10 de Ago de 2022

Nacional

En la senda del ideal

En la historia de mi país no conozco inversión más productiva que la universitaria. Ni en el mundo de hoy conozco un desvelo más inteligente en los estadistas previsores y ecuánimes, que el saber invertir en las universidades para adquirir y consolidar el gran poder del conocimiento. Esta es una verdad sabida y todo ataque a la sobrevivencia de la Universidad de nuestro pueblo responde a una línea elitista que pretende concentrar el poder del conocimiento en los sectores con poder económico

En la senda del ideal
En la senda del ideal

La idea ética.

El pensamiento y el espíritu de Octavio Méndez Pereira nos han guiado en esta fase de renovación, por el valor que concedía el maestro a la tradición de la patria, por su conciencia de ser un mero eslabón en la vida de la institución y en la búsqueda del conocimiento y, sobre todo, por la preeminencia que confería a la integridad del individuo frente a la adversidad y los escollos.

Ese bagaje ético del maestro, patente en sus obras, también se vertía en sus palabras cotidianas. Recuerdo, en una experiencia imborrable, una vez que llegó a visitarnos a Penonomé. Yo, su ahijado, era niño entonces. Al verlo, quise arrodillarme para invocarle el “bendito” como era usual, pero me impidió hacerlo mientras me decía: “un hombre jamás debe arrodillarse ante otro hombre”.

Esa línea de conducta no sólo es aplicable a los individuos, sino también a las instituciones. Durante mi Administración, la Universidad de Panamá defendió con vehemencia la dignidad de la autonomía universitaria, reclamó con denuedo su lugar en la sociedad, se mantuvo vigilante ante las peripecias vitales de la nación y, sobre todo, fue consciente de la responsabilidad de conservar la identidad del panameño ante los embates de quienes confunden el inevitable proceso de integración internacional con desnacionalización, sin comprender que la identidad es, en esencia, irrenunciable.

En otro orden de ideas, es evidente que en un país con planes de desarrollo que no responda a amplios consensos nacionales, resulta difícil lograr que la Universidad someta su quehacer académico a los fines de esos programas, generalmente antinacionales e incoherentes.

“Es evidente que en un país con planes de desarrollo que no responda a amplios consensos nacionales, resulta difícil lograr que la Universidad someta su quehacer académico a los fines de esos programas...”

Aquí se impone ahora una amplia revisión de lo que entendemos por desarrollo nacional. Una especie de fijación de los nuevos ideales de la nación panameña que congregue a todas las inteligencias en su concepción y desarrollo. De allí que resulta prematuro o injusto afirmar que la Universidad no tiene políticas de cooperación o no se inserta en el esfuerzo de modernizar al país. No es cierto. Lo que no puede hacer la Universidad es seguir políticas sin brújulas fijas o lo que es peor, dirigidas con espíritu de veleta, sometidas al vaivén de intereses distintos de la concepción de patria que tiene la Universidad. Yo siempre he entendido que los fines de un Estado son el fruto de un contrato entre hombres iguales o de una imposición revolucionaria.

En nuestro medio ignoramos las reglas teóricas, una por ello, sin consentimiento de voluntades o sin el patrocinio de la violencia, la filosofía de nuestro Estado es fijada en las políticas y condiciones de los empréstitos internacionales. ¿Puede la Universidad ser acusada de no insertarse en un programa de cooperación con el gobierno cuando se imponen de fuera líneas antinacionales? La Universidad no tiene su inteligencia para alquilarla como en el Medievo de su historia, a los mejores postores de los intereses creados. De allí que la Universidad se resiste ante esas exigencias y se mantiene en sus modelos de cambio social mediante la acción de la cultura.

La Universidad está en capacidad de participar con buen juicio y brillo en una cruzada nacional que nos comprometa en un proyecto de desarrollo nacional dirigido al logro del bienestar social, que sea entendido y querido por nuestro pueblo y que tenga la virtud de congregar en su médula y en su entorno el entusiasmo nacional. Mientras tanto, no se señale más a la Universidad como institución que permanece de espaldas a la realidad nacional. Y seamos reiterativos: lo que hace la Universidad es incorporarse al torbellino de la improvisación, del oportunismo y de las políticas de desarrollo antinacionales.

Señores: A pesar de los logros, mi gestión ha estado presidida por una constante preocupación: el problema presupuestario y los retos de la Universidad. El saber que a la Universidad deben ingresar miles de jóvenes que con idoneidad y sueños desean profundizar sus conocimientos, el saber que la educación de hoy y de mañana demanda ingentes recursos por sus variantes científicas y técnicas, y el saber que en algunos sectores elitistas se sustenta la tesis de la marginación de las universidades estatales de los renglones presupuestarios, estos retos que van implícitos en las preocupaciones planteadas, nos llevan a sostener que estas realidades deben ser sometidas al debate público para vigorizarse, para enmendar lo que debe ser enmendado y para mantener el objetivo irrevocable de democratizar más y más la enseñanza superior, entendiendo por democratizar el ofrecer a nuestro pueblo nuevas y mejores alternativas académicas.

