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16 de Jan de 2020

Nacional

9 de enero, momento constitutivo de la Nación

Serán sus condiciones materiales de existencia las que la sociedad panameña enfrentará en procesos que articularon tempranamente la cuestión social a la lucha por la total soberanía estatal nacional

Monumento a los mártires. Al fondo, el Instituto NacionalArchivo | La Estrella de Panamá

Inscrita en distintas tradiciones (M. Bloch: historia; G. F. Hegel: filosofía; A. Tocqueville: Política), la categoría “momento constitutivo” tuvo diferentes derivas analíticas. No obstante, fue el sociólogo boliviano René Zavaleta M. (1937-1984) quien la desarrolló como una categoría orientada a la comprensión de nuestras sociedades latinoamericanas, desde una visión que no podía prescindir de la historia. Se trata de recuperar un tiempo histórico que nos remita a un punto de inflexión, a un punto de origen, desde donde los procesos se extienden y se comprenden: ese es el contenido analítico del “momento constitutivo” (Zavaleta).

Desde esta perspectiva, la recuperación de un hecho histórico como “momento constitutivo” es dominar el pasado para comprenderlo, no para deificar acontecimientos; sino para explicar procesos históricos que nos caracterizan como sociedad: El 9 de enero de 1964 entra en esta categoría. Es el hito histórico que explica un modo de ser en la sinuosa y problemática construcción del Estado y la Nación panameña. Identificar el “momento constitutivo” es ir a un acontecimiento que —por lo portentoso—, es fundacional de otros procesos que hicieron posible apuntalar una precaria condición nacional. En lo metodológico, “analizar es, de dónde viene este modo de ser de las cosas: las razones originarias.” (Zavaleta).

La dialéctica nacional

En 1957, Roque Javier Laurenza (1910-1984) manifestaba en una conferencia: “El problema de la nación panameña consiste, nada más ni nada menos, en que la nación aún no es problema para los panameños”. Con todo, Laurenza pensaba que la nación es una objetivación de la conciencia y expresión de valores descubiertos por ella (la cultura); haciendo descansar el obstáculo de esa revelación en una “maquinaria gnoseológica defectuosa” de nuestras clases dirigentes. Sin embargo, una construcción problemática correctamente planteada, sucumbe ante el método. Es aquí donde los individuos reales, sus acciones en sus condiciones materiales de existencia desaparecen como premisa científica explicativa. (Marx)

Será a partir de sus condiciones materiales de existencia que la sociedad panameña enfrenta en procesos conflictivos, tramas históricas no resueltas que articulan tempranamente la cuestión social a la lucha por la total soberanía estatal nacional. Se podría decir, también, que son las luchas por la soberanía nacional las que desencadenarán procesos en torno a la legitimidad de la representación política y la desigualdad social.

A lo largo de nuestra historia, las distintas formas de dominación –tanto institucionales como culturales— que se organizan alrededor de la construcción estatal y sus bloques de poder, estarán atravesadas tanto por la presencia colonial estadounidense como por los asedios que desde la sociedad civil y desde lo popular realizan los diversos movimientos sociales y políticos.

“El problema de la nación panameña consiste, nada más ni nada menos, en que la nación aún no es problema para los panameños”
ROQUE JAVIER LAURENZA
ESCRITOR

Es en este contexto colonial y neocolonial, donde lo social, lo democrático y lo nacional se articularán de manera desigual, pero sirviendo de soporte matricial a las diferentes propuestas programáticas de naturaleza contra-hegemónica de diversos actores: obreros y artesanos, maestros y estudiantes, profesionales y capas medias. Será esta particular realidad del movimiento histórico social de la sociedad panameña, donde el 9 de enero de 1964 se inscribirá como un “cambio cualitativo del modo de estar y pensar de los hombres en un determinado momento” (Zavaleta).

Condiciones materiales y clases

En nuestro país, la construcción institucional, la integración territorial y comercial (conectividad), los soportes jurídico-políticos a la organización económica (reproducción de relaciones de producción) y los sentimientos de pertenencia e identidad nacional, se desarrollaron de manera compleja.

