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01 de Mar de 2021

Política

¿Aparatos filantrópicos o partidos políticos?

PANAMÁ. La crisis de los partidos políticos es la crisis de una cuestión política de la mayor significación, ya que pone en evidencia la...

PANAMÁ. La crisis de los partidos políticos es la crisis de una cuestión política de la mayor significación, ya que pone en evidencia la naturaleza misma de la democracia panameña. Es la cuestión de nuestra restringida representación democrática lo que se ha convertido históricamente en un real escollo para garantizar una verdadera participación ciudadana. Sin embargo, la visión convencional de la democracia liberal ha reducido la participación ciudadana a un único instrumento, los partidos políticos.

Es en este contexto que surgen los problemas institucionales de esta democracia criolla y nos abre, a partir de Norberto Bobbio, la clásica fórmula de Abraham Lincoln: ¿Cómo pasar de un gobierno formalmente del pueblo a un gobierno realmente para el pueblo?

Los partidos políticos son lo que usualmente llamamos una estructura de intermediación, ya que vincula a los ciudadanos con el poder del Estado. Empero, el Código Electoral de Panamá vigente, en su artículo 42, sobre la naturaleza de los Partidos Políticos, dice lo siguiente. ‘Los partidos políticos son organismos funcionales de la nación’. No obstante lo esbozado, este enunciado es incorrecto e introduce posiblemente sin proponérselo, la imagen de la partidocracia en el sistema electoral y político. Es incorrecto plantear que los partidos políticos satisfagan necesidades políticas de la Nación panameña, ya que si hay alguna relación política ‘funcional’, esta es por definición con el Estado. Con todo, ello pone en evidencia la poderosa carga ideológica que el ‘legislador’ alimentaba a la hora de consagrar en el código electoral, la fuerte centralidad de estas instancias de participación en el imaginario político institucional del país.

¿PATRIMONIALISMO POLÍTICO?

Fue el escritor y premio Nobel de Literatura (1990) Octavio Paz, quien utilizó el calificativo de Ogro Filantrópico para caracterizar las desmedidas tendencias centralizadoras, burocráticas y clientelistas del Estado en las sociedades latinoamericanas. En la visión de Octavio Paz, el Estado latinoamericano le era fascinante por ostentar una doble condición: ser heredero del Estado patrimonialista español y por la otra, un instrumento de la modernización de nuestras sociedades. Una paradoja aparentemente difícil de resolver.

Se recordará que en Max Weber, el patrimonialismo en el Estado caracteriza el dominio patriarcal que un señor ejerce sobre las masas por medio de un aparato burocrático configurado por allegados incondicionales al señor. En la visión de nuestro Nobel de Literatura, el Estado impregnado de una fuerte dosis de arbitrariedad intentaba introducir su contrario —la racionalidad—, en la gestión de la sociedad. Autoridad patriarcal y arbitraria como impronta en el Estado latinoamericano llevando de la mano una sociedad a la modernidad, era la relación que asombraba a Paz.

Los partidos políticos en Panamá pueden caracterizarse de manera parecida y logran generar en alguno que otro, igual fascinación. La mayoría tienen dueño, son patrimoniales y pretenden simular que en ellos descansa el origen de la legitimidad política en nuestro país. Sin embargo, es de todos conocido el dominio que tienen los partidos en nuestro sistema político y lo arraigado que está en la cultura política del panameño y panameña la referencia permanente al partido político como forma de inclusión social y económica.

Con todo, a más de un siglo de la aldea, los perímetros amurallados que separaban San Felipe de Santa Ana siguen aprisionando nuestras mentes. Aferrados a una cultura política de esquemas no concebimos otras formas de participación/representación política que garanticen y reflejen los sentimientos de la ciudadanía, que no sea la patrimonialista, como forma de dominación política tradicional. Contrasta con lo anterior una ciudadanía cada vez más ampliada y racional que incorpora y reclama de manera efectiva el ejercicio de derechos sociales, ambientales, étnicos y de género, entre otros, y que es, en definitiva, la única fuente de legitimidad política.

