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24 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Sobre raíces y políticas

La modernización económica, sus fundamentos pragmáticos de mercado y las políticas “neo—liberalizadoras” puestas en práctica en América ...

La modernización económica, sus fundamentos pragmáticos de mercado y las políticas “neo—liberalizadoras” puestas en práctica en América Latina y Panamá, solo han servido para consolidar un proceso mayor de acumulación de capitales y riquezas, por la cúspide de la pirámide social.

Los índices de pobreza, desempleo, salud y educación, con que medíamos los niveles de avance y bienestar de la población, se han expandido con el crecimiento de la población. Ahora, los ricos son los mismos, pero con mucha más riqueza; mientras que los pobres somos más y con menores recursos o condiciones de vida.

Las escuelas, colegios, centros de salud, acueductos y hospitales son las obras que construyó “La Dictadura”, con una visión estratégica de seguridad nacional y un programa preventivo de “salud igual para todos”.

Hoy se requiere de costosísimos hospitales dotados de la maquinaria tecnológica (mercados) para poder determinar los diagnósticos médicos de procesos, o sea, programas de salud “curativos”.

Las cirugías, que antes se evitaban con la prevención y atención temprana, se han convertido en la herramienta de procesos comercializadores de compañías aseguradoras y la clase médica especializada, para hacer riqueza. Los medicamentos a gran escala siguen siendo el negocio de los políticos y la burguesía financiera.

En la educación los ciclos básicos han sido sustituidos por escuelas ranchos. Nuestros colegios y escuelas son el laboratorio para que educadores faltos de preparación académica y cultural, donde el hacinamiento de los alumnos por aula (+ 35) anula las posibilidades de asimilación y productividad en la docencia.

La modernización de la economía (privatizaciones, reducción del tamaño y función del Estado) ha reactivado el viejo mercado de la informalidad: Trabajo por cuenta propia, sin seguridad social y baja calidad de ingresos.

Este sector representa más del 54 por ciento del empleo total del país (Encuesta de Hogares). Constituye una deformación conceptual con gran dosis de inmoralidad y ausencia de ética social, más que desconocimiento teórico.

Con estos anacronismos estadísticos, utilizados para medir productos y mercancías, y no seres humanos, es que hoy pretenden justificar el desastre social, la violencia, la delincuencia y la desintegración de la familia como núcleo básico de la sociedad, por sus proyectos econo—financieros.

América Latina y los propios Estados Unidos de América han optado por nuevos modelos de gestión y opciones para el desarrollo social (Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Guatemala, Nicaragua y Honduras), que les permitan recapturar sus recursos estratégicos para una mayor y mejor distribución de sus riquezas y oportunidades.

Solamente una candidatura de raíces del mismo pueblo podría reorientar el rumbo socioeconómico del país.

Será requerida una verdadera independencia programática y financiera. Apartando los tradicionales compromisos con los grupos de poder económico, que han secuestrado los principios y programas sociales de los partidos ideológicos y programáticos, convirtiéndolos en simples antifaces de la gestión social y el cambio, contaminando la credibilidad de los principios y liderazgos frente al electorado y pueblo en general.

-El autor es licenciado en Ciencias Económicas.luisalbertotestach@gmail.com