Temas Especiales

12 de Aug de 2020

Nacional

La tercera fuga de Ventura Ceballos para salvarse de morir en la cárcel

Una de las primeras hipótesis que manejan las autoridades es que contó con la complicidad de agentes policiales, supervisores y custodios, quienes le facilitaron la huida al hombre que debía pagar 55 años de cárcel

Gilberto Ventura Ceballos fue extraditado a Panamá procedente de Costa Rica en septiembre de 2017 para enfrentar la justicia panameñaArchivo | La Estrella de Panamá

Gilberto Ventura Ceballos, a sus 44 años, no estaba dispuesto a pasar el resto de su vida en la cárcel. Por tercera vez burló el sistema carcelario. Frío, calculador, habilidoso, esperó la noche para camuflarse en la oscuridad y evadir los controles de los agentes policiales del pabellón de máxima seguridad, custodiado exclusivamente por la Policía Nacional.

Desafió con fuerza los barrotes, que cortó previamente, y se escurrió entre ellos para poder escapar del encierro que vivía desde septiembre de 2017, cuando fue recapturado por las autoridades costarricenses y extraditado a Panamá tras su segunda evasión, esta vez de la cárcel La Joyita, que ocurrió un día de los inocentes, el 28 de diciembre de 2016.

A las 10:23 de la noche del lunes pasado, el preso de nacionalidad dominicana, condenado a 55 años de prisión por delitos de secuestro y homicidio múltiple, además de fuga del Centro Penitenciario La Joyita, zafaba los barrotes de su celda para liberarse de lo que sería una cadena perpetua.

“Cortó los barrotes con seguetas que le proporcionó el personal que trabaja de día en la cárcel. Ese día, tenía casi todo el trabajo listo, y lo terminó en la noche”, es una de las tesis que manejan las autoridades que conoció este medio. “La fuga se dio en complicidad con miembros de la Policía Nacional, custodios y supervisores de turno. Pudo haber salido por la puerta ancha”, añadió la fuente oficial del Ministerio de Seguridad que pidió omitir su nombre por razones obvias.

Al parecer nadie se enteraría del escape hasta la mañana del martes, cuando el subteniente José Solís, oficial de turno del sector C, en el que pagaba condena Ventura Ceballos, observó tres barrotes cortados. A las 5:45 de la mañana hizo múltiples llamados a un hombre que ya no estaba ahí. Nunca contestó. Seguramente para la hora en que el oficial verificaba su celda, él ya había ejecutado gran parte del plan de fuga.

El oficial de turno Ausberto Pineda fue quien informó la novedad a Ramón López, jefe de Seguridad Externa del Centro Penitenciario La Nue va Joya.

El preso convivía con los delincuentes más peligrosos del patio. Para poder escabullirse, debió haber pasado por tres cercas. Tal vez no tuvo que batallar tanto, por la deteriorada condición de la cerca externa, a causa de la falta de mantenimiento que ha dejado huecos que podrían jugar a su favor. Además, las luces de las torres de seguridad funcionan en un 70%, por lo que pudo estar casi seguro de que un reflector no le rastrearía.

La evasión de Ventura Ceballos es una vez más la confirmación de la existencia de un sistema carcelario inservible, corrupto, al que le urge una reforma integral.

Hasta el momento es muy pronto como para dar detalles oficiales de cómo ocurrió la fuga, los nombres de quienes facilitaron la huida, o cómo logró vencer las cercas perimetrales que rodean el sector C, que colinda en la parte posterior con un área semiboscosa. La ventaja es que ese pabellón cuenta con un sistema de video vigilancia que pudo captar los últimos movimientos de Ventura Ceballos en la cárcel. Por eso se sabe la hora exacta en que huyó. Por lo pronto, el director de la Policía Nacional, Jorge Miranda, separó del cargo a tres agentes, para deslindar responsabilidades.

Parco en los detalles, Miranda confirma las imágenes del video: “La cámara indica que estaba saliendo, no podemos ahora, si queremos presentar responsables, cometer errores que puedan viciar la investigación”.

También envió una alerta naranja a Interpol que permite la ubicación de la persona en cualquier puerto o aeropuerto, se han establecido comunicaciones con la policía de República Dominicana, de donde es oriundo el evadido, así como con la policía de Costa Rica, donde se le conocían negocios, y con los vecinos de Colombia, para cercar la zona.

