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19 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

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Los Latin American Idiot

Que sean mis primeras palabras para felicitar a Margarita Henríquez. Las próximas palabras no son dirigidas en absoluto a ella, sino al ...

Que sean mis primeras palabras para felicitar a Margarita Henríquez. Las próximas palabras no son dirigidas en absoluto a ella, sino al negocio de las llamadas en este tipo de concursos.

Ya es común observar cómo ha proliferado el negocio de las llamadas para concursos y su influencia en las masas. Analicemos un poco al concurso Latin American Idol (LAI). ¿Cómo es posible que en un programa que busca talentos tenga un jurado para la preselección por países y que al final sólo pueda ofrecer críticas y la votación sea por la cantidad de llamadas del público.

Imaginemos un partido de fútbol: un equipo gana 5 goles a 1, y el árbitro al terminar el primer tiempo señala que el partido se va a definir en su segunda parte por la cantidad de llamadas de los hinchas. ¿Tiene sentido esto? Irving Saladino ganó por su salto, científicamente medido por un método, la longitud. El nadador especial César Barría, cruzó el estrecho de Gibraltar y fue medido científicamente por el cronómetro. Ellos no ganaron por llamadas telefónicas.

Con LAI parte de la población se volcó desproporcionadamente a hacer actividades de toda índole para la recolección de fondos. La mayoría brindó su fuerza de trabajo gratis (increíble). La otra gastó en tarjetas y no ganaron nada. Caímos en la trampa de los “usureros de las llamadas”, quienes son los verdaderos ganadores; se aprovecharon de nosotros y les hicimos su buenísima navidad. ¿Quiénes perdieron? Los que gastaron y no invirtieron en su propio provecho. Al final y de seguro, lo único que quedó fue un vacío económico en sus bolsillos y una ansiosa soledad. Como dijera el escritor español Gregorio Marañón: “La multitud ha sido en todas las épocas de la historia arrastrada por gestos más que por ideas. La muchedumbre no razona jamás”.

Actualmente hay una campaña humanitaria para salvar a un bebé llamado Juan Diego que necesita una operación urgente por un problema cardiaco. Levanté una de las latas de recolecta en una compañía que visité y palpé que no podría haber ni siquiera cinco balboas para salvarle la vida a este infante. Reflexioné por un instante con la lata en la mano y me pregunté ¿cómo era posible recoger tanto dinero en tan poco tiempo para un programa internacional de cantantes “aficionados” y dejar de ayudar a Juan Diego? Mi conciencia está tranquila Juan Diego, yo invertí por tu preciosa vida. ¿Y ahora qué Panamá? Estamos listos en nuestra ociosidad masiva de esperar el próximo concurso televisivo de llamadas de cualquier tema para gastar. Nuestra economía está en “auge”, ¡sigamos comprando tarjetas!, qué importa que no comamos hoy o mañana. Ganamos y tenemos que estar orgullosos de que en el continente americano somos los verdaderos Latin American Idiot.