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06 de Jul de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Las lecciones (III)

Algunos medios de información, a falta de mejores temas, se están dedicando a agitar la disputa entre grupos del aparato medio del Parti...

Algunos medios de información, a falta de mejores temas, se están dedicando a agitar la disputa entre grupos del aparato medio del Partido Revolucionario Democrático (PRD) por lo que consideran la necesaria renovación de toda su estructura escogida en enero de 2008.

Lamentablemente, no surge de las filas de su dirección ninguna otra orientación para manejar esta situación, que no sea pedir silencio y envolver en una oscura bruma el estado general de su membresía de base.

Eso era de venir, debido a la reiteración de un método que ha demostrado ser un fracaso. Método que expresa la ausencia de un consenso interno dentro de la dirección, sobre la forma y los métodos en que se debe enfrentar ese estado de ánimo generalizado.

Ellos, la dirección, han reaccionado con un discurso evasivo y defensista soslayando los graves problemas que la rodean.

No comparto el discurso de quienes insisten en colocar primero la carreta y luego los bueyes. Esa cultura de “quítate tú para ponerme yo” , por mejor intención que tengan los actuales voceros del “cambio” , no es la solución a un tema mucho más profundo y complejo.

También reconozco que nadie tiene, en estos momentos, la verdad final en sus manos. Ello exige que al menos nos pongamos de acuerdo en un método para superar lo que considero una crisis de dirección y de identidad, que se demuestra por la imposibilidad de sus miembros de controlar la situación que vive internamente el PRD.

Si es inevitable el cambio estructural del aparato nacional de dirección, es necesario, antes que nada, ponernos de acuerdo en lo que queremos y exponerlo, primero ante los organismos del partido y luego hacia su sector militante. También estamos obligados a realizar un balance de nuestro último mandato en el gobierno y una abierta discusión del por qué no supimos mantener el poder político. Un debate de ese tipo no se puede hacer con una agenda abierta. Debe contar con un mínimo de orientación y una guía para la acción.

No es correcta la directiva de “lavar los trapos en casa”. Primero, porque, siendo un partido de esta magnitud, la sociedad no puede quedar excluida. Segundo, porque la membresía tiene la justa percepción de que esa consigna es usada como un canal de control de una sola vía para frenar la verdadera discusión de los problemas.

Solo así podemos tener la seguridad de que ese cambio lleve a la nueva estructura un equipo humano con la autoridad, liderazgo y voluntad política necesaria para tomar los correctivos que la situación amerita. El ordene y mando, vieja herencia de nuestro origen cuartelario, ya no procede. Insistir en ese estilo de dirección es promover la anarquía y la rebelión de su militancia.

Lo que es peor, está alimentando el desarrollo de ciertos síntomas que ya estamos observando y que apuntan a la división y el fraccionamiento de la organización.

Finalmente, ese método, solo puede llevar agua al molino de nuestros adversarios que desean ver reducido el papel y el peso específico del PRD en la sociedad panameña; desplazar a las corrientes del torrijismo y sustituirlas por las de una política liberal de corte tradicional.

-El autor es miembro del PRD.rvasquezch@cwpanama.net