Las afectaciones, provocadas por lluvias inusuales y fuertes vientos que impactaron principalmente el norte y el centro del país, han dejado daños considerables...
En la actualidad transitamos tiempos oscuros, un periodo marcado por el deterioro de la esfera pública en las democracias. En este horizonte de crisis, la inteligencia artificial (IA) emerge como una herramienta tecnológica fundacional del mundo inteligente, una fuerza que transfigura lo humano, la política y la sociedad.
Sin embargo, para comprender sus implicaciones es necesario hacer ejercicios de pensamiento crítico que reflexionen sobre la política y lo político. En esta clave, es sugerente analizar las perspectivas de Friedrich Nietzsche y Hannah Arendt, dos pensadores que anticiparon la fragilidad del mundo común en el que la verdad de los hechos amenaza con disolverse entre narrativas y algoritmos.
Desde la perspectiva nietzscheana, el mundo verdadero acabó convirtiéndose en una fábula porque las verdades de la filosofía y las ciencias se erigieron como ídolos vacíos; ficciones construidas para soportar la existencia. La irrupción de la IA sobre este mundo verdadero intensifica su dimensión fabuladora, pues las tecnologías permiten que el discurso deje de remitirse a la verdad para afirmarse como construcciones de sentido ideológico que organizan los afectos y voluntades de los miembros de las sociedades para legitimar algún arreglo de poder.
Nietzsche critica el alejamiento de la razón respecto de lo humano como un síntoma de ruina: el olvido del mundo real. Si aproximamos su pensamiento a la política actual, la llamada posverdad no sería, para él, una mentira moral en el sentido tradicional, sino una manifestación descarnada de lo factual transformada en una ficción. El ciudadano contemporáneo, rodeado de informaciones generadas por la IA, sucumbe a esta ficción alternativa porque le proporciona un alivio personal y satisface su necesidad de un mundo previsible. Así, diría Nietzsche que, en lugar de dar martillazos a las ficciones o ídolos, los seres humanos les entregaron el martillo a las inteligencias artificiales y son éstas las que están forjando nuevos ídolos digitales: huecos pero irresistibles.
En el caso de Hannah Arendt, hay un desgarro del mundo común, en el que se fragiliza la verdad de los hechos. Arendt ofrece un diagnóstico alarmante sobre lo biológico y lo político. Mientras, Nietzsche ve en la destrucción de la verdad una oportunidad para la transvaloración de los valores, Arendt advierte que la desaparición de la verdad factual destruye los cimientos sobre el cual nos orientamos en el mundo real. Se puede decir que para ella, la posverdad sería una crisis de un mundo que perdió la sostenibilidad en los hechos de la realidad política, por tanto, sin estos hechos el espacio público es usurpado por lógicas no políticas como los algoritmos de la IA que se traducen en un virtualización de las burocracias.
Nietzsche nos entregó su “filosofía a martillazos” para evitar convertir a la política en una fábula, en otra ficción construida por la razón, a la que tendríamos que darle martillazos hasta destruirla. En cambio, en Arendt la opinión es uno de los elementos fundacionales de su política. La opinión es el fundamento del mundo común porque es con ella que discutimos sobre la libertad, pero esa misma opinión persuasiva, conformadora de comunidades políticas y de libertad, también puede manipular y debilitar las verdades de los hechos.
Cuando se usa la opinión para manipular, ya estamos en lo que Arendt denominaba la mentira deliberada. El asunto es que, con la llegada de la IA, esta mentira deliberada producto de la modernidad, se identificó con las tiranías contemporáneas y se elevó a escalas sin precedentes. Ya no se trata de ocultar secretos, sino de reconfigurar la realidad hasta hacer difusa la distinción entre los hechos y la ficción. Si Nietzsche hablaba de la tiranía de las emociones, Arendt nos dice que en estos totalitarismos se suspende la capacidad de pensar y juzgar de los miembros de la sociedad.
Ni Nietzsche ni Arendt ven la política desde mundos ideales; lo ven en el mundo verdadero. Nietzsche propone el Amor fati como la aceptación del mundo verdadero que incluye al ser humano en alma y cuerpo; su dolor y su culpa. Sin embargo, la IA tiene los algoritmos para secuestrar el mundo verdadero nietzscheano y crear burbujas informativas donde solo existe lo que las personas desean creer. Arendt, en cambio, defiende la pluralidad y el espacio de aparición como el mundo común donde la acción política es persuasiva y conforma comunidades políticas para construir la libertad, pese a que la violencia entra en escena y busca manipular. Entonces, la IA facilita esta manipulación, a través de algoritmos que controlan los afectos y los prejuicios, reproduciendo las narrativas de los que controlan la sociedad.
El desafío consiste en recuperar la acción política como una actividad dentro de la dimensión moral de los seres humanos. Ambos autores ofrecen pensamientos clave para hacer frente a las crisis generada por la llegada de la posverdad y su intensificación por un uso inmoral de la IA. En Nietzsche, su “filosofía a martillazos” y en Arendt su “pensar lo que hacemos” son respuestas filosóficas para demoler las narrativas vacías y los ídolos metafísicos que la tecnología intensifica y reproduce como verdades absolutas. Es vital comprender los conceptos de la política y lo político para recuperar la capacidad de juicio en la esfera pública. ¿Estamos listos para dar martillazos filosóficos a fin de poder “pensar lo que hacemos”?