• 19/02/2026 00:00

La agricultura en tiempos del carnaval

Acaban de concluir los carnavales, celebración de la carne, jolgorio, derroche y desenfreno. Fueron cuatro días de desdoblamiento, olvido de personalidad y entrega a los brazos del rey Momo, despersonalización, abandono del cuerpo, no se si del alma, pero da rienda suelta a todas nuestras debilidades intrínsecas al ser humano. Exteriorizar las interioridades de lo más íntimo de la naturaleza del ser, aquellas actitudes más recónditas que guardamos, al decir de un famoso autor “exorcizar los demonios internos” durante estas fiestas paganas.

Es un tema multicomplejo con numerosos matices, desde sus orígenes que se remontan a espacios remotos donde se rendía culto a los saturnales, Saturno, dios de la agricultura con los rituales dedicados a la siembra, labranza y cosecha de la tierra, las festividades carnavalescas fueron momentos de pausa en las actividades agrícolas.

Además, eran celebraciones vinculadas al ciclo agrícola y llevadas a cabo en los días previos al miércoles de ceniza. Según las leyendas, entre los pueblos indígenas, estos festejos incluían bailes, disfraces, máscaras y ceremonias asociados al maíz, el agua y la fertilidad de la tierra. Sincretismo acumulado a través de los ciclos históricos.

Luego hasta los instantes actuales de excesos, actos grotescos, exceso de bebidas espirituosas, mojaderas y culecos, rayando en la grosería, pornografía y obscenidad, cuerpos descubiertos, semidesnudos y carnes provocativas. Alcohol, guaro y campana, según un conocido cantautor.

Se puede analizar bajo varios ángulos y diversos enfoques. El objetivo es tratar de pintar un cuadro o retratar, desde la perspectiva de cómo han ido evolucionando los carnavales y el accionar de la agricultura durante estos días, pues la actividad de producir alimentos no se detiene y las faenas del campo en una u otra forma mantienen su propia dinámica.

No se si empezar con unos comentarios generales sobre la actitud y el accionar de la población durante estos días y en la cual asumimos diferentes personalidades, actuaciones, conductas, desgarrando las caretas que cubren nuestros rostros y proceder, desnudando el espíritu que cubre a todo ser y despertando pasiones ocultas que llevamos interiormente.

Líneas arriba ya hemos esbozado ciertos comportamientos de la población en los días precedentes.

¿Pero qué tiene que ver la agricultura con el carnaval o viceversa? Prefiero optar por la primera vía, emitir algunos criterios generales del ejercicio permanente agropecuario, en el transcurso de carnavales, y corresponde los estudiosos de la cultura, axiología de los pueblos, sociología y otras ciencias sociales, sobre las acciones y reacciones, las diferentes tipologías sociales, de quienes acuden a estas festividades.

Expresaremos ciertos argumentos como se desarrolla las actividades agropecuarias durante estos días y las posibles consecuencias o impactos que tiene la actividad agrícola en los entornos, siguiendo un adagio popular de algunas personas del campo: “sembrar al comienzo de la lluvia, cultivar durante la lluvia y cosechar al final de la lluvia”

Uno de ellos es el uso excesivo del agua, cuando se puede ahorrar y utilizar para fines de las siembras y cultivos agrícolas y más durante la época seca o disminución de lluvias. Nunca olvidar, fuera del uso agrícola, está el consumo humano y actividades industriales, aparte de abusos indiscriminado de agua, pues nuestras cuencas hidrográficas ya están mostrando síntoma de agotamiento.

En este apartado específico es necesario hacer énfasis, sin ser puritanos o caer en populismos baratos, pues se aduce, con cierta razón que es una labor que genera ingresos a la economía local y nacional, creando espacios estos días, de adquirir algún ingreso para diversos sectores, por las características adquisitivas de la población.

La ejecución carnestolendas ha llegado a un nivel de saturación y la ética se han transmutado, alcanzando categorías exageradas de exacerbación popular, enervamiento de las masas, hasta atrapar el clímax de la excitación colectiva, embriagados por los sonidos estridentes, acompañado del líquido espirituoso, el ritmo musical y el coro ¡agua, agua; exigiendo el golpe en las anatomías del elemento químico: H20 ¡Qué paradoja, se gasta agua en gran parte del país, y en otros lugares hay ausencia del líquido!

La dicotomía o contradicción fundamental estriba en que el carnaval representa su mascarada de libertinaje, desorden y otros factores, la agricultura intenta y debe exigir una planificación, disciplina en las labores, ahorro y trabajo constante. No puede, ni deben paralizarse los ciclos de los procesos en los campos de cultivos.

Muchas veces se detiene o pospone la realización de tareas agrícolas, pues la mano de obra, el campesino o productor, conociendo su idiosincrasia y naturaleza, se emborracha y descuida las faenas. Pierde tiempo y productividad. Hay ausencia de recursos humanos. Los valores reales y auténticos se van devaluando y lo que fue en sus orígenes, con el tiempo, han ido degradándose, convirtiéndose en vulgares chupatas y abundancia de licor.

Igualmente, posterior a los eventos, quedan esparcidos en las áreas, suelos impactados por la basura y contaminación ambiental, aun en superficies cultivables, ríos, zonas inundables, degradación de los ecosistemas.

Un momento de reflexión: efectuar reales campañas de promoción, no mediatizadas, ni enmascaradas, pues se elaboran para incitar y estimular a la ciudadanía, exhortar modificar hábitos, practicas y costumbres.

* El autor es ingeniero agrónomo
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