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10 de Aug de 2020

Nacional

Escuela de Ciudadanía Alberto Quirós Guardia, un homenaje a Betito

El recuerdo del periodista, docente y ciudadano ilumina la actividad cívica de esta agrupación que busca ayudar a sanar el sistema social panameño

La Escuela de Ciudadanía Alberto Quirós Guardia avanza en medio de la pandemia, utilizando ahora medios digitales para seguir creando espacios de reflexión cívica.

Escuela de Ciudadanía Alberto Quirós Guardia, un homenaje a Betito

Tras una temporada de inactividad, la escuela lanzará el próximo 13 de agosto el foro “Pandemia y ciudadanía”, con los expositores Carlos Guevara Mann, Eduardo Quirós y Nelva Reyes.

Cada uno de ellos expondrá sus ideas por 10 minutos para luego pasar a una sesión de preguntas y respuestas.

“Con este foro digital queremos retomar nuestras actividades de concienciación ciudadana, con el fin de facilitar la comprensión de los problemas que enfrentamos como país”, expresó a La Estrella de Panamá Irma Quirós de Correa, presidenta de la escuela creada en el año 2012.

“Betito”, la inspiración

La escuela fue inspirada por Alberto “Betito” Quirós Guardia, quien por años habló a sus hijos sobre la importancia de este tipo de organizaciones que funcionaron durante las primeras décadas de la República.

“En el año 2012, el país estaba crispado por los eventos políticos, y en una de esas polémicas, recordando las palabras de mi papá, se me ocurrió escribir en Twiter sobre la necesidad de abrir una escuela de ciudadanía. Para mi sorpresa, varias personas apoyaron la idea de inmediato”, recuerda Irma.

“A través de las redes sociales cité a una reunión en el parque Andrés Bello, de la Vía Argentina, y llegaron unas 10 personas, entre ellas mi papá, Betito, Farah Levy, Eduardo Quirós, Guillermo Márquez, Juan Antonio Tejada, Ausberto Rosas y Jadoo de Obaldía. Allí estuvimos de pie durante dos horas, conversando sobre cuál sería el siguiente paso, hasta que uno de los presentes sugirió ir a la Junta Comunal de Bellavista. De inmediato el representante Ricky Dominguez nos cedió el espacio”.

Cada lunes, durante 4 años, la escuela continuó reuniéndose en la junta comunal para tratar diferentes temas, con expositores como el abogado Jorge Giannareas; la activista María Reinat Pumarejo; Guido Rodríguez, Miguel Antonio Bernal, Guillermo Márquez Amado, Eduardo Antonio Quirós, Juan Jované, Harry Brown, el doctor Orlando Hernández, el doctor Rogelio Moreno, Teresita Yániz de Arias, Juana Cooke Camargo.

Filosofía de la escuela

“Los panameños nos pasamos criticando en las redes sociales. Todo está mal, pero no hacemos nada para cambiar el país. El cambio no se va a hacer criticando”, sostiene Irma.

“Creo que la respuesta está en la formación. Desde niños debemos entender qué es democracia, qué son los partidos políticos, para qué sirven; qué es la política. Cuando todos estemos conscientes no solo de nuestros derechos, sino también de la realidad que viven otros, y de cómo nuestra conducta afecta el sistema social, podremos avanzar como país”, concreta.

Sin duda, Irma es buena hija de Betito, quien destacó como educador, periodista, publicista y defensor de los principios democráticos.

Desde la década de 1960, su constante denuncia de las injusticias y violaciones a la ley y los derechos humanos le valieron el respeto de la ciudadanía, pero también el castigo de la dictadura militar en los años 70 y 80.

Orígenes

Betito era hijo de José Manuel Quirós y Quirós, quien en la década de 1930 fue una de las principales figuras del movimiento Acción Comunal, y posteriormente secretario de Instrucción Pública y cónsul general de Panamá en Liverpool, Reino Unido. De él, y de su madre, Petra María, heredó un profundo sentido de amor a la patria y la convicción de que no debía mantenerse indiferente ante las injusticias.

“Mi papá nos enseñó que en la unión está la fuerza”, asegura Lina Raquel, otra de las hijas de Betito, quien en un escrito publicado en Facebook recuerda cómo cada 2 de enero, en conmemoración de Acción Comunal, Betito sacaba unas varas de madera para hacer una alegoría educativa a sus hijos y sobrinos.

“Mi papá rompía la vara en varios pedazos. Luego juntaba las partes y nos animaba a que tratáramos de romperlos mientras estaban juntos. No se podía. Era su forma de mostrarnos cómo el pueblo unido podía lograr sus objetivos”, recuerda Lina.

“De él también aprendí que la responsabilidad no se delega, que uno puede y debe pedir ayuda si la necesita, pero que la responsabilidad sigue siendo de uno”, prosigue.

Desde su época universitaria, Betito mostró su compromiso por el bien común. Ingresó en la Universidad Estatal de Oklahoma, Estados Unidos, en el año 1947, en una época en que las leyes de Jim Crow mantenían una estricta separación entre negros y blancos.

