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25 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Crisis y Oportunidades

Bien se ha dicho que las crisis, no necesariamente, constituyen un evento fatal. Todo dependerá de la óptica que miremos las cosas y nue...

Bien se ha dicho que las crisis, no necesariamente, constituyen un evento fatal. Todo dependerá de la óptica que miremos las cosas y nuestra capacidad de interpretar el fenómeno.

Traigo el asunto al tapete a raíz la crisis financiera internacional, que si bien podría superarse en magnitud por las medidas de salvamento adoptadas, pudieran en algún momento funcionar como un salvavidas de plomo. Pero la crisis está planteada y tal como lo señalaron los estigmatizados maestros del XIX, los del XX y aún los presentes, como el reciente Nobel de Economía, Paul Krugman, llegará la hora de la verdad, con consecuencias insospechadas.

En el caso nuestro, “alegres y confiados”, tal situación no parece preocuparnos seriamente. Quizás la vemos como algo lejano, que siempre ocurrirá a otros, pero jamás a nosotros. Viejo sofisma que la realidad ojalá nos ayude a disipar. Me refiero a la superficialidad generalizada con que tratamos temas tan cruciales como la Seguridad Alimentaria, otra de las crisis en boga, hermana o hija de la primera.

Decía hace poco que a falta de profundidad en la búsqueda de respuestas eficaces a mediano y largo plazo, saturamos los escenarios de consulta con cifras, estadísticas y referencias sin entrar, a mi juicio, en el meollo de la cuestión, que es precisamente plantear respuestas con ventajas. Dicho sea de paso, habrá que recordar que más que una crisis alimentaria, lo que estamos padeciendo es un conflicto de especulaciones y manipulación por parte de las concentraciones de poder ya conocidas.

Coincido con aquellos criterios que sostienen que la actual crisis, con sus variables financiera, alimenticia, política y de otras naturalezas, todas del mismo pecado original, bien pudiera servirnos de coyuntura para ahondar y recomponer el horizonte — si es que existe — hacia dónde queremos enrumbar el país.

Tal vez sería conveniente retrotraer el añejo debate sobre la validez del país ruta o el país productivo primario, o una mixtura de ambos, antes que uno liquide al otro. Ahora transitamos por el boom inmobiliario, minero y portuario, mientras el arroz nuestro de cada día sigue ocupando el catastrofismo mediático. No obstante, para un lado o para el otro, será difícil encarar con éxito estas alternativas, en tanto no abordemos con valentía y determinación las realidades nacionales, independientemente de las imposiciones de quienes justamente, son los padres y usufructuarios de estas crisis. No hay escapatoria. Cuestión de sobrevivencia.

Sin llegar al pesimismo, que no es mi forma de ser, ni nada que se parezca, por los vientos que soplan no creo que la temperatura de los actores nacionales esté como para analizar a fondo y menos proponer con innovador raciocinio, fórmula alguna que no pase de dar la bienvenida a Margarita, bailar un sueño, la alucinación del poder y el enriquecimiento desorbitado a cualquier precio. Purita verdad.