18 de Ago de 2022

Política

Santa Librada, entre el mito y la identidad

PANAMÁ. La religión sirve de aglutinador de comunidades tradicionales con un grado significativo de endogamia. La importancia de Santa L...

PANAMÁ. La religión sirve de aglutinador de comunidades tradicionales con un grado significativo de endogamia. La importancia de Santa Librada en la identificación social de la población santeña tiene un rico caudal hermenéutico con una historiografía digna de ser estudiada.

Lamentablemente el espacio disponible sólo permite un esbozo del tema, pero abre la posibilidad de una línea de investigación basada en la Fenomenología de la Religión como recurso metódico.

LA TRADICIÓN ESPAÑOLA, ENTRE LA HISTORIA Y EL MITO

Según la tradición española, mezcla de realidad y leyenda, difundida por la obra de Diego E. González Chantos Illauri (1808), Liberata nace en Balcagia, la actual Baiona (Bayona) de Pontevedra en Galicia (España), por el año 119 siendo hija de Lucio Castelio Severo, gobernador romano de Gallaecia y Lusitania y de su esposa Calsia, quien da a luz en un solo parto a nueve niñas. Asustada Calsia, por el múltiple alumbramiento y temiendo ser repudiada por infidelidad conyugal decide deshacerse de las criaturas y se las encomienda a su servidora Sila, ordenándole que las ahogara en el río Miñor.

El Leccionario Seguntino del siglo XII describe la condición del parto y revela los prejuicios dominantes de la sociedad ibérica de la época: ‘Y acontesció por disposición divina que la sobredicha reyna se empreñó del rey e de un parto parió nueve hijas… Y considerava, que si se supiesse, que sería a ella gran oprobio a su linaje y que sería al rey su marido gran offensa si tal cosa della se dixesse; lo qual, aún a los puercos o a otras animalias es cosa monstruosa.’

Sila, devota cristiana, las deja con familias amigas y son bautizadas por el obispo San Ovidio con los nombres de Genivera, Liberata, Victoria, Eumelia, Germana, Gerna, Marsia, Basilia y Quiteria. Años después su padre, al saber que sus hijas habían sido criadas cristianas, les pide renuncien a su fe a cambio de vivir con la holgura de su linaje y acuerda matrimonios con nobles de la región. Ante la renuencia de las jóvenes las encarcela, pero logran huir con ayuda de esclavos. Todas acabarían siendo mártires cristianas. La devoción popular sitúa a Liberata mártir en la cruz a la edad de 20 años el 18 de enero del 139, sacrificada con su hermana Marina.

LA LEYENDA PORTUGUESA, LA SANTA BARBADA

La leyenda lusitana sigue la tradición gallega, por lo menos en el nacimiento, martirologio y encubrimiento del parto por el temor de la madre. Esta mártir de Portugal es el resultado de la combinación de varias leyendas unidas por la imaginación popular. Entre los detalles del hecho se habla de una de las nonellizas que vivió en el siglo VIII. Siendo niña, fue prometida en matrimonio por su padre, el rey de Portugal, al rey moro de Sicilia. Para evitar el casamiento tomó voto de virginidad, dejó de comer y oró a Dios para que la convirtiera en un ser repulsivo. En respuesta a sus oraciones le creció vello en todo el cuerpo y barba, con lo cual el pretendiente rompió el compromiso y partió. Iracundo, el padre la mandó crucificar. Un posible caso de anorexia nerviosa que la convirtió en Santa Wilgefortis (del latín Virgo Fortis), cuyo significado es Virgen Fuerte con la cual se identificó a Liberata posteriormente.

LA VERSIÓN GERMÁNICA, UNA ANALOGÍA FIGURATIVA

Con la difusión de copias xilográficas del Volto Santo en la Europa medieval la imagen ya no se reconocía como Jesucristo crucificado, sino como una mujer padeciendo martirio. Esto aumentó la confusión con Liberata, al fusionarse la leyenda de la Wilgefortis portuguesa con la imagen de la Hilge Vartez germana. Esta mistificación representa la mártir crucificada y no decapitada como señala el Leccionario Seguntino y preocupa a la propia iglesia de Sigüenza, Chantos Illauri señala a finales del siglo XVIII: ‘El nombre de Wilgefortis fue lo que más destrozos hizo en nuestra gloriosa Patrona: no sólo transformó su imagen poniéndola en cruz, habiendo sido degollada, trastornó el día de su martirio y solemnidad, pues siendo siempre del 18 de enero, hizo que se celebrara el 20 de julio’. En Bula de Inocencio IV se autoriza la celebración de las fiestas de Santa Librada el día 18 de enero desde el año 1254, lo que se hizo hasta el año 1624 cuando se cambia al día 20 de julio al creerse que era la Santa Wilgeforte y haber padecido ésta su martirio en esa fecha. Culto colonial y construcción identitaria.

El culto a Santa Librada en el Istmo se remonta al año 1693 al ser nombrado Diego Ladrón de Guevara (1641-1718) Obispo de Panamá, quien solicita al Obispo de Sigüenza una reliquia para honrarla en la Catedral istmeña en proceso de construcción. ‘En el año 1693 la Catedral y Tesorero de Panamá en Indias pidió también reliquia de la Santa. Y concedida y remitida, escribió el Obispo su recibo y que estaba muy extendida su devoción por todo el obispado…’ D. E. González Chiantos. De la reliquia de esa fecha no hay información y posiblemente se haya perdido en uno de los incendios de la Catedral o confundido con otras osamentas, también es probable que el prelado haya introducido el culto al sitio de Las Tablas, en donde funda una Ermita con advocación a la Santa.

No hay estudios de los proceso de consolidación de las estructuras familiares durante la colonia tableña y alrededores —realizados parcialmente para Natá, Penonomé, Panamá y Veraguas— pero es presumible, por la prevalencia de algunos apellidos, que hubo una tendencia a desdibujar las diferencias originarias a favor de una identificación regional mediante uniones endogámicas, mantenidas hasta mitad del siglo XX, reforzada por un virtual aislamiento geográfico y sacralizada por las creencias religiosas.

En el caso que nos ocupa, el culto religioso adquiere una función reguladora que permea todos los estamentos y diseña prácticas que trascienden generacionalmente. La siembra, los sacramentos y la vida social, hasta la sanción política están bajo la tónica religiosa, la cual se convierte en elemento identitario y de asimilación. Numerosas son las leyendas de parturientas, naufragios, lides militares y apariciones que sirven de referentes a esta forma de participación, pero en particular aquellas en que la Patrona es el ícono salvador de situaciones difíciles, como en el caso de las apariciones durante la Guerra de los Mil Días y la sanción caudillista de Belisario Porras, supuestos míticos para un ejercicio desconstructivo.

El efecto más devastador para el papel identitario asignado a la Santa Librada han sido las derivaciones del regionalismo que generó. El impacto de la manipulación mediática ha desplazado su función de acumulador social y la ha reemplazado por escenarios de amplia participación, pero efímeros y coyunturales, como los carnavales, el béisbol, fiestas patronales o el folclor. Una crítica del fenómeno es imperativa para la construcción de nuevos modelos de identidad como formas de convivencia.