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04 de Mar de 2021

Política

La elección se gana con la emoción y no con la razón

PANAMÁ. Richard Davis le recomendó al candidato presidencial panameñista, Juan Carlos Varela, al poner el pie en su campaña para llegar ...

PANAMÁ. Richard Davis le recomendó al candidato presidencial panameñista, Juan Carlos Varela, al poner el pie en su campaña para llegar al Palacio de las Garzas: el norte es ‘enfocarse en lo que el pueblo quiere’.

Con ello, el estratega estadounidense, asesor de la candidatura presidencial republicana de John McCain, apuntó al centro. A un plan que, según expertos, es uno de los básicos para concretar una campaña exitosa.

Ahora, que Varela o cualquiera de los demás candidatos a las elecciones venideras la consiga es harina de otro costal. Una carrera política ganadora, explica el consultor político venezolano Orlando Goncalves, pende de tres escenarios plagados de pragmatismo y mercadeo electoral.

¿LOS PRESIDENTES SE FABRICAN?

‘Lo conozco, me agrada y pienso que puede resolver mi problema’.

Así, dice Goncalves, elije la gente. No importa de qué nivel socioeconómico. La tarea es enganchar emocionalmente. Es la mercancía de la democracia.

Sólo de ese modo se podría colegir por qué un aspirante a diputado usa un perro para venderse; que la campaña oficialista de José Domingo Arias haya decidido ocultar su calvicie en las vallas publicitarias o por qué la del opositor Juan Carlos Navarro tuvo que darle un giro ‘agresivo’ a su discurso político para contener su caída paulatina en las encuestas.

Pero la variable de mayor peso parece ser el problema y quién lo pueda resolver. Por eso Davis insiste en las propuestas. Lo que la gente quiere.

Pero ‘la gente no va a votar por quien resuelva un gran problema, sino por quien pueda resolver mi problema en particular’, sostiene Goncalves.

Su planteamiento se estrella con las campañas que ya prometen —como ha ocurrido en los últimos quince años— el saneamiento definitivo del sistema de justicia, la erradicación de la desigualdad social y la mejor educación del universo.

Goncalves, de todos modos, sostiene que lo de prometer puede resultar un arma de doble filo. ‘Para que la campaña tenga eficiencia uno no puede hacer más de dos o tres grandes propuestas’.

—Pero Martinelli hizo una lista de imperdonables, que superan las tres o cuatro, y aún así ganó...

—Sí, pero fue una promesa: tengo una lista de imperdonables que cumplir—, sostiene el estratega.

CÓMO HACER FRACASAR UN CANDIDATO

‘Menos es más’, perfilaFederico Hoyos, un joven politólogo colombiano que corre por un escaño de la cámara de representantes de Antioquía. ‘Diga la mitad de lo que quiere decir, pero dígalo con fuerza’, insiste.

Atiborrar a los votantes con un sinfín de propuestas electorales es una de las fórmulas para dar al traste una campaña electoral, agrega el analista político Renato Pereira. Sostiene que esta fórmulas para hacer ganar un candidato ha sido harto analizada en las aulas de estrategia política.

‘El candidato debe concentrarse en una sola cosa y no reparar en todos los temas’, argumenta.

Goncalves se le suma: ‘una campaña extremadamente racional, basada en grandes cantidades de propuestas y que no haya un mensaje claro’ es el camino al fin.

La escogencia del tema central de la campaña también puede definir su futuro.

Pereira insiste en que centrarse en asuntos como la seguridad podría ser más rentable que hablar del costo de la canasta básica, dado que éste último problema ‘es el mismo de siempre y no engancha al electorado’.

Es rarísimo. Paradójico. La última encuesta ‘Panamá Opina’, preparada por Ipsos para Telemetro y La Estrella, revela que 88% de los panameños ve el costo de la comida como su principal preocupación. La inflación, en la misma cadena de problemas es, según los economistas, uno de los inhibidores del crecimiento.

‘Sí, es así, pero no tiene sustentabilidad’, agrega Pereira. ‘Si la tuviera, el presidente Martinelli no tendría los niveles de popularidad que tiene (37%) y Arias no lideraría’.

Lo de las propuestas se trata, también, de un asunto de ‘credibilidad’, plante el experto local. ‘Si el político tiene una buena propuesta pero una mala imagen, de nada servirá’. Así se entiende que la victoria de un candidato oficialista no sólo pende de él sino de cómo el gobierno se comporte.

Además, explica Goncalves, el político debe ‘entender que esto se trata de los electores’. ‘El candidato debe entender esa circunstancia y ponerse a nivel del elector’.

Al final, la campaña da vueltas en los mismos preceptos: una conexión emocional con quienes votan. Por eso Balbina Herrera inventó el ‘de corazón’ y Martinelli ‘en los zapatos del pueblo’.

Así conciben estrategas las elecciones. Es el mercadeo ‘sano’ de la democracia.