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11 de Apr de 2021

Nacional

Octavio Amat: 'Hay que sanear y depurar toda la administración de justicia'

El abogado y exejecutivo de medios de comunicación cree en la revisión del texto constitucional como el punto de partida para lograr una verdadera participación ciudadana en la fiscalización del sistema judicial

Para Octavio Amat, el rescate del periodismo ético parte de una ciudadanía culta y con criterio, capaz de exigir contenidos de valor y con profundidad.Daniel González | La Estrella de Panamá

Octavio Amat es un abogado chiricano que ha mantenido una relación muy estrecha con los medios de comunicación; tanto, que estuvo en la dirección del diario Panamá América durante más de una década, y presidió el Fórum de Periodistas en el segundo año de su fundación, una época en la que también fue testigo del renacer de la libertad de prensa, tras el cese de la dictadura militar. Hoy, el jurista con amplia experiencia procesal que figura como socio consejero de la firma Arias, Fábrega & Fábrega, mira su entorno como un espectador más distante y recatado, pero critica sin piedad los vicios que corrompen el ejercicio periodístico en Panamá, entre estos el sensacionalismo, que parece robarle el rol protagónico a la siembra de cultura, razón y criterio. “Veo al conjunto de medios de Panamá en un estado pésimo, triste, peor que hace 20 años”, dice, un escenario en el que pareciera que “el interés mercantil, el rating, la sintonía o la circulación, prevalecen sobre el buen periodismo”. Con Amat platicamos sobre leyes, gobernabilidad, justicia y periodismo.

Usted fue un hombre de medios durante muchos años, ¿considera que actualmente la prensa cumple con las premisas más importantes del periodismo como informar y educar?

Veo al conjunto de medios en Panamá en un estado pésimo, triste, peor que hace 20 años; los veo degradados en cuanto a valores y ética. Hoy no hallamos un noticiero que haga su trabajo de informar y orientar, sino mucho sensacionalismo y nada de profundidad. Si puede servir de algún consuelo, veo el mismo fenómeno en otras latitudes, hay mucha superficialidad.

Especialmente para el periodismo escrito, ¿hay vía de retorno?

La prensa escrita parece no encontrar el rumbo tras el desafío que representan los medios alternativos en internet. La piedra angular del camino está representada en los temas de profundidad y fondo; ya no se trata de la carrera por la velocidad de la noticia, porque no es posible ganarla contra los medios alternativos, hay que meterle profundidad: mirar qué significa la noticia, cuál es su alcance, qué trascendencia tiene. Quisiera ver este trabajo en todos los medios escritos y en la televisión; son medios que están en cuidados intensivos. La radio está haciendo algunos esfuerzos.

Ese sensacionalismo del que habla, supone que la necesidad de cautivar anunciantes sigue estando por encima del compromiso de informar.

Mientras más educada tengamos a la población, más exigente será con sus medios. Desafortunadamente, la calidad de nuestra educación está siempre a la cola cada vez que se hace un estudio internacional de medición; eso implica que los medios están ofreciendo lo que a su población le gusta consumir. Mejorando la educación, los ciudadanos serán más exigentes con los medios.

“Necesitamos una reforma constitucional muy profunda o una nueva constitución. Llego al extremo de abrazar la alternativa de una constituyente originaria”.

Me comentaba a su llegada, que mantiene una relación de amor y odio con los medios. ¿Era igual cuando dirigía el Panamá América?

En aquel entonces estábamos llenos de mística. Habíamos salido de la dictadura militar que restringía la libertad de expresión y en ese sentimiento, por abrazar la libertad de prensa, tuvimos causas comunes. Había más de 200 o 300 periodistas con demandas y denuncias criminales o civiles, así que buscábamos la libertad. Mirábamos con simpatía a otros medios que nos servían de faro como el Miami Herald y The New York Times. Hacíamos un tremendo esfuerzo Winston Robles, como director de La Prensa, y yo; nos reuníamos una vez al mes para discutir temas comunes de los medios de comunicación, y así nació el Consejo Nacional de Periodismo, luego, tras la fundación del Fórum de Periodistas, ejercí como presidente durante el segundo año. No veo los mismos esfuerzos ahora; se puede construir un país ejerciendo el periodismo, se trata de algo muy importante y trascendente, es la voz del ciudadano frente al Estado. Siento mucho amor hacia la profesión, pero odio cómo se está ejerciendo ahora.

¿Cómo fue el florecer de la libertad de prensa tras la dictadura militar?

Teníamos un sentimiento que nos envolvía a todos los que trabajábamos en medios. Queríamos construir. Durante los años de dictadura fue suprimida la libertad de expresión y cuando ocurrió el destape, estábamos llenos de ideales, queríamos algo bello, y tratamos de hacer contacto con todas las organizaciones de periodistas en el exterior; algunas vinieron y becaron a muchos de los nuestros. El Estado, que daba sus primeros pasos en democracia, resintió el embate de la libertad de prensa y lo tomó como una agresión, cuando estábamos haciendo nuestro trabajo; muchos fueron demandados, pero los defendimos.

