26 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

¿Gobierno de políticos o de técnicos?

Desde hace aproximadamente cinco décadas se viene hablando de que la única salvación del atolladero histórico en que nuestro país se enc...

Desde hace aproximadamente cinco décadas se viene hablando de que la única salvación del atolladero histórico en que nuestro país se encuentra sería entregar los ministerios a unos cuantos técnicos. De esta manera, se dice, las cosas vendrían a buen concierto, los órganos del Estado funcionarían rectamente, la hacienda pública estaría bien ordenada, la salud pública mejoraría, las carreteras sobre los paisajes istmeños serían como lindas cintas de plata, tal como podrían describirse en páginas literarias.

La ocasión es, pues, propicia para hacer un breve comentario sobre la idea de la sustitución del político por el técnico que vemos defendida por muy respetables núcleos sociales. A nuestro juicio, se trata de una idea no recomendable por razón de que sus consecuencias pueden ser más graves de lo que parecen. Basta que sea una ruta equivocada la que esa idea marca, para que constituya un peligro considerable en Panamá ahora que las circunstancias actuales requieren urgentes aciertos y no vagas experiencias. El tiempo que pudiera emplearse en ensayar un gobierno de técnicos sería doblemente perdido, porque no se conseguiría durante él nada provechoso, y además, no se habría empleado en aprestar mejores soluciones.

Un técnico es una persona que conoce científicamente, o por otros métodos análogos a la ciencia, cómo se debieran hacer las cosas. Por ejemplo, un técnico en salud es un conocedor de la ciencia de la medicina o de la administración y organización metódica de medicamentos con fines terapéuticos; técnico en transportes es el que, habiendo estudiado largamente el manejo de las empresas de transporte, sabe con todo detalle cuáles son los procedimientos más eficaces para obtener con una red de vehículos de locomoción la mayor fluidez de tráfico. ¿Cómo, entonces, dudar de que nadie mejor que un técnico pueda regir certeramente un despacho ministerial?

Sin embargo, se olvida un factor de importancia decisiva. La ciencia supone siempre que en los procesos naturales no va a intervenir ninguna voluntad particular; solo con esta condición valen sus leyes. Del mismo modo, todo tecnicismo, que no es sino aplicación de la ciencia, solo sirve cuando se supone que el técnico va a luchar lidiando únicamente con las cosas, pero no, además, contra la voluntad hostil de personas o grupos de la opinión pública enemigos de determinadas prácticas. Ante la oposición de voluntades hostiles, ¿qué puede hacer un técnico? ¿Enfrentarlas con sus libros, con sus razones científicas? Todo sería vano.

A una voluntad solo cabe oponer otra voluntad, y a una masa de voluntades otra masa de voluntades. Para ello tendría el técnico que recurrir a los hombres y mujeres cuya ocupación consiste precisamente en organizar y representar las voluntades colectivas, es decir, a los políticos.

De esta manera, se vería obligado a convertirse en político si quisiera lograr algo útil.

La verdad es que la vida pública consiste a la postre en la coordinación de voluntades, en la presión de unas masas de opinión sobre otras masas de opinión. Así ha sido siempre, y seguirá siendo aun más en el futuro inmediato. Aunque el saber científico es necesario para el recto gobierno de los pueblos, el arte de la política ha sido, y será siempre, indispensable para el ejercicio del poder.

-El autor es pedagogo, escritor y diplomático.socratessiete@gmail.com