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21 de Jan de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Tiempos de espera

Triunfo arrollador. Provincia tras provincia reportaron cifras mostrando una derrota contundente, para otorgarle legítimas credenciales ...

Triunfo arrollador. Provincia tras provincia reportaron cifras mostrando una derrota contundente, para otorgarle legítimas credenciales al ganador para ejercer su indisputable mandato. El resultado debió ser predecible, cuando desde las primeras encuestas se indicaba la disconformidad del panameño con el curso que llevaba el país y consideraba, casi unánimemente, que “las cosas no andan por buen camino”. Lógico era plantear una estrategia basada en la idea genérica de un cambio y de repudio al continuismo. Lo deseable era algo nuevo, no más de lo mismo. No hubo nada innovador ni ingenioso en ese esquema, pero sí hubo determinación, dirección, constancia y abundante publicidad. Un concepto seductor similar, como “la reforma va”, se ha visto ir y venir en la historia política de nuestro país, porque la alternabilidad del poder parece ser consustancial con la idiosincrasia del votante panameño, quien cada vez, en su gran mayoría y por diversas razones, prefiere colocar colores diferentes al timón del Estado.

El genérico cambio prometido estuvo acompañado de un racimo de promesas puntuales que ilusionaron a muchos y alimentaron la esperanza de otros, todos disconformes con lo que han experimentado en carne propia o visto a su derredor o sospechado en los últimos años. No es del caso repetir esos compromisos, pues están debidamente documentados para ser comparados fácilmente con los resultados que se obtengan en los meses y años venideros. Habiendo puesto en tela de duda la viabilidad de muchas de esas bonitas promesas y habiendo sospechado de la sinceridad de sus buenas intenciones, somos parte de los más de 1,300,000 electores que no respaldamos la nómina ganadora, ya sea porque lo hicimos por una de las otras dos opciones o sencillamente porque no concurrieron a votar.

Afirmado lo anterior, sin embargo, por el bien de la nación y de todos los panameños corresponde desear que se cumplan a plenitud —no sólo a medias— todas las promesas de campaña, sobre todo para bien de los más necesitados. Cometeríamos un delito de lesa patria si deseáramos lo contrario, aunque íntimamente tenemos el temor de que no será, ni podrá ser, así.

El primer paso que debemos dar en oposición es otorgarle un compás de espera al nuevo gobierno. Debemos darle la oportunidad y el espacio para que se organice y pueda tomar las medidas inmediatas que se prometieron. Ya se han identificado los miembros del equipo de gobierno que integrará el Consejo de Gabinete, máximo organismo de decisión dentro del Órgano Ejecutivo, y se nota que una anterior amistad o relación cercana al presidente es una valoración importante. Con la excepción del Ministerio de Comercio, es notable la inexperiencia de los escogidos en el manejo interno de la administración pública; cosa que no es criticable, pero significa que la curva de aprendizaje retrasará decisiones necesarias o, al menos, la ejecución de decisiones que deban satisfacer intrincadas regulaciones y procedimientos oficiales para luego ser ejecutadas por una burocracia cuyas mañas no sean familiares a los noveles administradores públicos.

Terminada una campaña electoral cuajada de promesas y un presidente en deuda con el votante, se impondría una espera prudencial para darle tiempo a los nuevos gobernantes. Pero con sentido de oposición fiscalizadora, a su debido tiempo denunciaremos la palabra que resulte incumplida.

-La autora es diputada por el Circuito 8-7. VMP.mireyalasso@yahoo.com