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05 de Dec de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Tres padres admirables

Son ellos, Alirio Patiño, Primo Ernesto González y Felipe Hernández Talavera. El primero vive, los otros dos están contando historias gr...

Son ellos, Alirio Patiño, Primo Ernesto González y Felipe Hernández Talavera. El primero vive, los otros dos están contando historias gratas en el mundo celestial. Alirio Patiño acaba de cumplir 95 años. En su vida no ha conocido el odio, el rencor. Cuando un adversario político de su padre Alfredo Patiño moría, él iba a darles el pésame a sus deudos. No importó el dolor infligido por revanchas políticas.

Su dedicación a la familia es al 150 por ciento. Me atrevo a asegurar que nunca le fue infiel a su esposa. Una vez realizó una llamada; ésta no se pudo concretar porque el número estaba ocupado. Accionó la palanca para retirar su moneda y ¡sorpresa!, el aparato se convirtió en una máquina del casino. Gracias a su vocación de respeto y honradez tomó la suya y el resto lo devolvió por la rendija del teléfono. “Lo que no es de uno se respeta” , me dijo en una ocasión.

Viajando con él hacia Gorgona le manifesté, “mi amigo Alirio, deme el secreto de la eternidad de su matrimonio”. “Eso es fácil, cuando mi esposa echa fuegos por todos lados yo me convierto en bombero” , agregó. Y es cierto, ¿cuántas parejas no terminan en desgracia porque ninguno quiere ceder? Ese consejo de don Alirio debe ser tomado en cuenta para que las relaciones de familia sean mejores.

Primo Ernesto González Gordillo murió hace poco. Una vez me contó que un par de años después de la revolución de octubre decidió, como director del colegio Rodolfo Chiari, de Aguadulce, realizar una rifa entre los estudiantes. Había que buscar fondos para solucionar ciertos problemas. Se puso en juego un billete de la extraordinaria. Compró dos fajas, una para la rifa y otra para él.

El profesor Primo era el único que sabía la numeración. Resulta que un estudiante fue el ganador, pero éste no había pagado el boleto y para colmo el billete fue el premiado el domingo que jugó la extraordinaria. Lo impactante, de esta historia, es que el profesor Primo pudo haber cambiado el suyo por el ganador. Se trataba de miles y miles de dólares que fácilmente le hubieran resuelto su vida. Si, mis amigos, pudo más el valor ético y la honorabilidad. Solo con su conciencia tomó el camino correcto.

Me cuentan que argumentó para que el billete se le entregara al niño. “Yo firmé una circular donde explicaba que el boleto era de pago obligatorio y el estudiante tiene derecho al premio”. Esta historia la narré el día de su entierro y los profesores que la conocían me certificaron que así fue.

Don Felipe Hernández Talavera nunca aprendió a leer ni a escribir. Se nos fue el 17 de diciembre de 1987. A pesar de su escasa formación, junto a su mujer que todavía vive, emprendieron la titánica tarea de educar a sus nueve hijos. Sin un trabajo fijo, dándole de comer de manera intermitente a sus hijos, logró formar un hogar sólido. Hay mucho que contar sobre éstos y otros padres, pero el espacio se agota. Felicidades a todos mis colegas en su día.

*Ex sec. de Prensa de la Presidencia de la Rep.rehernandez19@gmail.com