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28 de Ene de 2023

Política

Afrodescendientes: víctimas por el color de su piel?

La población negra en el Istmo de Panamá, tiene su génesis en la explotación de nuestra posición geográfica. A partir del periodo Coloni...

La población negra en el Istmo de Panamá, tiene su génesis en la explotación de nuestra posición geográfica. A partir del periodo Colonial, esclavos originarios de África, sirven de cargadores para las mercaderías que fueron transportadas del litoral Atlántico al Pacífico. Ulteriormente, para la construcción del Ferrocarril, (1850-1855) y el fallido proyecto del Canal Francés, (1880), negros provenientes del Caribe, substancialmente de Jamaica, se incorporan como trabajadores en estas importantes obras. Finalmente para el magnánimo proyecto del Canal de Panamá, también arriban al istmo obreros procedentes de las islas del Caribe principalmente Barbados.

Esta histórica y numerosa presencia del negro en la vida social Panameña, a pesar del impacto que ha tenido en todos los aspectos de nuestra realidad, no ha sido valorada ni ponderada como en verdad se merece. Las condiciones materiales de la población negra fundamentaron y justificaron la existencia de prácticas racistas y discriminatorias hacia ella a lo largo de la historia de la sociedad panameña. Lo que cristalizó en un régimen social de exclusión de este componente humano en los aspectos y dimensiones estructurales fundamentales del país. (Maloney Gerardo. Sectores y Movimiento Negro en Panamá).

LA VICTIMIZACIÓN Y CRIMINALIZACIÓN DE LOS AFROPANAMEÑOS.

Según cifras de los últimos Censos de Población y Vivienda celebrados, el pasado año 2010, nuestro país registra una población de 3,405, 813 habitantes, de esta totalidad, los datos indican que 313,289 habitantes son afro descendientes, es decir, pertenecientes a la etnia negra, representando en términos porcentuales el 9.2% de la totalidad. Cifra que ha sido cuestionada por la manera en que fue medida la población afrodescendiente. No obstante es importante destacar esta cifra, debido a que, la población Afropanameña es constantemente victimizada por medio de procesos de criminalización, fundamentados en vetustos modelos Lombrosianos que incriminan y estigmatizan a este grupo social, bajo consideraciones de peligrosidad y predisposición criminal atribuibles a su condición étnica.

La criminalización ha sido empleada como un mecanismo de control social para intimidar, neutralizar, inhibir y hostigar a grandes grupos poblacionales, estas acciones de disuasión se construyen e implementan desde distintos ámbitos, pero fundamentalmente a partir de las instituciones de control social formal, (ley penal, Policía, Ministerio Público, Sistema penitenciario, etc.) derivándose estas acciones en modalidades de vulneración de los derechos humanos.

La criminalización está condicionada por el poder, es decir, quien ejerce el poder cataloga, bajo ciertos estereotipos y circunstancias coyunturales, a las personas que deberán ser objeto de criminalización. De este modo coloca en la opinión pública una imagen de la persona ‘delincuente’ con elementos clasistas, étnicos, etáreos, de género, de nacionalidad, etc. No hay justificación científica alguna que hoy permita afirmar la existencia de grupos étnicos superiores o inferiores, menos para pensar que existe en tal o cual etnia algún o algunos genes que la hagan más inclinada a la delincuencia en general. El que algunos grupos étnicos se hallan más representados en las estadísticas criminales, se debe a causas ajenas a supuestos caracteres étnicos favorables al delito.

LA ESTIGMATIZACIÓN DEL NEGRO

Aunado al proceso de criminalización antes expuesto, es determinante incorporar a nuestro análisis, lo que Erving Goffman, denominó estigmatización, pero no de aquellos que presentan malos antecedentes morales, sino de los que pertenecen a ciertos grupos étnicos y religiosos que son objeto de este proceso, como medio para eliminar a estas minorías de las diversas vías de competencia y participación social. El término estigma será utilizado, para hacer referencia a un atributo profundamente desacreditador.

En nuestro país es evidente observar, cómo en las acciones policiales y otros procesos de control social, por lo regular pertenecer a la población Afro descendiente, convierte selectivamente al ciudadano en un presumible delincuente, (atenuadamente sospechoso) esa presunción, no es más que el producto y la consecuencia directa de un imaginario social, que construye el delito a partir de tu procedencia étnica, pero sobre todo, por el color de tu piel. Estas acciones, si bien es cierto operan en escenarios e interacciones directas, (policía – ciudadano) pero además se hacen presentes, en otras dimensiones que macrocriminalizan y macroestigmatizan a amplios sectores poblacionales, es decir, a comunidades en general.

No es un secreto, que en nuestro país multiétnico y pluricultural aún persisten formas o modalidades consuetudinarias, de rotulación y estereotipaje criminal, hacia la población Afro descendiente; esta práctica que ya hemos descrito desde la visión de los mecanismos formales, también opera desde los grupos que se identifican como no negros. Estas acciones son evidenciables, en los despliegues noticiosos de los medios de comunicación, en sitios de esparcimiento y recreación, y en algunas áreas residenciales en donde la presencia negra es sinónimo de ‘maleante’.

REFLEXIONES FINALES

Reflexionar sobre este tema, resulta una tarea compleja, no solo por las dificultades conceptuales para el análisis y descripción del tema, sino por las experiencias propias y personales que nos hace parte del problema. Lo que realmente resulta difícil, es el hecho de poder escribir este artículo y separar de mi sentir, pensar y escribir, todas aquellas situaciones y episodios de criminalización, y estigmatización de que hemos sido víctima, como lo han sido y serán muchos panameños Afro descendientes, por el hecho y la condición étnica de ser negro. Esta reflexión ha procurado, tocar un tema real, no imaginario, que cada día cobra vigencia, en las calles y barrios de nuestro país, que vulnera, intimida y restringe el accionar de nuestra comunidad étnica, especialmente nuestros jóvenes, quienes terminan por internalizar la lógica del desacreditado, dinámica donde el sujeto acepta el estigma, porque así interpreta y se siente calificado y señalado por los otros.