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22 de Sep de 2020

Nacional

'La Educación Ambiental no está produciendo los cambios necesarios en las conductas'

'La población todavía percibe el cambio climático como una amenaza distante y un problema de otros', sostiene la doctora Alba Scotto

'La Educación Ambiental no está produciendo los cambios necesarios en las conductas'

En momentos en que la Autoridad del Canal de Panamá confronta la disminución del agua disponible para el funcionamiento del Canal y la humanidad se juega su futuro con el problema ambiental, resulta claro que los esfuerzos por concienciar a la población no están produciendo las conductas necesarias para controlar o mitigar el cambio climático.

Así se expresa la socióloga Alba Scotto, quien en el pasado mes de octubre presentó su tesis para optar por el título de doctor(a) en Educación en la línea de Investigación sobre Educación para el Desarrollo Sostenible de la Universidad Católica Andrés Bello de Venezuela.

Scotto es actualmente coordinadora del Centro de Estudios y Competencias de Género de la Universidad Latina de Panamá. Al respecto considera que es fundamental el empoderamiento de las mujeres para el logro de los Objetivos y metas del Desarrollo Sostenible contenidos en la Agenda 2030.

“Los esfuerzos que los países realizan por la sostenibilidad son insuficientes. Siguen dándose las actividades que degradan el ambiente. Continúa el predominio de la racionalidad económica en la toma de decisiones; la búsqueda del bienestar a través del consumo de bienes materiales y los mismos estilos de vida que han ocasionado los problemas ambientales”, dice.

“Algunos investigadores han encontrado que más se cambian los hábitos en busca de ahorro económico que por la conciencia de disminuir la huella ecológica, minimizar la contaminación o cuidar las fuentes de agua”.

La situación es tan grave que la Organización de Naciones Unidas estima que, de continuarse las tendencias actuales, en el año 2050 habrá más plástico que peces en los océanos; los recursos naturales se verán disminuidos y será más difícil el acceso de la población al agua potable.

Alba Scotto, doctora en Educación.

Una tesis

La tesis presentada (“Representaciones Sociales y Diálogo de Saberes para la Sostenibilidad. Caso: Cuenca Hidrográfica del Canal de Panamá”) explora los significados e importancia que los habitantes de las comunidades del Parque Nacional Chagres dan a la naturaleza, al desarrollo, desarrollo sostenible y propone actividades que podrían, desde las escuelas, apoyar la gestión participativa del área protegida para su conservación.

Scotto, quien anteriormente realizó estudios de Política Ambiental en Alemania, ubicó su investigación en la Cuenca del Río Chagres por su importancia como fuente de vida. El río Chagres aporta el 80% del agua potable que se consume en las ciudades de Panamá y Colón y el 40% del agua necesaria para el cruce de los buques por el Canal.

Las personas de las comunidades ubicadas en el Parque Nacional del Chagres manifestaron el valor que asignan al vivir rodeados de naturaleza, con aire puro, tranquilidad y buenas relaciones con los vecinos; reconocen la importancia de la conservación ambiental para preservar las fuentes de agua. Sin embargo, el desarrollo y la conservación ambiental siguen percibiéndose como acciones contrapuestas: el desarrollo y la comodidad, el mejor estilo de vida, implican sacrificar la naturaleza.

A través de la investigación, Scotto pudo constatar que desde la creación del Parque Nacional Chagres en el año 1984 y especialmente entre los años 2000 y 2012, se destinaron considerables recursos humanos, técnicos y financieros a proyectos comunitarios y de gestión sostenible del área; sin embargo, los problemas ambientales en el parque no han disminuido.

Por el contrario, en los últimos 10 años se han otorgado nuevas concesiones para la exploración y explotación de minerales no metálicos en la Zona de Amortiguamiento del Parque, y se han incrementado las actividades ganaderas y agrícolas, la deforestación y la construcción de viviendas.

Otras situaciones ponen de manifiesto la baja prioridad que siguen teniendo los asuntos ambientales en el marco de la asignación de fondos públicos. El Parque Nacional Chagres no cuenta con el número necesario de guarparques para cumplir con el Programa de Control y Vigilancia del Plan de Manejo (2005). Además, la aplicación de las normas y leyes existentes es inconsistente; los residentes de la Cuenca se quejan de que hay mayor laxitud con las empresas que contaminan que con los moradores de escasos recursos.

Razones de la crisis

El fallo de los programas en producir los cambios de conducta no se da solo en Panamá. De acuerdo a la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (2019) se trata de un fenómeno generalizado.

“La crisis ambiental en occidente se genera básicamente por el afán de crecimiento económico sin tomar en cuenta la contaminación que se genera y los efectos negativos que producen un desequilibrio en el sistema”, explica la educadora entrevistada.

