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17 de May de 2022

Política

En busca del significado de la Natividad de Jesucristo

PANAMÁ. Para cualquier observador curioso, la Navidad, como cualquier festividad humana, se encuentra sustentada por costumbres y ritual...

PANAMÁ. Para cualquier observador curioso, la Navidad, como cualquier festividad humana, se encuentra sustentada por costumbres y rituales que generan un imaginario sacro-pagano que orienta su celebración, al tiempo que matiza sus posibles variaciones expresivas y significados. Por tal razón, considerar que las Navidades son una oportunidad para exaltar las tradiciones religiosas del cristianismo es correcto. De igual forma, decir que las Navidades son una oportunidad para que los individuos generen comportamientos consumistas mediante la compra excesiva y desmesurada de mercancías y servicios es igualmente correcto. Pero también, sostener que la Natividad es un evento, dentro de la cronología temporal del año, oportuno para promover sentimientos de alegría y camaradería más allá de su significado mágico-religioso, entre otras consideraciones humanas, resulta válido.

ENTRE LAS CREENCIAS Y EL CONSUMISMO

Así, cada año vislumbramos por estas fechas una serie de escenificaciones hogareñas relacionadas a la Natividad (arbolito, luces de colores, figuras antropomorfas de santos cristianos, imágenes de personajes alusivos a la navidad comercial, como Frosty, Rudolf y Santa Claus, entre otros). Además, las muy famosas pero en claro declive villas navideñas, que engalanan creativamente calles y avenidas de barrios y vecindarios metropolitanos y del interior de la república, con sus foquitos de colores contrastantes, sus nacimientos exuberantes y los muy recordados cánticos navideños, que al tiempo que engalanan la atmósfera nocturna de estas fechas, crean un ambiente de camaradería entre vecinos, amigos y familiares. Todo ello edifica, en el imaginario colectivo, la esencia tan añorada de comunidad.

A este escenario hay que agregar las tradicionales misas religiosas que conmemoran el nacimiento del ‘Salvador del Mundo’, con las representaciones dramáticas de la Natividad; las cuales, se realizan indistintamente en ciertas zonas del país.

Ahora bien, por estas fechas los establecimientos comerciales se engalanan con colores alusivos, al tiempo que ofertan un sinfín de posibilidades para adornar la casa, el arbolito y el nacimiento; además, como la fiesta se encuentra arraigada, a su vez, en un espíritu consumista, que al tiempo que legitima los gastos excesivos genera un sentido casi religioso de placer por comprar ropas, electrodomésticos, cachivaches, chucherías y bisutería, entre otras mercaderías de interés para los sentidos.

EL AMBIENTE URBANO DE LA NAVIDAD

De esta forma, cada Navidad es posible vislumbrar en los centros comerciales y malls una masificación de consumidores y consumistas, en busca de cosas para comprar, un espacio para entretenerse y compartir con conocidos y amigos; asistir a eventos o espectáculos musicales y escénicos, entre otros. Así, dentro de una atmósfera muy parecida a la vida (simulacro), los individuos al tiempo que son persuadidos por una racionalidad hipper-consumista, pululan eufóricos dentro de los ‘templos comerciales’, creados por la sociedad de consumo.

Ahora bien, esta casi imperativa relación entre la Navidad y el consumismo, no son la única forma expresiva de los múltiples significados que pudieran suscitar estas fechas en el imaginario humano; sin embargo, el aspecto económico (consumismo) y el sociocultural (navidad), tienden a crear condiciones óptimas para que las estructuras mentales y psicológicas de los individuos asocien los mecanismos publicitarios de las promociones comerciales navideñas, con formas de gratificación existencial. No percibir este vínculo sociológico es negar el evidente manejo subliminal que se ha hecho de la natividad por parte de empresarios, corporaciones y franquicias, una suerte de mimetismo mercantil.

SOBRE EL ORIGEN

La Navidad, entendida como la Natividad de Jesucristo, tiene un origen en la festividad del dios romano Saturno y la celebración del Nacimiento del Sol Invicto (solsticio de invierno), las cuales se celebraban curiosamente el 25 de diciembre de cada año en la antigua Roma. Así, y tomando en consideración, ante todo, la posible conversión al cristianismo de la gran población pagana de ciudadanos romanos del siglo IV d.C., en el año 350 el papa Julio I exigió que la fecha del nacimiento de Jesús fuera la misma.

Y a para principios del siglo XIX, el Conde de Volney en su libro Las Ruinas de Palmira esboza la opinión de que Cristo no existió y que más bien fue un artificio literario de algunos eclesiásticos moralistas, que asociaban su existencia con el dios sol (CHIS). No obstante, a pesar de esta explicación poco ortodoxa y de algunos intentos de abolir la festividad por parte de reformadores protestantes como es el caso de los puritanos y los testigos de Jehová, la navidad ha sabido sobrevivir por su capacidad y flexibilidad de ajustarse al momento histórico y a las diferencias culturales.

MUNDO DE SIGNIFICADOS CAMBIANTES

Como ya se ha sugerido, el hombre ha creado con la celebración de la Navidad una suerte de festividad que encaja fácilmente en cualquier sociedad occidental del siglo XXI (con excepción de las comunistas; las islámicas y budistas orientales), salvo por el hecho judeo-cristiano, el cual cada vez más se ve opacado por el auge consumista e individualista de los individuos.

Esto sugiere, aunque no es un hecho probado, que la Navidad gracias a su amplia capacidad de matizarse está perdiendo su propósito originario, el cual era conmemorar el nacimiento de Jesucristo; y en cambio, se encuentra en un proceso de adoptar y constituirse en una festividad indiferente al significado que la originó en primer lugar. ¿Podría esto sugerir que el cristianismo se encuentra en un periodo de decadencia?

Responder a esta pregunta no es importante, ya que indiferentemente a su respuesta, el ser humano posmoderno y global se encuentra edificando su identidad sociocultural en cada momento y en cada instante de su vida, lo que trastoca poderosamente el significado de todo. Así, el significado de las navidades de mediados del siglo XIX de Charles Dickens fue muy diferente al significado del hombre de mediados del siglo XX, y aún más distante del imaginario de individuo actual.

No es posible alegar que las navidades sean un mecanismo de control social ideológico, que busca la domesticación de los individuos; menos es posible aún sostener la tesis que asegura que la navidad tiene de manera determinante un matiz espiritualista o mágico-religioso. Ello no compagina con el hombre contemporáneo sumido en incertidumbres y desencantado de conceptos de orden y progreso de la civilización moderna.

El hombre de hoy está significativamente alejado de todo discurso totalizador y vive su situación existencial de manera cónsona con las demandas de su realidad social cotidiana. Por ende, toda tradición y costumbre religiosa pierde su encanto sacrosanto, y en lugar de esta unidimensionalidad antropológica de naturaleza espiritual, el hombre moderno se instala en el advenimiento del mundo de los objetos, los cuales definen poderosamente quién eres. Así, en este mundo de significados pluridimensionales, la celebración de la navidad no es más que una oportunidad para ser consumistas, interactuar con otros y constituir, en el mejor de los casos, un acercamiento con las tradiciones humanas, fundadas principalmente en la conmemoración colectiva de la natividad de Jesucristo.