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19 de Jan de 2021

Nacional

Díaz Herrera recomienda a los agentes de la policía trotar más y comer menos grasas

El coronel retirado de las antiguas Fuerzas de Defensa hace un balance de los estamentos de seguridad pública y recuerda episodios que vivió al lado de Omar Torrijos Herrera, cuando éste gobernaba el país

Díaz Herrera recomienda a los agentes de la policía trotar más y comer menos grasas
Roberto Díaz Herrera se opuso al régimen de Manuel Antonio Noriega.

El coronel retirado Roberto Díaz Herrera habla sobre el papel de los estamentos de seguridad y le recomienda a los agentes de la Policía Nacional comer menos grasa.

¿Cómo califica usted a la fecha el estado general de la policía y los estamentos de Seguridad?

¿En qué aspectos específicos?

La capacitación profesional en las labores de cada estamento.

Me parece que en los estamentos como el Senafront (Servicio Nacional de Frontera) y el Senan ( Servicio Nacional Aeronaval) es bastante buena, profesionalmente, para sus labores de seguridad en los aspectos que cubren. En cambio, a la Policía Nacional la encuentro muy débil en relación a los aspectos profesionales de índole policial, además de la evidente falta de entrenamiento físico, que les proyecta una imagen a nivel nacional, a los ojos de los agregados militares o policiales en el país y los medios de comunicación muy deplorable. Les falta condición física a los de arriba y cuando es así, no se le puede exigir mucho a los del medio y abajo, porque no hay autoridad moral ni profesional para hacerlo.

En el caso de la Policía Nacional, ¿qué cree que le falta más?

Más trote físico en todos los niveles, y tal vez comer menos grasas y tener ayuda de nutricionistas... Pero además, y lo más importante, necesitan más esencia policial, investigación criminal, inteligencia policial, meterse dentro de las pandillas, prevenir socialmente en las comunidades antes de que los muchachos, por pobreza y falta de vigilancia paterna, ingresen al delito. La famosa ‘labor comunitaria' no está funcionando; somos demasiado trasiego y ya consumidores importantes de las drogas calientes. Y estas están desde el Club Unión hasta El Chorrillo, o barrios más pobres. Es un tema mundial. Hay que hacer énfasis en lo técnicamente policial, como la criminalística, criminología, sociología del delincuente, balística, dactiloscopia, etc. Y otra vez, trote, física.

En los años ochenta, ¿cuántos altos jefes integraban el alto mando o Estado Mayor?

Entre coroneles de tres estrellas y tenientes coroneles, una docena; claro, el país tenía la mitad de la población de hoy, unos dos millones, si acaso.

¿Cuántos cree usted que integran la actual cúpula de la Policía y los otros estamentos de seguridad?

Creo que es difícil contarlos. Ya lo que hay no es ‘una pirámide', más bien un rectángulo en vertical. Y eso, sí o sí, tiene que ocasionar un malestar grueso en los mandos medios y bajos de la oficialidad, y en la tropa. Se forman los cuellos de botella y se estancan los ascensos realmente necesarios y motivadores para un buen trabajo.

¿Y cómo encuentra los salarios y jubilaciones fastuosas de hoy en los altos jefes?

Es cuasi violatorio de la norma constitucional, que dice ‘no habrá fueros ni privilegios'; ‘se han formado castas', que Omar Torrijos jamás permitió. Ni él, cuando trataron de filtrarle un ascenso a general de división, lo aceptó. Lo rechazó iracundo.

¿Nos explica eso último?

Un día, por el año 1979, al llegar a su despacho, y siendo yo su asistente, me increpa: ‘¿Tú estás metido en esa vaina?'. No entendí. A solas lo tuteaba: —¿Cuál vaina, no te entiendo Omar? ‘Ese invento que salió de aquí, yo no soy pendejo, que en la Asamblea hay un proyecto que quieren aprobar; dizque hacerme general de división, porque no puedo ir a reuniones internacionales como general de brigada, porque casi todos en Latinoamérica son de división. ¡Anda y para esa vaina enseguida!'. Llamé a Camilo Gozaine, que era el presidente de la Asamblea. Y en efecto, habían enviado del Estado Mayor dicho proyecto. Le hice que me lo enviara enseguida y se lo entregué a Omar. Lo leyó, lo rompió y me agregó: ‘Creen que me van a joder, me hacen general de división, para que luego surjan un par de generales de brigada; chaqueta, a mí no me hace falta rango nuevo; yo hablo con mandatarios aunque por rangos me sienten en la cuarta fila, me importa un carajo. Aquí mientras yo estoy solo habrá un solo general y de brigada'. Omar fue siempre enemigo de formar castas.

Finalmente, ¿por qué cree usted que hoy pasa ese grosor de la pirámide en lo alto y lo de los salarios desproporcionados frente a profesores, médicos y otros profesionales?

Lo atribuyo, aunque puedo equivocarme, a dos cosas principales: ‘engreimientos presidenciales de los últimos gobiernos' y ‘mieditis de golpecitis'. Y ya los golpes de cuarteles están ‘old fashion'.