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27 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Como en tiempos de antaño

Las personas, especialmente la clase política que se encuentra en oposición, son muy dadas a observar y fiscalizar los actos de los polí...

Las personas, especialmente la clase política que se encuentra en oposición, son muy dadas a observar y fiscalizar los actos de los políticos que están en el gobierno y que por tal detentan el poder.

Y eso está bien, pues son los recursos del Estado los que están en juegos y precisamente el mejor fiscalizador es el pueblo, aun cuando a veces por la costumbre de siempre dejamos que las cosas pasen y no hacemos nada.

“Todos los gobiernos roban”, frase celebre que acuñara un ex vicepresidente de la República, en las postrimerías de los tiempos del general Manuel Antonio Noriega, pero esa práctica no ha venido de ese momento. Incluso vamos tanto para atrás, como hacia delante en el tiempo y encontramos lo mismo. Lo curioso o gracioso, es que quien está en oposición le pone un mote a cada escándalo que pase en el gobierno, pero cuando estos opositores llegan al poder, entonces no les gusta que les recuerden sus prácticas de antaño.

El próximo ex presidente, en toda su campaña se afanó en mencionar el famoso hundimiento del HP 14-30, hizo gala de buen sentido del humor cada vez que hacia alusión a dicho hecho, como un escándalo mayúsculo.

Ahora toda su camarilla trata de guardar secreto y se muestra nada transparente con el accidente del SAN-100.

Lo he dicho siempre, nada ganamos con ocultar la verdad, la cual en algún momento sale a flote y mientras más desviamos la atención, el morbo se hace mucho mayor.

Como si hubiesen sido poco los escándalos de la Caja de Seguro Social —CSS—, Cofina, Cerro Colorado, las partidas circuitales, sin dejar por fuera el narcotráfico que imperó con sello y escudo de las Fuerzas de Defensa, el presente gobierno como en los tiempos de antaño, se quiso dar el tupé de creerse el más transparente, pregonando una política de “cero corrupción”, cuando el presidente de la República sabe perfectamente que él no puede estar detrás de cada uno de sus funcionarios para garantizar que eso se cumpliese.

Martín Torrijos Espino, próximo a irse, ahora carga con los contratos y actos públicos con fondos del Prodec, en donde gobernadores de provincia se han visto beneficiados, pero el presidente todavía quiere seguir viviendo de los “durodólares”.

El caso del Cemis, que nunca fue aclarado y que a varias faldas y bastas de pantalón llegó, ahora lo conjugamos con el FECE y los señalamientos que se han hecho en contra de funcionarios públicos de alto rango.

Pero como siempre el hijo de la cocinera, ahora del Partido Revolucionario Democrático —PRD—, tiene que pagar el pato, mientras los responsables son premiados.

Para terminar y coronar con sus prácticas de antaño, desaparecen por arte de magia, las esculturas de unos niños, que supuestamente realizaban juegos de antaño, pero al parecer los personeros del gobierno entendieron que había que jugar sus propios juegos de antaño, con los cuales sacudieron y saquearon las arcas del Estado, en beneficio de los mismos, que “entran pobres y salen millonarios”.

Si esto es así, que Dios nos libre de la candidata que representa el PRD de antaño.

Así veo las cosas y así las cuento.