Nuestro sistema de justicia no deja de ser cuestionado, ¿cómo desmontar los males que le aquejan para avanzar hacia una reestructuración?

Me gustan dos de los términos que usted ha usado: desmontar y reestructurar, porque hay que hacer esas dos tareas. Hay que comenzar saneando, depurando toda la administración de justicia, empezando por su gente. No me refiero a despedir a todo el mundo; hay que revisar quiénes funcionan en el aparato, de qué manera trabajan y depurar, para perfeccionar el sistema con la participación de los usuarios que somos todos, la sociedad civil, los trabajadores, los empleados y desempleados. Es a nosotros a quienes ese aparato está dado a servir.

¿Cómo sería el rostro de una estructura jurídica más noble?

El escenario ideal es contar con un sistema constitucional que equilibre mejor los poderes, en el que no haya demasiada prevalencia del Órgano Ejecutivo sobre el resto de los poderes del Estado, donde haya balance y armónica colaboración entre esos órganos, donde la ejecución de las leyes contemple una justicia social que no favorezca a intereses poderosos, en perjuicio de los sectores más vulnerables.

¿Es posible lograr una ciudadanía más involucrada y activa, auditora de este ecosistema?

Quisiera que los usuarios del sistema tengan los mecanismos constitucionales y legales de participación, fiscalizando el aparato, de manera tal que puedan calificar el trabajo de los jueces, secretarios y demás funcionarios, para que un juez no salga con un fallo disparatado y que haya coherencia. Si los usuarios del sistema cuentan con vías de participación dentro de la estructura, pueden estar vigilantes ante lo que suceda.

Entiendo que usted apunta a crear instrumentos de participación, sin embargo, con o sin estos, la sociedad civil tiende a encerrarse en una burbuja y a perder su cualidad de auditora en la revisión de los actores políticos y el sistema. ¿Cómo lograr que la ciudadanía comprenda que es corresponsable?

Uno podría decir que efectivamente el ciudadano tiene corresponsabilidad, sin embargo, pienso que hay algo de injusticia al considerarlo de esa manera, porque no hay puertas de acceso para hacer el trabajo de fiscalización, veeduría y participación en la toma de decisiones. Esas puertas se abren a través de la vía legal, con una ley o una reforma constitucional si es preciso. Me tocó trabajar como parte de una comisión de reformas constitucionales durante el último año de gestión del expresidente Ricardo Martinelli junto a Rolando Murgas, Esmeralda de Troitiño y otros juristas; presentamos un proyecto en el que procuramos introducir tímidamente la apertura de esa puerta y que se creara un mecanismo en la Corte Suprema de Justicia que viera el accionar de todo el aparato; también queríamos agregar la participación ciudadana con representantes de las universidades, de los sindicatos, del empresariado y otras organizaciones; en aquel entonces, preparamos un proyecto de reforma constitucional que hubiese sido una gran oportunidad para que eso se perfeccionara.

Entonces una de sus apuestas es la revisión de nuestra carta magna.

En efecto, para lograr lo que estamos conversando, necesitamos una reforma constitucional muy profunda o una nueva constitución. Llego al extremo de abrazar la alternativa de una constituyente originaria.

Mirando más de cerca la política, vimos recientemente a un gabinete desestabilizado. ¿Comenzó con mal pie el nuevo gobierno?

Fue un traspiés en el equipo de gabinete del presidente Cortizo, pero no lo tomaría con tal gravedad. No pienso que todo el gabinete esté contaminado.

Por otra parte, seguimos arrastrando la mancha de las listas negras. La Unión Europea acaba de incluirnos nuevamente en la lista negra de paraísos fiscales. ¿Cómo limpiamos nuestra marca país?

Creo que podemos limpiar nuestra marca país no solo con leyes o reglamentos para reprimir el lavado de dinero, sino con actos cónsonos con nuestra legislación para probar al mundo que somos capaces de cumplir. Sin embargo, en mi opinión, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) y otros similares están ejerciendo mecanismos o presiones abusivas contra nuestra jurisdicción; algo de lo que somos culpables porque hemos dejado de dar una adecuada fiscalización al aparato bancario, al financiero y a los servicios internacionales. Estos organismos ya no se conforman con que hagamos los ajustes, sino con un total sometimiento. Quieren ejercer dominio sobre nuestros servicios, al no permitirnos negocios que en sus propios centros bancarios, se permiten perfectamente; a mi juicio lo que quieren es un monopolio de servicios financieros.

Hay un tema que hoy cobra más vida que nunca y es la gobernabilidad, donde entra la educación. ¿Qué nos falta para avanzar?

Necesitamos ambas cosas, difícilmente habrá una buena educación sin gobernabilidad. Hay que afinar los mecanismos; le hablaba hace un momento del equilibrio de poderes y de la debida coordinación entre estos. Una gobernabilidad bien afinada cuenta con una estrategia educativa nacional. Con una visión de país, podremos mejorar la educación.