¿QUÉ ES LA PARTIDOCRACIA?

El término partidocracia se utiliza para caracterizar la presencia cada vez más dominante de los partidos de masas en las sociedades modernas. No obstante, el contenido despectivo que el término tiene, se debe básicamente a la crítica que desde ella se ejerce a un sistema político que permite la condición casi monopólica que tienen los partidos como instrumentos de participación y organización de la vida política en nuestras sociedades. Esta prerrogativa de ocupar casi todos los espacios de la sociedad es lo que denominamos partidocracia.

Pero son los estudios de las instituciones políticas los que han creado un inusitado interés, tanto por los análisis sobre la participación ciudadana como los de la legitimidad política. Los partidos políticos son una forma de institucionalidad que dentro de la tradición occidental pareciera garantizar ambas cosas. En el caso de Panamá, resulta ¿complicado? caracterizar este zoon politikon aristotélico (animal político) que se nos presenta y simula la mayoría de las veces, ser un partido político. Pero ¿qué es un partido político?

Un partido político es un instrumento de participación política, cuya plataforma programática y estructura organizativa permite debatir y vincular entre sí demandas de diversos sectores desde la sociedad civil e introducirlas como agregados de temas o problemas en la agenda del Estado para su resolución. De ahí la figura de Bobbio al decir que los partidos políticos tienen un pie en la sociedad civil y el otro en las instituciones del Estado.

PARTIDOS O APARATOS

Los partidos políticos en una visión clásica, permiten establecer la distribución de intereses y del poder ciudadano. Esto se realiza por su papel en la formación de la voluntad política de los integrantes de la sociedad y por su impacto ‘benéfico’ en la cultura política de un país. Pese a lo esbozado, la politóloga Susan C. Stokes plantea que los partidos políticos no constituyeron un elemento central en la definición de la democracia formal, llegaron después. Para nuestra autora, hay dos tipos de explicación en la emergencia de los partidos. Contribuyen en las instancias legislativas a su estabilidad; como resultado de los diversos intereses y conflictos en la sociedad, los partidos ordenan y canalizan la movilización popular.

Pero los partidos están en crisis, una crisis que pone en entredicho, no sólo su papel de vínculo entre el sistema social y el sistema político; como también su rol de ser la expresión ordenada y legítima de la voluntad ciudadana. Es una modalidad de representación política que no reconoce la diversidad y complejidad de nuestras sociedades lo que está en crisis y en ella, el cuestionamiento a un instrumento de participación democrática que se asemeja más a un aparato burocrático de poder que a un partido político con vocación de poder ciudadano.

DEFINIENDO EL FINANCIAMIENTO

Que los partidos políticos estén orientados hacia el Estado no es nada nuevo bajo el sol en los sistemas políticos democráticos. Lo que es nuevo es el proceso de despolitización masiva que estos aparatos burocratizados de poder construyen como cultura política, especialmente en Latinoamérica: filantropía y clientelismo. Particular atención merece esa nueva especie emergente de zoon politikon aristotélico, como es el partido ‘atrápalo todo’ (catch-all). Al final del camino, lo que tenemos son partidos manejados por élites que ejercen el papel de aglutinador político en beneficio de los intereses de estas mismas élites, y que tienen al Estado como un instrumento de acumulación. La cuestión del financiamiento público de los partidos políticos tiene que ser reflexionada en este contexto.

Al final, dos argumentos tienen que ser sopesados: En qué medida la ausencia del financiamiento o subsidio electoral expone a los partidos realmente existentes a ser presa o rehenes de la influencia de los poderes económicos. O en qué magnitud, el apoyo público tiende a fortalecer la burocratización de los partidos, distanciándolos de los intereses y sentimientos de las grandes mayorías, promoviendo tomas de posición partidarias acordes a las exigencias del poder estatal.