instalados sobre las aceras de Calidonia. Por eso, para ahorrar tiempo, en este proceso no se acostumbra remojar las manos en agua como comúnmente se hace en los salones de belleza. Las clientas de las pintaúñas prefieren que se las pinten sin mucha complicación, dejando que solo limen y empiecen a pintar. Con mis uñas demoró seis minutos. Al iniciar puse las manos sobre una tabla rectangular como soporte, porque en ese momento no tenían una mesa de apoyo; en los dedos índice, corazón y meñique utilizó un color rosado como base, luego la punta la pintó de color verde y sobre esta hizo líneas horizontales de color blanco con dos líneas curvas negras; en el centro de estas, una línea curva dorada; y en el pulgar y anular dibujó una flor blanca con rayas curvas negras y doradas. Era la misma velocidad con la que aprendió a pintar en la calle, pero lo hace ahora dentro de un museo. Y su trabajo es una obra de arte que se va en las manos de cada clienta.

SU DÍA A DÍA

De lunes a viernes, la faena de Kaína se inicia a las siete de la mañana. Desde ese momento, abre sus puertas el Mercado de las Américas, ubicado en la vía principal de Calidonia, frente a la parada de buses de la ruta Albrook-5 de Mayo y justo al lado del famoso supermercado ‘El Machetazo'. Es un área que siempre está atiborrada de personas, pero eso no significa que siempre haya gente pintándose las uñas. ‘Entre la semana atiendo a cinco o seis clientes, dependiendo, hay días que me voy sin pintar, es más difícil porque como (el local) está metido, la gente no sabe dónde es', dice la artista.

Trabaja específicamente en el segundo piso del mercado, donde se encuentra todo tipo de quioscos que antes estaban en las aceras de Calidonia. Ahora cada vendedor tiene su puesto, todos son de color blanco fabricados con láminas de acero y enumerados para un mejor orden. No solamente hay quioscos de belleza, sino también de zapatería, comida, artesanía y otros. Es una oportunidad de emprendimiento que les concedió la Alcaldía de Panamá para demostrar formalmente su talento. Así como ella, hay 21 mujeres pintaúñas que ahora tienen su local. Para ellas más que un arte, es su trabajo, considerando que deben llevar el sustento de sus hogares y teniendo en cuenta que es lo que han hecho desde muy jóvenes.

Kaína admite que no logró terminar sus estudios por desidia. Se quedó en cuarto año, pero aún tiene como meta culminar el colegio. Solo está esperando que sus hijos entren a la escuela y así le dé tiempo de finalizar lo que una vez empezó. Es complicado decidirse qué licenciatura tomará en la universidad, confiesa, porque ‘muchas veces uno se mete a una carrera y termina en otra'.

Como toda persona, siempre ha tenido experiencias buenas y malas. A lo largo de sus 9 años pintando, Kaína pensaba cuál había sido esa experiencia que le marcó la vida. Había una señora que se pintaba las uñas con La Mella y ella no estaba, por eso ella aceptó atenderla. La clienta quería un corazón y Kaína se lo hizo ‘normal, como se hace en las uñas'. Pero al pintárselo la señora le reclamó que ‘eso no parecía un corazón'. ‘Entonces ahí le dije que si quería que se lo hiciera con los tubos y con las venas, preferí pararme y la dejé ahí', recuerda.

Además de esta experiencia, Kaína no olvida la que tuvo en el museo con el famoso candidato Alfredo Belda. ‘El señor que se pintó las uñas fue el que se desnudó en el Tribunal, él me dijo que se las pintara de negro con una calavera y se lo hice, entonces él creía que era gratis y se fue parando, pero yo le dije ‘¡bello, son 3 dola'!' Y me los pagó'.

ARTE QUE MIGRÓ DE LAS CALLES AL MUSEO

Las pintaúñas fueron invitadas al evento como parte de la exposición ‘Los Rebeldes - La Tradición In(di)visible' que se realiza por todo el mes de mayo, dándole méritos a la etnia negra por luchar contra la esclavitud y mostrar que su arte va más allá de una simple moda. La decisión fue tomada por un gremio organizador, que cuestionaba ‘por qué lo urbano no es considerado como arte'.

‘Cuando nos sentamos a pensar que el MAC hacía una alianza con el Festival África en América, tuvimos una reunión para planear cuáles eran las expresiones creativas que nosotros sentíamos que no estaban siendo reconocidas como parte del arte popular y ahí surgió el tema, que estas señoras que trabajan en el Mercado de las Américas hacen eso todos los días. Realizan una expresión artística que comparten con las personas de la ciudad y por eso ellas están aquí hoy', dice Alexandra Schjelderup, directora de Cultura de la Alcaldía de Panamá.

Más allá del sustento que tienen, es una expresión que plasman en las uñas de acuerdo a su imaginación, teniendo una creatividad ágil e ingeniosa que puede realizar con colores vivos y trazos curvos.

‘Fueron escogidas por la peculiaridad de este arte que no se resalta, siendo supercreativa, es bien ocurrente, tiene mucha capacidad de colorido, de fuerza y, lo más importante, de ingenio improvisador', explica Adrianne Samos, curadora del museo.

Unos meses antes de que las pintaúñas fueran invitadas al MAC, en Madrid, Samos, junto al pintor Julio Zachrisson y el artista Humberto Vélez, llegaron a la conclusión de que la tradición panameña es muy rebelde y pensaron en una exposición que incluyera esta característica. El hilo conductor sería lo afropanameño: todo más o menos seguía esa línea, esa influencia rebelde, desde los cimarrones hasta nuestros días; un movimiento fuerte, sensual, desafiante, pero lleno de alegría en torno a la fiesta y se dieron cuenta que mucho de eso es conocido por ciertas comunidades, pero no como ‘arte (en mayúscula)'.

Por un lado, se cree que el racismo ha sido un problema para no explotar aquel arte que se aprecia en las comunidades y que no es reconocido como tal, aunque son expresiones que se plasman de igual manera, como el arte de pintar uñas. Otro ejemplo, añade Samos, son los indios de Pueblo Nuevo, ‘una expresión que no solamente no se considera arte' sino que ‘peor aún, está prohibido que la gente de estos barrios se pinte la cara, o sea eso es un obvio atentado racista contra un patrimonio cultural'.

Ser afrodescendiente nunca fue problema para Kaína. Es una mujer de mucho carácter y sabe representar muy bien sus rasgos, no se deja influenciar por corrientes negativas y menos por comentarios que pueden afectar su comunidad. Orgullosa de pertenecer a esta cultura, plasma la esencia renovada sin perder los trazos originales.

‘El arte que realizan, no es considerado por muchas personas como tal, pues (están) acostumbradas al mito por el ingenio de un artista que está sólo y que tiene ideas inspiradas en las musas o en un no sé qué y no lo que viene de la sociedad y del tema de lo popular', comenta Samos, detallando que lo popular en Panamá no se ha valorado como un arte.

Ir al museo era considerado para estudiosos o personas que se forman en el ámbito del arte. Esta vez, comentan, se han roto reglas estéticas, convencionales e intelectuales que han logrado llevar el arte popular más allá de lo que muchos ven como ‘callejero'.