10 de Dic de 2022

Nacional

Recuerdos de la tía bisabuela: María Vargas y la lucha contra el olvido

En tiempos de dificultad recordamos la historia de quien dedicó su vida a la organización comunitaria y a la reivindicación de los derechos de su gente para una mejor vida

Orlando Acosta tenía seis años cuando su abuelo lo llevó en un inolvidable recorrido hacia uno de los sitios más recónditos de la República. En cayuco, partieron desde los esteros del río Chiriquí Viejo, para seguir por los manglares del golfo del Chiriquí y llegar a los barrancos arcillosos de la isla del Mono.

Recuerdos de la tía bisabuela: María Vargas y la lucha contra el olvido

“En el camino, me entretenía jugando con un cocuyo atrapado en una caja de caña, un juguete que me confeccionó mi abuelo para hacerle el viaje más ameno”, recuerda Orlando Acosta, ingeniero, del Canal de Panamá.

Entonces, la inocencia de la edad no le permitía entender que esos recónditos parajes donde sus tíos Marita, Simón y Ester –tíos abuelos de su madre– cultivaban la auyama, plátano, arroz y maíz, habían sido el refugio en el que buscaron sobrevivir cuando se les impuso un cerco de hambre en su pueblo de origen, en los Llanos del Bichal, cercano a David.

Pasarían años para que siendo, adolescente, pudiera entender el valor de la lucha y sacrificios realizados por sus tíos y su abuela, y especialmente por la tía Marita, a quien desea rendir homenaje.

Orígenes familiares

La tía María Vargas nació el 26 de octubre de 1904, en Las Lomas, Llanos del Bichal, en Chiriquí. La información consta en un documento recogido por su sobrino Álvaro Vargas y rescatado por Orlando en 2020, que da testimonio sobre la vida de esta mujer.

De acuerdo con este documento, María obtuvo el grado de maestra en la escuela Normal de Santiago y dedicó toda su vida al magisterio, desarrollando una intensa labor en escuelas de la provincia de Chiriquí.

Hija de un hogar campesino pobre, desde muy joven ella y sus hermanos se dieron cuenta de que nadie los salvaría de la pobreza, sino lo hacían por sí mismos. Optaron por educarse, organizar a sus vecinos para crear escuelas, cultivar la tierra y eliminar el hambre. Pero al encontrar en la ideología socialista la esperanza a sus necesidades y aspiraciones, tuvieron que sufrir la represión.

María se casó con Manuel Contreras, obrero del enclave bananero de la United Fruit Company en el Barú. Enviudaría joven, cuando su esposo cayó de un tren en plena jornada de trabajo; en adelante se dedicaría con ahínco al trabajo de magisterio, en la región de Bugaba y el Barú, decidida a educar y dar acceso a servicios de salud y educación a la gente de esa zona olvidada.

Movimiento obrero

Era ya la década de 1920 y en Panamá se organizaba el movimiento obrero, inspirado en la Revolución Bolchevique. Más adelante se sumaría la migración de una élite de intelectuales españoles que huían de la guerra civil española. Muchos de ellos ejercieron una poderosa influencia en la formación política de los estudiantes de la escuela Normal de Santiago, donde estudiaba Marita.

En 1925, en la ciudad de Panamá, los obreros se unieron para protestar por el alza de los precios de las viviendas de alquiler, organizando la gran marcha del Movimiento Inquilinario, que terminaría con la invasión del ejército estadounidense, y su instalación en las faldas del cerro Chorcha, en Chiriquí, registrando una serie de casos de abusos contra los campesinos.

“Estos hechos y otros prendieron el ánimo de María y sus hermanos, quienes decidieron crear una célula combativa del Partido Comunista en Las Lomas, la primera a nivel provincial en el país”, relata el documento rescatado por Orlando.

El grupo era liderado por Simón Vargas, hermano de María, educado con los Hermanos Cristianos en la escuela de La Salle en David, y quien tenía una gran habilidad para leer, escribir y redactar trabajos de carácter político.

