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19 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Lenguaje político

No cabe duda de que la forma y el contenido del lenguaje expresado por quienes hacen política partidista no deja de ser manipulador y en...

No cabe duda de que la forma y el contenido del lenguaje expresado por quienes hacen política partidista no deja de ser manipulador y engañoso. Diríamos, que esa es la forma apropiada con que pretenden enviar mensajes, los que a la postre resultan argucias, que no resuelven nada, contribuyendo cada vez más con la deformación de la gente.

Interesante es la obra: Simuladores del Talento del médico argentino, José María Ramos Mejía, que reproduce en gran medida al político nacional, sobre todo en lo que al discurso respecta.

Desde luego, la forma y el fondo constituyen partes de una misma cosa. En el caso del lenguaje político panameño, lo disforme en su presentación lo sitúa en un pobrísimo nivel. Producido sin elegancia, sin la compañía de los elementos que deben darle vida, sin los recursos idiomáticos necesarios, como la sátira, por ejemplo, esto hace que se perciba chabacano, sin los tonos que inviten a prestar oídos, sin el efecto docente que debe animarlo siempre, en fin amorfo en toda su extensión. Más bien, en lo que a la forma respecta, el lenguaje político panameño ha mostrado un retroceso. Los discursos encendidos con garbo, contenido y apropiado uso de la retórica —presentes en un ayer— han sido desmovilizados por la rudeza, por la procacidad, y por el chirrido. Lo que hoy tenemos son expresiones del político simulador. Ramos Mejía, al referirse a este tipo, es decir, al que simula, dijo que son: “mentirosos emotivos por excelencia”, “deliciosos macaneadores”, que presentan una “incoercible verborragia”, “oralidad verbosa cargada de colores chillones” y una “pose sugeridora”. Desde luego, a partir de estas, el simulador recrea, repite y reemplaza palabras, frases y enunciados originalmente expresados por otra persona.

Por otro lado, en lo que respecta, al contenido del discurso es: vacuo, anémico, soso, y no tiene en su interior la fortaleza conceptual que coadyuve a la cohesión de la conciencia panameña. Con un manejo precario de la realidad, y sin una adecuada visión del país de hoy, y al que aspiramos mañana, han hecho de manera muy particular su propio fondo dándole al discurso, un sentido ramplón cuyo contenido, nada dice. Así, el autor citado encuentra técnicas retóricas en el discurso del simulador, a saber: adjetivaciones, las cuales acompañan a un lenguaje artificial, adornado, exagerado, irrefrenable, agobiante y vacío. De allí, que tanto la forma como el fondo del lenguaje político de la actualidad panameña, muestran sensibles deficiencias que tienen un efecto en la propia actividad política.

Es de esta manera que desde oficialismo se advierte un discurso engañador que se profundiza, por ejemplo, cuando se introduce la variable del cambio. Más real para su pretensión de éxito en el próximo torneo electoral, hubiera sido hablar de continuismo, que es en verdad lo que lo caracteriza. Y, peor aún es la cosa, cuando plantean la tesis de los millones, sin reparar que la portaestandarte de ese mismo oficialismo para el evento venidero, se ubica justamente en el marco de los millones.

El autor es docente universitario. Jorge0913@pa.inter.net