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23 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

‘Que todos sean uno’

Desde que fue elevado al pontificado, el cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, ha puesto particular empeño en que la unidad de l...

Desde que fue elevado al pontificado, el cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, ha puesto particular empeño en que la unidad de los cristianos sea uno de los puntos de avanzada de su esfuerzo al frente de la Iglesia romana.

Mucho se ha trabajado en ese sentido con los ortodoxos orientales, pero el diálogo incluye también, al parecer, la relación con algunos sectores que se habían separado de la Iglesia Católica en tiempos recientes. Por lo menos, si no podemos hablar en general, ese es el caso de la Fraternidad San Pío X, que fue fundada por el ya desaparecido —y excomulgado— arzobispo francés Marcel Lefevre, a raíz de su rechazo al Concilio Vaticano II, de su reivindicación de la misa preconciliar o tridentina —en tiempos en que esta no era aceptada por el Vaticano— y de sus diferencias con la Santa Sede.

Estas diferencias desembocaron en la consagración como obispos, por Marcel Lefevre, de sacerdotes que estaban conformes con sus ideas, pero en pugna con la Santa Sede. Esto le significó a ellos la excomunión automática. Ahora, estos obispos, presididos por el francés Bernard Fellay, han pedido al Papa que les sea levantada la excomunión. Fellay escribió al Papa una carta diciéndole “estamos siempre firmemente determinados en la voluntad de permanecer católicos y de poner todas nuestras fuerzas al servicio de la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, que es la Iglesia Católica romana. Nosotros aceptamos su enseñanza con ánimo filial. Nosotros creemos firmemente en el Primado de Pedro y en su prerrogativas, y por eso nos hace sufrir tanto la actual situación”.

La actitud de Benedicto XVI ha sido la de levantar la excomunión. No se trata de una decisión impensada, ni tampoco puramente sentimental. El Papa quiere remover escollos en el camino de la reunificación. Además, algunos aspectos ya han sido superados. Por ejemplo, la misa tridentina con sus valores, se usa válidamente en diversas diócesis que ya la han incorporado, pues muchos fieles prefieren el antiguo rito.

Lo que quiero destacar, sobre todo, es el espíritu de paternidad del Papa y su deseo de reunir a todos sus hijos—me refiero particularmente a los cismáticos—, los que tienen entre sí algunas diferencias, pero no suficientes para no considerarse miembros de la misma familia cristiana. Además, el Vaticano y la Fraternidad San Pío X siguen conversando para allanar todas las diferencias entre los antiguos seguidores de Lefevbre y la Iglesia Católica. Es también admirable el deseo de monseñor Fellay de volver a la unidad.

Hoy día, cuando tantos reniegan de la fe y algunos hasta piden, en ciertos países, certificado de desvinculación del bautismo, y por lo tanto de la Iglesia, es consolador ver que otros, que estaban al garete, regresan al puerto de la fe y a la casa paterna, recordando con alegría la parábola del hijo pródigo. En la Iglesia la división es siempre un escándalo y Cristo suplicó al Padre: Que todos sean uno, como tú y yo Padre somos uno”.

-El autor es filósofo e historiador.jordi1427@yahoo.com.mx