“La cultura de mirar a corto plazo, de responsabilizar a otros de los problemas; las presiones sociales que promueven la competencia y la adversión del otro para procurar el beneficio personal en detrimento de los demás, se han convertido en la norma de sobrevivencia. Estas prácticas deben irse modificando en favor de una cultura de diálogo, de trabajo en equipo, de cooperación para el bien común y el cuidado del planeta”, propone.

“El desarrollo sostenible es un anhelo que involucra lo económico, lo social, lo ecológico, lo institucional y lo cultural”, sostiene Scotto, explicando que muchos intentos de intervención socio-ambiental fracasan porque no toman en cuenta la complejidad de la realidad que desean transformar.

“Para cambiar los hábitos se necesita desarrollar una nueva narrativa que conecte con los significados que el espacio de vida tiene para la gente, no llevarlo como una idea impuesta; sino partir de las vivencias y los saberes locales, y nutrir el conocimiento común que tienen las personas con la información científica”, explica.

“Los científicos han demostrado que los seres humanos construimos nuestras ideas sobre la realidad y, por consiguiente, nuestras decisiones, a través de lo que compartimos con las demás personas en la cotidianidad”.

Importancia de la educación

“La educación no es la panacea a la crisis ambiental, porque la gestión del desarrollo sostenible depende de la gobernanza (es decir, de la capacidad de lograr los acuerdos que satisfagan las necesidades de toda la población en un horizonte que abarque a futuras generaciones), pero sí es una herramienta para la generación de conocimiento y la formación integral de los ciudadanos, de tal manera que sean agentes de cambio”.

“La educación, de acuerdo con la propuesta desarrolladas por Jacques Delors para la Unesco (La educación encierra un tesoro, 1996) es un proceso que se desarrolla a lo largo de toda la vida y debe orientarse en 4 pilares fundamentales: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir y aprender a ser. A ello, la Unesco en 2012 agregó un quinto pilar: aprender a transformarse y transformar la realidad”.

Propuesta de cuatro ciclos

La propuesta que ofrece la tesis mencionada se basa en estos pilares, para los que propone actividades específicas. En primer lugar coloca “el aprender a ser”, que reivindica y realza las historias y los saberes locales como punto de partida para contextualizar los procesos educativos.

Ciclo 1. Aprender a ser

La educación que se imparte en las escuelas debe fortalecer las interacciones con las historias de las comunidades, ensalzar los saberes locales; ahondar en la reflexión grupal para entender las fortalezas comunes, las condiciones ambientales, las condiciones de vida.

Este proceso propone encuentros, diálogos, observación de filmes, fotografías, y otras fuentes documentales, que permitan desarrollar una noción compartida de la identidad territorial.

Ciclo 2. Aprender a conocer

En este ciclo se propone explorar los modos de vida de las comunidades: visitar sitios donde se desarrollan actividades económica: agrícolas, de pesca, ganaderas, artesanales, de apicultura, comercio; acercarse a lugares de recreación (lago, pozos, parques). El propósito también es explorar los problemas existentes: por ejemplo, la contaminación, el irregular suministro de agua potable, el manejo de desechos domésticos, entre otros. Se propone igualmente realizar encuentros con investigadores para que estos compartan los resultados de sus estudios.

Ciclo 3. Aprender a hacer.

En este ciclo se trata de desarrollar un proyecto de vida tanto personal como colectivo. La pregunta esencial es ¿qué queremos lograr? Para responderla se requiere el conocimiento logrado en los ciclos anteriores.

El aprender a hacer se vincula con las aspiraciones de desarrollo, que se asocian regularmente con el deseo de mejores servicios públicos y progreso material personal y familiar. Se busca el desarrollo de competencias que permitan proyectar, decidir y crear en reemplazo de actitudes de inmediatismo, pasividad y la adopción de recetas preestablecidas.

Debe estimularse la capacidad de proyectar los impactos del actual modo o estilo de vida; de visualizar el futuro, de explorar la tensión entre lo deseable y lo posible. Se abordará el impacto social, económico y ambiental de las actividades que se realizan en las comunidades y en el entorno. Se promoverá la reflexión con el documento La Carta de la Tierra (2000) y la Agenda 2030.

Ciclo 4. Aprender a convivir

En este ciclo se propone aceptar las diferencias de los individuos que componen la comunidad; entender la complementariedad, la búsqueda del equilibrio dinámico con entendimiento de las necesidades de cada ser, en las generaciones presentes y también futuras.

Se desarrollan las competencias de trabajar en equipo, cooperar y cuidar, contrapuesto a competir, sabotear y destruir. Se espera animar comportamientos proactivos hacia el conocimiento, manejo y conservación de los ecosistemas y del entorno en general. Se aborda el tema de los derechos humanos y los derechos ambientales.

En términos generales, la tesis de Scotto es un aporte a los estudios de representaciones sociales en temas educativo-ambientales en Panamá y América Latina. Da la palabra a las comunidades y propone estrategias para fortalecer la gestión participativa del territorio y la conservación de la Cuenca Hidrográfica del Canal de Panamá.