Las afectaciones, provocadas por lluvias inusuales y fuertes vientos que impactaron principalmente el norte y el centro del país, han dejado daños considerables...
Recuerdo cuando escuchaba que nuestro país tenía “la mejor agua del mundo”. Me hacía sentir seguro de consumir el preciado recurso, y también me causaba orgullo que, siendo un país tan chiquito, gozáramos de semejante beneficio. Una bendición.
Eran épocas pasadas en las que a orillas del río La Villa, u oyendo los grillos de Monagrillo las personas vivían con los afanes diarios de cualquier comunidad, pero sin las preocupaciones que la falta de urbanidad, la ignorancia y el desdén de ciudadanos y funcionarios públicos han traído a esta época moderna. Resulta curioso, al menos, que vivamos los tiempos de tantos avances tecnológicos pero, en contraposición, nuestro nivel de vida no haya mejorado, sino todo lo contrario. Mal vivimos pegados a los aparatos más avanzados que haya visto un humano jamás. Si bien compartimos zona horaria con el resto del país, acá vivimos en una región cíclica. Para el resto del país, y para nuestras autoridades, acá existimos y somos importantes cuando hay fiesta, cual si fuéramos un jorón. Es sabroso y bonito todo lo de acá cuando es tiempo de pasear polleras y bailar sombreros, cuando hay cabalgatas, o cuando se celebra la gran fiesta de las paradojas, momento en que despilfarramos agua cual si viviéramos en un oasis permanente con la mejor agua del mundo. Vaya desconexión.
Mientras los tres comerciantes que se benefician de estos eventos festivos invierten enormes sumas en publicidad, so pretexto de la “inyección económica” que significan estas parrandas para el jorón del país, la realidad es otra. Esa supuesta inyección sólo vacuna a unos cuantos, no a toda la región. Los ciudadanos residentes, que también somos panameños, nos vemos reducidos a ser los “saloneros” del resto del país, pues tenemos que atender y lidiar con todo el desastre que generan las fiestas de pueblo, única importancia aparente del área en donde vivimos, o sobrevivimos, mejor dicho. Como interiorano, me gusta la fiesta igual que a cualquier otro. Pero como ciudadano responsable, tengo el deber de decir que acá se vive todo el año, no solamente cuando hay carnavales o patronales. Como usuario agradezco que se concluyan obras que tenían lustros de atraso, y como profesional de la ingeniería debo señalar que las obras tardías se quedan cortas en su propósito demasiado rápido, pues fueron diseñadas para un aforo ciudadano de otro tiempo. Las obras de ingeniería se diseñan para un período definido de funcionalidad, basado en el uso esperado, las cargas de diseño, los materiales, el entorno, y además planteando modelos predictivos de operación y mantenimiento. Si bien estructuralmente se pueden diseñar con vidas útiles estimadas entre 50 y hasta 100 años, funcionalmente eso es imposible por el crecimiento de las regiones impactadas por esas mismas obras.
Las obras de ingeniería mejoran la calidad de vida de las regiones, y las vuelven más atractivas para propios y extraños que ven en esas facilidades de movilidad ventajas para asentarse. Digamos que se diseña un puente pensado en mejorar la movilidad ciudadana por 25 años. En esos 25 años se deben seguir haciendo estudios para medir el crecimiento de la población e ir desarrollando mejoras a ese mismo puente, para que siga siendo útil por más tiempo. De no hacer esos estudios, lo que fue una vía de desahogo, se vuelve un embudo, pues se quedó atrás con respecto al crecimiento de la población.
Ahora imagínese, amigo lector, que ese puente con una solución vial proyectada para 25 años se entrega 15 años después de la fecha original de diseño. ¿Funcionará por 25 años? ¿Será una solución a un problema serio, o será más bien una “curita” para una hemorragia?
En el jorón del país necesitamos vías de comunicación, estructuras deportivas, de educación, de salud e industriales actualizadas, y a tiempo. Más importante aún, necesitamos agua segura para vivir.
Invertir dinero en campañas publicitarias que dicen que las autoridades están haciendo algo por resolver el problema del agua no borra los 8 meses de sequía y golpe al bolsillo de los residentes de esta región, con el claro mensaje de que los que vivimos acá no somos demasiado importantes.
Pero para que se nos escuche debemos unirnos y exigir respuestas inmediatas a los problemas que las requieran, como poder tomar agua todos los días. Y las respuestas inmediatas existen, con empresas panameñas. Desde mi tribuna profesional se las hemos comentado a las autoridades pertinentes, pero simplemente no se toman en cuenta, pues hay una hoja de ruta diferente, que pone a los ciudadanos de esta región en tercer plano, condenándonos a seguir aguantando. Los reto a que me desmientan, señores autoridades. Saben cómo encontrarme. Pero ya vienen otras actividades con las que un pueblo acostumbrado a la mala vida vuelve a perder el norte de las prioridades, concediendo tiempo y excusas a los que deberían resolver los problemas. Vuelven las polleras, los sombreros y el derroche de agua al jorón del país. ¿Es segura esa agua? ¿Alguna autoridad electa por votos nos defiende, o vela por nuestro bienestar? Espabilemos y aprendamos a elegir. Dios nos guíe.