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18 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Gerenciando realidades

Como cuestión de método, siempre he procurado al abordar un fenómeno que da cuenta de un problema descifrar cuáles son las reales causas...

Como cuestión de método, siempre he procurado al abordar un fenómeno que da cuenta de un problema descifrar cuáles son las reales causas que lo tornan polémico y contradictorio. En las últimas semanas, el Proyecto de Ley de Salud Sexual y Reproductiva ha generado un ambiente caldeado de enconados debates. Se trata de posiciones difíciles, más no imposibles, de conciliar.

El debate en torno a este proyecto de ley recrea la vieja discusión entre dogma religioso y el conocimiento científico, o si quiere, entre ciencia y religión. Esta última jamás aceptará iniciativa alguna que dirigida a quebrar sus dogmas, cuya textura tienen un alcance ideológico de acentuado matiz conservador, que rechaza la aplicación de la ciencia al mundo de las relaciones que puedan trastocar el dogma de que los mortales no tenemos ningún derecho para determinar la posibilidad o no de vida humana alguna, y en consecuencia, es una decisión fuera del alcance de los seres humanos. Reitero, el debate no es nuevo, décadas atrás, cuando irrumpió el tema de la planificación familiar la Iglesia Católica reaccionó airadamente, porque los conceptos y prácticas que se derivaban de aquella, no compaginaban con sus principios y dogmas. Un tanto ocurre hoy con algunos conceptos e instrumentos científicos para abordar problemas que se derivan de una deficiente educación sexual integral, que coloca en un estado de indefensión, sobre todos a la juventud, frente a enfermedades infecto-contagiosa, como el SIDA.

En el contexto anterior, no podemos soslayar que nuestras sociedades son extremadamente, desde el punto histórico, pluriduales, conviven y perviven enfoques y conceptos, algunos dominantes en el pasado medieval con otros propios de una era donde prima el conocimiento científico. En grado superlativo el debate arriba mencionado da cuenta de estas contradicciones. Los problemas que se derivan de una sexualidad mal entendida no pueden gerenciarse con enfoques propios de la religión y la metafísica. Administrar y gerenciar en las perspectivas de construir soluciones a los problemas de salud sexual de las personas, pasa por la ciencia y en ella, el manejo de una pedagogía integral que articule a la sociedad, en especial a la familia, como parte de la solución (no perdamos de vista que esta institución como la de la patria potestad están en crisis). En ese sentido, el Proyecto de Salud Sexual y Reproductiva destaca fundamentalmente el papel de la educación sexual científica y la soberanía de la persona para considerar la conveniencia o no de descendencia, siempre en los límites que marca el derecho positivo en materia penal y de una adecuada formación integral en torno a los temas mencionados.

Como aclaración, este artículo no tiene que ver en lo absoluto con la existencia o no de un dios.