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26 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

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El doble discurso en la ONU

En la Asamblea General de la ONU celebrada recientemente, el presidente Martín Torrijos se refirió a temas que, en el fondo, sirvieron p...

En la Asamblea General de la ONU celebrada recientemente, el presidente Martín Torrijos se refirió a temas que, en el fondo, sirvieron para reafirmar la convicción de los panameños de que en nuestro país se expresan muchas cosas que deben ser cumplidas, pero que se hacen otras a contrapelo de las necesidades del pueblo.

Por ejemplo, hizo un “solemne” llamado a reformar la estructura de la ONU, en procura de “democratizar” una organización que lleva más de medio siglo manteniendo las mismas agendas, los mismos métodos e igual criterio en los órganos de decisiones. Pero en el caso interno panameño, el presidente y su equipo de gobierno están promoviendo medidas de corte autoritario del peor militarismo que representan una gran marcha atrás en el sistema democrático.

En sus palabras en la mencionada Asamblea, dijo, también, como si él fuese un convencido de las bondades patrocinadas por los grupos ambientalistas nacionales, que hay que ser muy firmes para que en Panamá defendamos las riquezas medioambientales y ser muy enérgicos contra aquellos que lesionan nuestras riquezas mineras, la flora y la fauna, etc. Pero, por otra parte Torrijos se está mostrando muy dadivoso con sectores minoritarios que están haciendo labores destructoras, como el Proyecto de Petaquilla y su plan de minería a cielo abierto, mostrándose indolente en relación a la venta de islas y otros territorios que son reservas medioambientales, que deben ser protegidas de la voracidad de transnacionales.

Torrijos hizo un llamado a la ONU para que se emprenda un ¡cruzada contra la pobreza! En los últimos años en nuestro país ha aumentado la pobreza y la extrema pobreza, Panamá ha sido calificado como el país con peor distribución de la riqueza. El pueblo está sumido bajo las leyes del peor mercado y sin atreverse a tomar medidas contra el alto costo de los alimentos, de la gasolina, de la luz, del transporte público, y arremetiendo contra quienes reclaman derechos ciudadanos.

Cuando el Ejecutivo por fin aceptó que había una distorsión en el mercado del combustible, todos esperábamos ansiosamente una decisión de enderezar tal mercado, para sorpresa el anunció fue que se estaban dando $6 millones —dinero de los contribuyentes— para los distribuidores del combustible, para mantener por 15 días los precios actuales de los carburantes.

Nuestro pueblo merece una mejor distribución de la riqueza y una mejor condición de vida. Se trata de decisiones muy humanas, sin tener que hacer filas para comprar alimentos, ni esperar que llegue un ministro (que siempre se atrasan por horas) para inaugurar una feria y así poder vender los productos de primera necesidad a los parroquianos. Justicia social para Panamá.