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12 de Aug de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Nuestro presente y futuro

“El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones” Winston Ch...

“El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones” Winston Churchill.

Podemos llegar fácilmente a la errónea conclusión de que la citada frase solo era otra de las tantas críticas que estamos acostumbrados a escuchar sobre aquellas personas que actuamos permanentemente en el mundo de la política. Pero la realidad es que dicha frase nos habla sobre la diferencia que hay entre políticos profesionales y los políticos comprometidos.

Ciertamente, ambos tienen una característica en común, la política es su día a día; sin embargo Churchill nos quiso hablar de la gran diferencia que hay en las motivaciones de sus actos. La motivación de los políticos profesionales es solo alcanzar el poder, ellos han hecho de la política una profesión. No buscan servir o cambiar las cosas que estén mal o que se puedan hacer mejor. Por el contrario, solo buscan servirse del poder, necesitan mantener los problemas del pueblo, porque viven de sus necesidades y frustraciones.

Paro los políticos de convicciones la razón de ser es producir los cambios que consideran requiere la sociedad. Para ellos, la política es un apostolado que buscan romper el paradigma popular que dice “esto no lo compone nadie”. Su predicar político se distingue de la demagogia política, porque es encarnado; su vida misma es un ejemplo de lucha y compromiso permanente con esas convicciones que profesan.

En Panamá, durante los últimos cinco años de gobierno hemos podido apreciar lo que nos quería enseñar Churchill, al ver lo que ocurre cuando los políticos profesionales cumplen su meta de llegar al poder. Una época de crecimiento y bonanza económica, es paralelamente una época donde las marginaciones sociales se hacen más evidentes; pese a que el gobierno dispuso de recursos económicos, nunca vistos en otras administraciones.

Al ganar las elecciones del 2004 no se fijaron como objetivo el atender las necesidades sociales del pueblo. El objetivo era mantener a la cúpula del partido en el poder durante los próximos 25 años y en razón de ello, desde el inicio, se uso el poder únicamente para fortalecer el clientelismo político. La categórica derrota electoral les cambio sus prioridades, pero no su razón de ser. Su nueva prioridad es dejar el terreno minado a la nueva administración para afectar su capacidad de acción. Las modificaciones a la Ley de Carrera Administrativa, para forzar la permanencia de sus cuadros que buscarán entorpecer el trabajo de las nuevas autoridades; los compromisos prematuros en las partidas de inversión asignadas para los últimos meses del año; contratos millonarios de última hora; el otorgamiento masivo de cupos y el asalto a los recursos del PRODEC a través de modificaciones que desvirtúan el proyecto de Ley de Descentralización consensuado; son algunos petardos que nos deja la administración saliente.

Su actitud egoísta y antinacional no debe sorprendernos. No podíamos esperar que gobernantes que actuaron como políticos profesionales, de la noche a la mañana se convirtieran en estadistas preocupados por las futuras generaciones.

Nuestro reto no es derrotarlos, ya el pueblo lo hizo. Nuestro resto es desactivar las minas que nos dejan y trabajar sin descanso para cambiar las imperantes desigualdades sociales que generan pobreza y frustración; convencidos de que cambiando el presente, lograremos cambiar el futuro.

-El autor es analista político.camachocastro@gmail.com