Por un lado, los antagonismos entre clases y grupos sociales tuvo a lo largo de nuestra historia distintas expresiones y denominaciones: burguesías comerciales, terratenientes y casatenientes versus arrabal, artesanos, pequeñas burguesías urbanas y agrarias en la “primera fase” republicana y a la que corresponde un expresión básica del Estado: el “Estado oligárquico-liberal restringido” (1903-1936).

En ese período, la cuestión social se instala con la huelga inquilinaria de octubre de 1925, evento social que profundiza la cuestión nacional con la invasión estadounidense de ese año (12 de octubre). Estos eventos tendrán repercusiones en la orientación del golpe de Estado del 2 de enero de 1931, cuyo protagonista es el movimiento Acción Comunal. Esta organización de corte nacionalista estará configurada por sectores de la pequeña burguesía y capas medias, y se constituye en bastión de lucha contra el Tratado Alfaro-Kellogg (1926) por considerarlo lesivo a los intereses del país.

Por otro lado, tenemos una “segunda fase” que se despliega entre 1937 hasta la crisis de 1968 y tiene como organización política dominante a un “Estado oligárquico-liberal ampliado”. A finales de la década de los cuarenta se reconfigura la estructura de clases y con ello la naturaleza de los conflictos.

Entra en escena a la par de las clases oligárquicas tradicionales (comerciantes, terratenientes y casatenientes) y clases subalternas históricas, una primaria burguesía industrial. Igualmente se instala un proletariado cuyo proceso de configuración es por primera vez estrictamente nacional. Es la ampliación del bloque de poder y el conjunto de reformas sociales, lo que le da a la dominación oligárquica una expansión que se dilatará hasta finales de la década de los sesenta, mediante un “reformismo prudente y escalonado” (V. Ávila).

A finales de la década de los cincuenta, los conflictos y las movilizaciones escalan en intensidad, se multiplican, se hacen extensivas social y políticamente y penetran sobre todo, la matriz básica de la organización socioeconómica de la sociedad panameña.

9 de enero como momento constitutivo

Detrás de los estallidos sociales siempre están contradicciones acumuladas. En 1963 se llega a un acuerdo con los Estados Unidos para izar la bandera nacional en 15 sitios públicos de la “Zona del Canal”, “acuerdo cuyo objetivo era dar la imagen de que ambos países compartían en cierta medida responsabilidades en la llamada Zona del Canal”. El rechazo y la posterior agresión sufrida por los estudiantes institutores de parte de las autoridades y civiles “zonians”, es el detonante de una movilización nacional que tiene los ribetes de una generalizada insurrección: el desenlace son tres días de enfrentamientos, 21 muertos, 300 heridos, y el rompimiento de relaciones diplomáticas entre Panamá y Estados Unidos.

El 9 de enero de 1964 es un parteaguas, es el “momento constitutivo” que se instala en el imaginario sociopolítico de la sociedad panameña y actúa como bisagra histórica; pero también como un cambio cualitativo en el estar y pensar colectivo. Como “momento constitutivo” no puede ser entendido sin los antecedentes socio-políticos que generaron una acumulación explosiva; y hacia adelante, nada puede ser comprendido sin él. En ese sentido, este suceso como acontecimiento portentoso —como afirmación soberana total—, tiene la particular característica de estremecer a la sociedad en todo lo que queda de la década de los sesenta, potenciando la crisis político-institucional de 1968 en crisis social integral.

El 9 y crisis oligárquica

Es el desprestigio de los partidos e instituciones políticas que se crearon y se desarrollaron en las dos fases del estado oligárquico las que llegaron al límite en su capacidad de reproducción social, en 1968. Esta crisis es la que abre el espacio al golpe militar y a la instauración de un modelo de dominación que durará, pese a sufrir transformaciones internas, 21 años.

El golpe de Estado llegó al impulso de un complejo de contradicciones económico-sociales no superadas, propias de su condición estructural de sociedad dependiente, y en ella la no resuelta cuestión nacional. Ricaurte Soler (1932-1994) caracterizó el régimen que se instaura posterior al golpe del 68 como “bonapartista” y adelantaba a manera de causalidad histórica: “Las causas más inmediatas del suceso las encontramos en las multitudinarias manifestaciones antiimperialistas de enero de 1964”.

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