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03 de Jun de 2020

Nacional

La fatalidad inagotable

Existen dos manifestaciones humanas que son resistidas por igual, la guerra y el terrorismo. En ambas irrumpe la violencia. En la guerra los resultados son previsibles y hasta queridos. En el terrorismo las acciones son inesperadas con resultados igualmente queridos por sus autores.

La fatalidad inagotable

Es impresionante la turbulencia que azota al mundo. Las acciones de la naturaleza son tan brutales como las que emergen de los seres humanos. La diferencia es que en las primeras lo imprevisto o no lo suficientemente previsto es lo que impera. En las turbulencias humanas tiene su presencia la voluntad, la intención dolosa, de ordinario perversa.

Los estragos de la naturaleza sublevada despiertan lamentaciones, pero los producidos por el hombre arrancan condenaciones universales.

Existen dos manifestaciones humanas que son resistidas por igual, la guerra y el terrorismo. En ambas irrumpe la violencia. En la guerra los resultados son previsibles y hasta queridos. En el terrorismo las acciones son inesperadas con resultados igualmente queridos por sus autores.

La guerra y el terrorismo tienen víctimas semejantes. Los inocentes como víctimas llenan las notas de los corresponsales de guerra. Tan solo que las víctimas del terrorismo causan mayor pánico, porque se presentan en un ambiente social en paz. En las guerras la muerte de los inocentes suscita consternación de diferente intensidad, porque esos muertos están insertos en un conflicto. Los 25,000 masacrados en Irak no han recibido la solidaridad o las expresiones de congoja que recibieron las víctimas del terrorismo en Nueva York, en Madrid, en Londres y en Egipto. Pero las conciencias insobornables, las que creen en la igualdad del sufrimiento, condenan por igual los crímenes del terrorismo y los crímenes de la guerra. Es la espiral de índole moral que empuja a condenar con idéntico repudio, por ejemplo, los crímenes de la dictadura militar panameña y los crímenes de la invasión. Es la espiral que conduce al escenario doloroso de Nueva York, Madrid, Londres y de Bagdad para identificarse con las lágrimas de sus pueblos.

La fatalidad inagotable

La real categoría de estos conflictos rechaza las auto-exculpaciones de Tony Blair, primer ministro británico, al no aceptar que las manos de los terroristas fueron fraguadas en las llamaradas de Irak.

Es impresionante la turbulencia que azota al mundo.

La guerra tiene su patrocinio definido. Es la acción de un Estado o de un grupo identificable. El terrorismo es acción individual que no responde necesariamente a una autoría estatal o de grupo. Lo terrible del terrorismo es su ánimo alevoso, con la agravante que tiende a multiplicarse, a imitarse. Su ánimo encubierto suscita reacciones primitivas como la de la Policía británica al ultimar "al sospechoso" ciudadano brasileño. Se ha invocado una especie de legítima defensa preventiva ante lo que se percibió como una agresión de un hombre en fuga. La conducta es calco de la guerra preventiva que llevó a mister Bush al holocausto de Irak. El episodio vivido con la muerte del brasileño consagra la carabina como un nuevo código penal y al carabinero como un nuevo juez que inventó la figura del "sospechoso en flagrante delito" o que simplemente como juez fusiló a un sospechoso mientras se procedía a investigar su real condición en la ideación de algún delito.

Es impresionante la turbulencia que azota al mundo.

En Irak unos terroristas asesinaron a 30 niños. Volaron por el espacio. Sus cuerpecitos vibraron como alitas de mariposa. No pudieron demostrar su inocencia, su candor. Enrique Caballero, genial escritor colombiano, recuerda a un déspota de la antigüedad que ordenó degollar a dos niños, de once y ocho años. Degollado el primero, el menor de ocho años se impresionó con la sangre derramada y al menos pudo dialogar con su verdugo sin sospechar los estragos del degüello. "Señor —le dijo— no me manche la camisa de sangre porque mi mamá me regañaría". Hoy el pensamiento póstumo de los niños víctimas de la maldad humana queda congelado en la sorpresa, en la brutal y automática consumación del crimen.

Las turbulencias que azotan al mundo confirman plenamente que la resurrección de los bárbaros, en las guerras y en el terrorismo, es una fatalidad inagotable.

(Publicado originalmente el 30 de julio de 2005).

FICHA

Un vencedor en el campo de los ideales de libertad:

Nombre completo: Carlos Iván Zúñiga Guardia

Nacimiento: 1 de enero de 1926 Penonomé, Coclé

Fallecimiento: 14 de noviembre de 2008, Ciudad de Panamá

Ocupación: Abogado, periodista, docente y político

Creencias religiosas: Católico

Viuda: Sydia Candanedo de Zúñiga

Resumen de su carrera: En 1947 inició su vida política como un líder estudiantil que rechazó el Acuerdo de bases Filós-Hines. Ocupó los cargos de ministro, diputado, presidente del Partido Acción Popular en 1981 y dirigente de la Cruzada Civilista Nacional. Fue reconocido por sus múltiples defensas penales y por su excelente oratoria. De 1991 a 1994 fue rector de la Universidad de Panamá. Ha recibido la Orden de Manuel Amador Guerrero, la Justo Arosemena y la Orden del Sol de Perú.