Ayer, Miranda activó un bloque de búsqueda y ofreció una recompensa de $30 mil para quien dé con su paradero. Admite, no obstante, que le hace falta inteligencia en el sistema carcelario, golpeado por la reciente masacre del 17 de diciembre en La Joyita, que dejó un saldo de 13 muertos y 14 heridos.

El fiscal de Atención Primaria, Julio Villarreal, abrió una investigación penal para aclarar los hechos. Envió al personal de criminalística, fotografía forense y planimetría para cotejar la tesis de la evasión.

“Esta persona no iba a descansar hasta tratar de fugarse y lo consumó. Sabemos que no le va a ser fácil mantenerse en el anonimato porque su fotografía está en todos los medios de comunicación. Él va a tratar de salir de Panamá, esperamos mantener los controles correspondientes para que no pueda salir”, manifestó Villarreal.

En mayo de 2019, Villarreal logró la condena de Ventura Ceballos por cinco años, por el delito de evasión. Otras cuatro personas que actuaron en complicidad fueron condenadas por el mismo hecho. “En primera instancia ha sido condenado por el Tribunal Superior a una pena de 50 años por el delito de homicidio, secuestro y muerte de cinco ciudadanos panameños. Con esta segunda fuga se abre una investigación inmediata por parte del Ministerio Público para procurar su captura”, indicó Villarreal.

En julio de 2018, Ventura Ceballos fue condenado a la pena máxima por la muerte de cinco jóvenes panameños, hecho ocurrido en La Chorrera, por el que le cayeron 50 años de prisión.

El perfil del mal

personalidad

Gilberto Ventura Ceballos es un individuo “de maldad bastante apreciable, de mucha saña, poco respeto por la vida, con carácter y mente fría para tomar decisiones”. Así describió el fiscal Sofanor Espinoza al hombre que orquestó el secuestro y muerte de cinco jóvenes de ascendencia asiática en La Chorrera entre los años 2010 y 2011.

Se movía en el mundo del hampa usando cédulas y pasaportes falsos con las identidades de Fermín Antonio Taveras, Ángel Bethancourth y Carlos Alberto Aguirre.

Quería esconder su pasado

Nació en República Dominicana, el 20 de septiembre de 1969. Y llegó a Panamá en 2008 con documentos falsos y una visa de turismo válida por tres meses con el nombre de Fermín Taveras.

En su país natal, Ventura tenía antecedentes delictivos y había purgado una condena por secuestro de un comerciante chino, según trascendió a los medios de comunicación.

El 17 de noviembre de 2011 fue capturado en una localidad denominada Boca Chicá, en Santo Domingo, dentro de un tanque de agua, desnudo y con cicatrices en los dedos, por el secuestro y homicidio de los cinco jóvenes. Para ese entonces se había practicado una cirugía para borrarse las huellas digitales y se había teñido de rubio el cabello, para viajar a Estados Unidos sin ser identificado.

El dominicano fue extraditado a Panamá y encarcelado en el pabellón 7, de máxima seguridad de La Joyita. En la cárcel, Ventura ha intentado evadir la justicia por lo menos tres veces.

En la cárcel le ofreció $10,000 a su cómplice en los crímenes de los asiáticos a cambio de que se hiciera con toda la responsabilidad.

El miércoles 28 de diciembre de 2016, el dominicano se escapó. Las investigaciones revelan que usó un saco y una camisa para hacerse pasar por abogado, salió por la puerta, subió a un vehículo y desapareció. Fue capturado nueve meses después en Costa Rica usurpando el nombre de Carlos Alberto Aguirre, de nacionalidad colombiana.

Luego fue trasladado a Panamá sin trámites de extradición ni de Interpol. En esa ocasión también se disfrazó para esconder su verdadera identidad. “Con el peinado, él trató de pasar desapercibido, con un perfil bajo, mientras estaba al acecho para sus otros crímenes”, expresó la Policía Nacional.

Ventura Ceballos, de 44 años, tiene una cicatriz en el brazo izquierdo.

Complejo penitenciario La Nueva Joya