“Sus contactos con algunos escritores de temas sociales reivindicativos, humoristas y populares, como César y Abel Candanedo, Gonzalo Castro Domínguez, Ramiro Y Moravia Ochoa, Carlos Changmarín, le permitían acrecentar su visión del mundo y sus convicciones”, comenta Orlando.

“Con estas capacidades, Simón serviría de intérprete y orientador a María y a otros en el pensamiento ideológico de izquierda como arco para la lucha por un mejor futuro para los pobres, a través de una distribución equitativa de las riquezas, reflejada en la educación, salud vivienda y recreación. El trabajo de Simón fraguaría en la fundación de la Biblioteca Pública de Las Lomas y el centro de salud. Querían una verdadera democracia en la que pobres y ricos tuvieran el mismo valor y oportunidades”, continúa Orlando.

La célula del partido de Las Lomas efectuaba reuniones periódicas en las que se estudiaba la teoría e interpretación del socialismo y se organizaba a la comunidad para trabajar en los problemas que la aquejaban.

“Una de las iniciativas fue articular el movimiento sindical entre los trabajadores del banano en la región del Barú. El Sindicato Bananero del Barú debe probablemente su origen al trabajo anónimo de esa mujer chiricana”, sostiene.

Pero el movimiento pronto estuvo en la mira de los poderosos que veían en él una amenaza.

“En estos años la opción socialista era casi pecaminosa y estaba en su apogeo la persecución. Tras la Revolución de Octubre en Rusia, el comunismo marxista quedó principalmente asociado a la Unión Soviética –aunque había muchos que no la apoyaban–. Como resultado, el anticomunismo y la oposición a la Unión Soviética se hicieron prácticamente indistinguibles, especialmente en política exterior. Las tierras chiricanas no fueron la excepción”.

“Como siempre en las historias de participación social y cambios políticos, las fuerzas de poder optan por la represión de las voces que denuncian injusticias y genocidios, más cuando estas son contracorriente”, dice Orlando.

“Los terratenientes, en complicidad de los gobiernos de turno y la Policía Nacional, perseguían y reprimían cualquier manifestación de inconformidad o rebeldía popular. Se allanaban las casas, se incautaban de las publicaciones informativas que con tanto esfuerzo preparaban. Incluso se llegó al asesinato de algunos compañeros de las bananeras en Barú, como sucedió con Rodolfo Aguilar Delgado y Dionisio Arrocha”, explica el documento.

A pesar de los obstáculos, María y sus hermanos persistían en la lucha por orientar y educar a sus amigos y vecinos.

En 1947, María recorría los trillos de Llano de Bichal concienciando a los vecinos sobre los devastadores efectos del ataque atómico sobre Hiroshima y Nagasaki, y recogiendo firmas para pedir que eso no se volviera a repetir nunca.

“Estoy seguro de que muy pocas imágenes de ese infierno habrían llegado hasta Chiriquí, pero, en medio de la nada, ella logró conmover a sus vecinos sobre los horrores de la guerra y de cómo la Fat Boy (bomba atómica) había causado la muerte instantánea a cerca de 5,000 de los 240,000 habitantes de Nagasaki”, escribió Orlando en una publicación en La Estrella de Panamá años atrás.

Isla del Mono

En plena guerra fría, la familia empezaba a sentir en carne propia la persecución. El gobierno prohibía las asociaciones comunistas. Se les creó un cerco de hambre, negándoseles las oportunidades de ganarse la vida con sus herramientas, por lo que optaron por volver a la agricultura, en una finca situada en la isla llamada Mono, ubicada en el golfo de Chiriquí.

Allí, la familia crearía un lazo nuevo y perdurable con la tierra, lo que le facilitaría alimentarse y sobrevivir en tiempos de dificultad, mientras, desde la clandestinidad seguían participando en las luchas populares encabezadas por el partido, distribuyendo semanarios revolucionarios como El Cholo, El Mazo, y El Trabajador, que preparaba el mismo Simón, con un mimeógrafo propio.

Este último tendría una vida corta, pues las fuerzas represivas localizaron el sitio donde editaba y destruyeron todos los materiales y equipos.

