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25 de May de 2020

Política

Quiero ser bombero

Quién de niño no soñó con ser bombero. El Presidente de la República, a diferencia de los cientos de miles de niños panameños, sí pudo l...

Quién de niño no soñó con ser bombero. El Presidente de la República, a diferencia de los cientos de miles de niños panameños, sí pudo lograr convertir ese sueño en realidad. El benemérito Cuerpo de Bomberos de Panamá, en una jugada maestra de relaciones públicas que amerita ser objeto de estudio en las universidades, se limpió la cara, dejó atrás los años de escándalos públicos y corrupción, y logró sus objetivos presupuestarios.

Nadie en este país ha podido tocar con tanta maestría y arte el punto G del primer magistrado del país para lograr obtener los recursos necesarios por tantos años aplazados.

Es que haber logrado llenar ese vacío aspiracional de un ser humano, especialmente de un Presidente, les valió conseguir los 19 millones de dólares que les hacía falta para carros bombas, equipo, uniformes y entrenamiento. No salieron a la calle, no hicieron protestas o huelgas, no fueron a los medios de comunicación. Fueron muy inteligentes. Le concedieron al Presidente de la República el grado de Coronel Honorario del Cuerpo de Bomberos.

Lo vistieron con su traje de gala, le pusieron los grados y celebraron un acto solemne en los predios de la Cancillería con la presencia de ministros y familiares. Es el único acto que fue cubierto dos veces con dos juegos de fotos (42) y un video en la página web de la Presidencia. Este extraordinario caso de estrategia política se diseñó basado en ese sueño que todos los niños varones llevamos adentro: ser bomberos.

Los bomberos aprendieron a jugar con el rol simbólico. Encaja muy bien cuando se conoce lo aspiracional o lo carente del sujeto. Al llenar el vacío se completa la parte de la personalidad que hacía falta.

Son tiernas las fotos del Presidente retratado con su señora madre. Ambos se tocan las caras. Él con su uniforme de bombero. Ella, feliz por tener un hijo que ha logrado realizar todos sus sueños (incluyendo ser bombero). Nada se dejó al pudor o a la discreción. Esa felicidad o “jouissaince”, como decía el maestro Lacan, había que divulgarla para cumplir su cometido.

Porque no es lo mismo vestirse de bombero y disfrutar el rol en la privacidad de una recámara que ejercerlo a la luz pública y debidamente sancionado por las fórmulas legales.

Los bomberos fueron un poco más allá. También le otorgaron el grado de coronel al viceministro de Gobierno y Justicia. Tanto al que autoriza como el que ejecuta el presupuesto se los metieron en el bolsillo. Me quito el sombrero frente a tanta astucia. La trama fue perfecta. El viceministro también se engalanó con los uniformes de los bomberos pero hábilmente reservó los espacios para el Presidente. Para éste fue un “petit jouissaince”.

Lo que más me preocupa de todo este teatro de lo absurdo es la posibilidad de que los coroneles honorarios se crean bomberos. Ahí tendríamos un problema de seguridad nacional, cuando el personaje se cree que el cargo y el grado proferido lo autoriza a ejercerlo como tal, olvidando el rol que está facultado a ejercer. Un presidente bombero está destinado a apagar fuegos. Completada la parte que falta, ¿después qué?