06 de Dic de 2021

Nacional

Viejas cuestiones siempre actuales

La violencia, o sea la tendencia a resolver conflictos a través del maltrato verbal o físico, es un trastorno de la personalidad que depende de un complejo conjunto de factores sociales y económicos

Viejas cuestiones siempre actuales
Viejas cuestiones siempre actualesShutterstock

De una brillante adolescente escuché un pequeño cuento-metáfora, y me pareció tan inteligente e ingenioso... que decidí recogerlo. Decía más o menos así: “Un hombre no puede ser verbalmente violento con una mujer, ofenderla y humillarla, y después arrepentirse, pedirle perdón y esperar que todo pueda volver a ser como antes. Porque sería como tirar al suelo un precioso jarrón y romperlo en pedazos. Tal vez la primera vez se rompa en tres o cuatro piezas, y es posible recomponerlo con pegamento... La segunda vez se romperá en siete u ocho... y quién sabe, con mucho esfuerzo y buena voluntad, será todavía posible volverle a dar el aspecto de jarrón. Pero la tercera vez se quebrantará en cien pedazos... y no habrá manera de recomponer el precioso jarrón”... que aquí está por preciosa relación... Bueno, con adolescentes de estas alturas y de tal finura de razonamiento ¡las viejas feministas podemos estar tranquilas!

Solo los jóvenes podrán marcar la diferencia

Introduje el tema de la violencia en contra de la mujer con las observaciones de una adolescente porque a pesar de más de un siglo de luchas feministas, las mujeres en el mundo siguen discriminadas y violentamente privadas de los derechos humanos más elementales, como el derecho a la vida, el derecho de vivir libres de temor, el derecho a la instrucción, a la salud, a salarios iguales para iguales trabajos... y un largo etcétera; contra estas situaciones, solo la conciencia de mujeres y hombres jóvenes podrá inhestar procesos de cambios significativos y duraderos.

Confusiones en el camino a recorrer

No voy a extenderme sobre una “confusión” que tanto daño ha hecho y sigue haciendo al movimiento feminista, y ha vuelto la palabra “feminista” una ofensa de la cual muchas mujeres consideran que deben defenderse. Por enésima vez lo decimos, 1º: las feministas no odian a los hombres, al contrario, muchas los hemos amado y los amamos muchísimo (a los que se lo merecen...); 2º: no todas las feministas son lesbianas, y si lo son, no nos importa y ¡las respetamos lo mismo!

La confusión en la cual quisiera ahondar un mínimo, es aquella que pretende asemejar la violencia en contra de las mujeres a la violencia que eventualmente sufren algunos hombres por parte de mujeres violentas, fenómeno real y que no pretendemos ocultar ni mucho menos.

La violencia, o sea la tendencia a resolver conflictos a través del maltrato verbal o físico, es un trastorno de la personalidad que depende de un complejo conjunto de factores sociales y económicos. Por ejemplo, personas criadas sin estímulos intelectuales, en situaciones de pobreza, sin educación ni formal ni familiar, en el seno de familias disfuncionales, es muy probable que desarrollen una personalidad violenta, que surge casi siempre como un sistema de “defensa” y como expresión de complejos de superioridad/inferioridad y manías de persecución, entre otros.

“Recordemos que un altísimo porcentaje de feminicidios es perpetrado por sus compañeros que no aceptan el hecho de ser abandonados, y más en general, no aceptan que las mujeres puedan decidir sobre sus vidas, sus trabajos, sus amistades, sus relaciones familiares, etc.”

De lo anterior se deduce que, por supuesto, hay mujeres violentas, responsables de conductas incalificables y desdeñables, que deben ser perseguidas por vías legales, hasta el arresto y la detención.

Pero, aun tomando en cuenta que los hombres denuncian menos la violencia sufrida por mano de una mujer por un concepto distorsionado de dignidad ofendida y “vergüenza”, en este punto nos auxilia la estadística, y sobre todo los reportes e investigaciones a nivel mundial. Números crudos, terribles, a veces hasta difíciles de creer, y sobre todo de asimilar.

Asesinato de una mujer versus feminicidio

Abro un inciso: en los noticieros de la televisión panameña se tiende a confundir los términos de “asesinato de una mujer” y “feminicidio”. La aclaración no es capciosa. Si una mujer fallece atropellada por un automovilista borracho, ese no es “feminicidio”, es “asesinato sin premeditación de una mujer”. Si una mujer integrante de una banda de malhechores muere en un tiroteo con la policía, ese tampoco es “feminicidio”. Por “feminicidio” debemos entender la muerte provocada a una mujer por el hecho de ser mujer. Muerte a mano de un hombre que pretendía ejercer un “derecho de posesión” sobre el cuerpo de la mujer. Recordemos que un altísimo porcentaje de feminicidios es perpetrado por sus compañeros que no aceptan el hecho de ser abandonados, y más en general, no aceptan que las mujeres puedan decidir sobre sus vidas, sus trabajos, sus amistades, sus relaciones familiares, etc.

El término feminicidio surge dentro de los movimientos sociales y políticos de los años 70, y entre las primeras que lo utilizó se recuerda a Diana Russel, una activista y escritora sudafricana, recientemente desaparecida, siempre en primera línea en las investigaciones y luchas en contra de la violencia hacia las mujeres. Hoy en día es de uso común en la terminología criminalista y, repetimos, en forma muy específica, define “el asesinato intencional de una mujer perpetrado como consecuencia de una supuesta trasgresión, por parte de la víctima, de los roles de género” que en determinada sociedad se consideren tradiciones y deberes morales de matriz patriarcal. Contrariamente a lo que pudiera imaginarse, países del así dicho “primer mundo” registran altísimos casos de feminicidios: Alemania, Inglaterra, Italia.

El problema en cifras

Regresando a las crudas y espeluznantes cifras, nos encontramos que, en lo referente a Europa, no todos los países proporcionan datos confiables para poder hacer estadísticas certeras. La vergonzosa clasificación, entre los países monitoreados por la oficina de estadística europea (Eurostat), ve el primer puesto en Montenegro, seguido por (voy a citar solo algunos países, en orden de mayores a menores casos): Hungría, Suiza, Alemania, Francia, Finlandia, Holanda, Inglaterra, Italia, España.

43,600 es el número de mujeres y niñas asesinadas en todo el mundo por sus compañeros o un miembro de su familia en 2012 (¡en un solo año!). Este y muchos otros datos, que por razones de espacio no podemos reportar aquí, se encuentran en la relación del Combating Violence Against Women, de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) publicada en 2016. Tenemos indicios para temer que se hayan incrementado.

Los países que registran los casos más numerosos están distribuidos “equitativamente” por todo el planeta: Rusia, El Salvador, Honduras, África del Sur. El Gobierno mexicano denuncia 508 feminicidios en los primeros 6 meses de 2021, lo cual significa aproximadamente que una mujer cada tres días muere por “exceso de amor”... ¡Es una masacre!

Cuatro ejes fundamentales de la estrategia para combatir los feminicidios:

- Prevención y educación (para ambos sexos);

- Protección: respuestas rápidas y efectivas para las víctimas de agresiones y violencias;

- Castigos ejemplares para los responsables de actos violentos;

- Fomento de los derechos humanos y 'empowerment' de la mujer.

La autora es doctora en materias literarias de la Universidad de Bologna, Italia. Ha sido docente de sociología y lengua italiana en la Universidad de Panamá.

Algunas Particularidades de los Informe Financieros
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