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27 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Hormigas rojas...

Las hormigas rojas del Amazonas, se clasifican entre las hormigas más terribles, son fuertes grandes, malvadas y les place tener esclavo...

Las hormigas rojas del Amazonas, se clasifican entre las hormigas más terribles, son fuertes grandes, malvadas y les place tener esclavos. Rastrean a sus víctimas, especies similares más débiles, las eliminan y toman sus larvas para llevarlas a los hormigueros para someterlas a la esclavitud. Cuando llegan a tercera o cuarta edad son remplazadas por otras.

Los políticos panameños tienen mucha similitud con esos insectos. Una gran cantidad de seres humanos son convencidos de las bondades que ellos difunden, cuando están en el poder se olvidan de las promesas y someten a la gente a nuevas formas de esclavitud. Se les obliga a seguirlos so pena de ser despedidos, incluyendo a sus familiares. Hay imposición de altos costos en el consumo de alimentos, bienes y servicios, tras contubernios con empresas transnacionales. En los partidos políticos los viejos son eliminados, la gente que no comulgan con ellos es despedida y de ñapa sus hijos y familiares. Los pocos beneficios que existen son para los que están inscritos en el partido.

Los huevos, larvas o ninfas, no conocen lo que es libertad, por lo tanto poco les importa su dura vida. Las amazonas morirían de hambre si las hormigas esclavas no se dedicaran a alimentarlas y cuidarlas. Tanto es así, que ante una mudanza, las esclavas son transportadas. Los partidos políticos venden la idea de la polarización: ellos o nosotros, disyunción que es falsa, presentan esta falacia a fin de mantenerse en vigencia. Son muy típicas las encuestas, con aquello de que las mayores cifras convencen al electorado y que hay que votar con el ganador. Pero lo que hay que ver es el futuro del país, por lo que se debe recurrir a la conciencia y a la realidad existente.

Los partidos y sus dirigentes no son nadie sin sus adherentes, esa gente humilde que, en su mayoría, es la menos favorecida. Aquí aplicamos la fábula del alacrán y la ranita, que al final el anfibio muere por el aguijón del arácnido, a pesar de haber sido salvado por ésta de no ahogarse. La rana moribunda le preguntaba, ¿por qué lo hacía? Y la contestación del escorpión fue: “¡Porque esa es mi naturaleza!”. La naturaleza del político es así, es difícil que cambie luego de haber presentado sus valores negativos.