“El mimeógrafo con que se preparaban las hojas sueltas y publicaciones estaba escondido en un hoyo que se había construido en casa de la sobrina Joaquina Vargas de Araúz –mi abuela–. La publicación clandestina se interrumpió con su confiscación. A mi tío Simón, lo encarcelarían. Mi abuela no fue arrestada porque amamantaba a mi tía”, dice Orlando, repitiendo la historia que le contaron las mujeres de su familia.

Mientras tanto, el Partido Comunista se va transformando y cambia su nombre a Partido del Pueblo. La célula de Las Lomas se mantiene aguerrida y en la década de 1960, cuando los trabajadores de la empresa bananera Chiriquí Land Company libraban una férrea lucha de reivindicación, el Partido del Pueblo se mantuvo al frente, dando las directrices y poniendo a sus dirigentes.

“La residencia de Marita en Las Lomas, David, fue un sitio de escala, donde los perseguidos tenían un sitio para pernoctar y cumplir con escaramuzas tendientes a asegurar la clandestinidad”, documenta Orlando a través de la memoria escrita del tío Simón.

Asentamientos campesinos

Llegó el año 1968 y la lucha se transformó. Después de unos años iniciales combativos, se creó una apertura para la izquierda. María ahora estaba dentro del sistema y tenía una intervención destacada en la creación y organización de los asentamientos campesinos en el ámbito regional. “Ella colaboró para sacar adelante el asentamiento campesino Siempre Adelante, de Las Lomas, fundado el 18 de marzo de 1973, para crear organizaciones comunales que tenían como objetivo dotar a la comunidad de un cementerio, una biblioteca, mejoras de caminos, puentes…”.

Viaje a la Unión Soviética

En 1978, como un reconocimiento a la labor desarrollada a favor de la clase más necesitada, María fue invitada por el PCUS del Partido Comunista a viajar a la Unión Soviética.

“Ella viaja a la URSS en el año de 1978. Tendría yo apenas 16 años, y recuerdo particularmente las postales que me trajo del Hermitage en Leningrado, luego San Petersburgo, incluso me obsequió un puñado de piedras del balneario de Sochi (la ciudad donde los panameños jugaron para el mundial de fútbol) que aún conservo. Creo que ella atisbaba la inquietud de ese niño, que 40 años más tarde trataría de visibilizar el legado de su tía bisabuela, una mujer que contra las tempestades políticas, sociales y culturales nunca descansó para dejar un lugar mejor del que a ella le tocó nacer”.

“Gracias a sus relaciones con el PCUS, la tía Marita logró que se les extendiera becas a un número importante de muchachos de los Llanos de Bichal en las universidades de la desaparecida URSS, quienes regresaron años más tarde con títulos de ingenieros en química, minas, y abogacía, y que hoy son hombres y mujeres pujantes de Panamá y del Chiriquí de hoy”.

“Esta es la historia de la tía Marita”, dice Orlando, reconociendo que todavía le queda rescatar la memoria de otras mujeres de su familia que transformaron el mundo. “A ellas intento hacer un modesto homenaje”.

“Creo que Maria Vargas fue una mujer fuera de serie. Francisco Changmarín, en una entrevista inédita hace nueve años, la recordó con nostalgia y la llamó la nieta de Victoriano, tal vez por su beligerancia, su porte indígena y su hablar firme”, sostiene Orlando, señalando que el trabajo de Marita visibilizó la figura de El Cholo, al motivar al Ministerio de Educación a nombrar la escuela primaria de Las Lomas, en David, con su nombre. Su trabajo también fue decisivo en la fundación del colegio Félix Olivares, en David. De eso se trata parte de su legado”.

“Marita, su sobrina Joaquina (mi abuela) y su hija Míriam (mi mamá) fueron tres generaciones de maestras que cambiaron no solo Las Lomas, sino todo el panorama de la educación en Chiriquí. Joaquina fundó varias de las escuelas del distrito de San Lorenzo y San Félix, recuerda Orlando.