Lo que no puede admitirse es que se tenga como válida la concepción de una Universidad sin atención adecuada y preferente dentro del cuadro de lo prioritario, alegando que en términos económicos, la Universidad no es productiva o rentable.

En la historia de mi país no conozco inversión más productiva que la inversión universitaria. Ni en el mundo de hoy conozco un desvelo más inteligente en los estadistas previsores y ecuánimes, que el saber invertir en las universidades para adquirir y consolidar el gran poder del conocimiento. Esta es una verdad sabida y todo ataque a la sobrevivencia de la Universidad de nuestro pueblo responde a una línea elitista que pretende concentrar el poder del conocimiento en los sectores con poder económico. Esa alternativa no resulta democrática y debe ser repudiada con energía.

Se habla de los retos del siglo XXI. Yo no deseo ser un pastor de quimeras y prefiero enfrentar los retos de lo cotidiano. El tiempo es uno solo y en él cabalgan las realidades presentes que reclaman soluciones hoy. No debemos arrastrar lo deficitario y llevarlo como tributo en rojo al siglo XXI. Al igual que en las noches de los 31 de diciembre, ante el siglo XXI revisamos lo actuado y formulamos promesas.

En ambos momentos los hombres se enfrentan al día siguiente a lo que es habitual. Al vivir la Universidad lo cotidiano, se vive el deseo profundo de consolidar la misión nacional y universal de la Universidad, sobre todo su proyecto de transformar la sociedad, para hacerla libre y culta. Libre, para defender la identidad nacional y los valores superiores del espíritu; culta, para que entienda y dialogue con la vida y con el maravilloso mundo que amanece cada día con nuevos encantos para la existencia, pero también con el peligro de que en sus nuevas estructuras sociales se abandone la educación del pueblo, de los más humildes y sea vedado el conocimiento, como fuente del poder de la sociedad moderna. He allí la importancia y la razón de la atención presupuestaria para la Universidad del Estado que también debe renovarse incesantemente como la propia sociedad.

Con mi habitual respeto, solicito al señor Presidente de la República que no desatienda a nuestra Universidad en sus necesidades, que no desatienda la norma legal que prohíbe el desmejoramiento de nuestro presupuesto y que entable como política de gobernante enfrentar las necesidades crecientes de la casa de Méndez Pereira. Que rechace la política de rudeza selectiva en perjuicio de la Universidad. Esta solicitud la presento con el total convencimiento de que en homenaje al hoy y al mañana de la educación de nuestro pueblo, la Universidad contará con su apoyo.

En síntesis, al traspasar la conducción de la Universidad al nuevo Rector, Dr. Gustavo García de Paredes, le transmito no sólo los mejores deseos de que cumpla con una gestión ejemplar, sino el acervo de preocupaciones y metas que, como universitarios y panameños, hemos compartido. A él corresponderá, además de la realización de sus propios planes y objetivos, completar y consolidar la tarea de renovación institucional y democrática que está en marcha.

Con respecto a lo acontecido en los últimos tres años, podría resultar riesgosa o petulante una evaluación definitiva; pero sí se puede afirmar, contra toda recusación o mala fe, que en su transcurso hubo tesón, entrega y voluntad superar los fallos heredados y de avanzar hacia la luz. De todas formas, me despido convencido, de que el último balance corresponde al porvenir, juez inapelable y de ordinario, justo.

Parte del discurso de finalización del periodo como Rector de la Universidad de Panamá del Dr. Carlos Iván Zúñiga Guardia. 30 de septiembre de 1994

Joe Louis, ídolo de mi infancia
En la senda del ideal

FICHA

Un vencedor en el campo de los ideales de libertad:

Nombre completo: Carlos Iván Zúñiga Guardia

Nacimiento: 1 de enero de 1926 Penonomé, Coclé

Fallecimiento: 14 de noviembre de 2008, Ciudad de Panamá

Ocupación: Abogado, periodista, docente y político

Creencias religiosas: Católico

Viuda: Sydia Candanedo de Zúñiga

Resumen de su carrera: En 1947 inició su vida política como un líder estudiantil que rechazó el Acuerdo de bases Filós-Hines. Ocupó los cargos de ministro, diputado, presidente del Partido Acción Popular en 1981 y dirigente de la Cruzada Civilista Nacional. Fue reconocido por sus múltiples defensas penales y por su excelente oratoria. De 1991 a 1994 fue rector de la Universidad de Panamá. Ha recibido la Orden de Manuel Amador Guerrero, la Justo Arosemena y la Orden del Sol de Perú.