“Lavaba platos en la cafetería de la universidad para ayudarse a pagar los costos de los estudios. Lo llamaban chicano, pero él siempre estuvo por encima de esos prejuicios. Formó un grupo musical llamado “Alberto y sus rumberos”; se ganó un lugar en el equipo de debate de la universidad y ganó un concurso nacional”, recuerda Irma.

“Llegó a ser presidente de la Asociación de Estudiantes Internacionales de la universidad y desde esta posición presionó para que, en 1948, la Universidad de Oklahoma aceptara a la primera estudiante afrodescendiente, Ada Lois Sipuel Fisher”, prosigue.

En 1952 obtuvo el título de economía y relaciones internacionales, y la Universidad de Harvard le ofreció una beca para seguir estudios de maestría.

“Era la época del maccartismo y reinaba un ambiente de intolerancia. El Gobierno de Estados Unidos le negó la visa de estudiante, aduciendo que era comunista. Le levantaron una investigación y no lo dejaron volver a entrar a Estados Unidos hasta muchos años después”, recuerda Irma.

Vocación

Cuando regresó a Panamá consiguió trabajó en el Departamento de Sanidad de la Zona del Canal, bajo la discriminación del sistema de “Silver Roll”.

Con los años, encontraría su gran vocación: el periodismo radial.

En la década de 1960 adquirió la estación de Radio Leblanc a la que renombró Radio Impacto, desde la cual lanzó un programa radial matutino de opinión que acaparó la atención de los panameños.

Tras el golpe de Estado de 1968, Radio Impacto siguió denunciando valientemente las violaciones a los derechos humanos.

En 1975, la estación fue prácticamente destruida en un ataque instigado por las fuerzas de la dictadura. Una turba llegó tirando piedras y haciendo destrozos.

El 20 de enero de 1976, fue sacado de su casa a la fuerza ante la mirada aterrada de sus hijos.

Su hija Lina recuerda perfectamente este momento: “Eran como las 6:00 de la mañana y mi papá iba saliendo hacia Radio Impacto. Bajó las escaleras y regresó corriendo, perseguido por unos hombres desconocidos. Yo estaba durmiendo y escuché una gritería y vi cómo mi papá cerraba la puerta a la fuerza para evitar que los hombres entraran a la casa. Colocamos el piano y un poco de sillas detrás de la puerta, pero ellos la golpearon y abrieron un boquete en la madera. Mientras tanto, afuera se habían colocado otros hombres armados. Finalmente, en medio de la gritería, se lo llevaron en un jeep. Todavía me acuerdo de la placa: 8-12662. Después supimos que ese mismo jeep se estacionaba en las noches en la casa de Manuel Antonio Noriega, entonces jefe del G2”, recuerda Lina.

“No supimos nada de mi papá en todo el día, hasta la noche, cuando sonó el teléfono, y una voz anunció que era una llamada por cobrar de Alberto Quirós. Por supuesto que acepté. Era mi papá. Estaba en Guayaquil junto con un grupo de otros exiliados: Chinchorro Carles, Roberto Eisenman, y otros. No pudo regresar al país en dos años”, recuerda Lina, a quien aquel evento dejó cicatrices emocionales que la han perseguido por el resto de su vida.

Otro episodio como este sucedió en 1979, durante la protesta de los maestros contra la reforma educativa.

“Mi papá estaba en el parque Porras, cuando unos hombres desconocidos lo agarraron y metieron a la fuerza en un carro particular. No supimos nada de él durante horas. Después nos contó que lo habían llevado a la cima del cerro Ancón y allí, amenazándolo con un arma, le dijeron que se fuera. Él estaba asustadísimo, pensando que le dispararían por la espalda. De alguna forma, bajó el cerro Ancón corriendo, tomó un bus y se alejó”.

“Siempre viví con el miedo de que a mi papá le podía pasar algo”, dice Lina.

En las décadas de 1980 y 1990, Betito se entregó a la labor de docencia en Universidad Santa María la Antigua, en la que llegó a ser decano de la Facultad de Administración.

Durante la administración de Mireya Moscoso fue director de Radio Nacional.

Uno de sus grandes amigos, el también economista y profesor Juan Jované, recuerda que Betito creía fuertemente en el institucionalismo, es decir, en la construcción de instituciones sanas al servicio del bien común. También, dice Jované, idolizaba a Martin Luther King Jr. y a Mahatma Ghandi, apóstoles de la lucha pacificista.

“Par él, los cambios estructurales-institucionales debían dirigirse a la liberación humana en una sociedad profundamente democrática y plenamente respetuosa de la naturaleza”, resume el profesor y excandidato presidencial.

Betito falleció la mañana del 15 de agosto de 2015, tras una larga enfermedad. Tenía 87 años, y murió consciente del amor que su esposa Aixa, sus hijos y sus nietos le devolvían hasta el último minuto”.

La Escuela de Ciudadanía Alberto Quirós Guardia es el homenaje que Irma y un grupo de ciudadanos desprendidos quieren ofrecer al país y a la memoria de Betito.