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12 de Aug de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

La historia la hacen los pueblos

Los pueblos de América Latina han venido creciendo en organización, movilización y conciencia. En las últimas décadas, los movimientos s...

Los pueblos de América Latina han venido creciendo en organización, movilización y conciencia. En las últimas décadas, los movimientos sociales de la región han dado muestra de conciencia para sí. Además, han dado paso a un proyecto regional alternativo, con la asunción de gobiernos que han comprendido la importancia de procesos que atiendan las necesidades de la población y la participación de éstos en la toma de decisiones.

Ello ha levantado la irritación de las clases dominantes, que han intentado frenar este accionar, obstaculizando los procesos democráticos de consulta al pueblo, tal ha sido su intromisión en Bolivia, Venezuela, Ecuador, y ahora en Honduras. Han sido notorias y reiteradas las amenazas de golpe de Estado. El que, no obstante el asedio, éstos gobiernos (Evo, Chávez y Correa) sigan adelante, es cosa que disgusta a las oligarquías latinoamericanas y, por supuesto, al Departamento de Estado de EUA y al capital transnacional. Estos sectores han llegado a un punto de total impaciencia, frente a los procesos de cambio social que se escenifican en el Continente. Están dispuestos a hacer lo que sea, al costo que sea, para revertir la situación y recuperar la hegemonía perdida. Ello sucedió en Honduras. El hecho de que el gobierno de Manuel Zelaya, tomara la decisión de aumentar el salario mínimo al nivel del costo de la canasta básica; el respaldar el proyecto del ALBA para atender las demandas sociales; la idea de consultar a la ciudadanía para opinar sobre la creación de una nueva Constitución adaptada a los cambios que ha experimentado el contexto nacional e internacional, disgustó a la clase empresarial y política.

Esto suscitó la oposición feroz de la oligarquía hondureña, cuyos antecedentes la retratan como una clase social insensible, corrupta y autoritaria. Levantó la ira de la llamada clase política, que ha manifestado una resistencia creciente a aceptar nuevas formas de democracia, como la participativa, argumentando que la democracia representativa es la única forma de ejercicio de la democracia. Desempolvó al Ejército, el cual tiene un currículum de brutalidad y asesinatos. De forma mancomunada y sincrónica, confluyen en esto los órganos del Estado, los gremios empresariales, las corporaciones mediáticas y las jerarquías religiosas. La alianza de éstos, conducen al Golpe de Estado contra Zelaya y a la proclamación del gobierno de facto de Roberto Micheletti.

Frente al golpismo de las derechas oligárquicas latinoamericanas, a los movimientos sociales nos compete la tarea de seguir trabajando por la real democracia y por la construcción de una sociedad justa. Defender la construcción de alternativas democráticas, es defender nuevas formas de organización ciudadana y participación popular que impriman nuevos contenidos a esta institucionalidad, que pasa por levantar cambios a nuestras constituciones, que en el caso panameño la concebimos a través de la autoconvocatoria a una Constituyente Originaria.

Nuestra solidaridad al heroico pueblo hondureño, que resiste en las calles. Condenamos el golpe de Estado y demandamos del gobierno de Ricardo Martinelli que, de manera enérgica, se condene este atropello a los derechos humanos y las garantías constitucionales de los hondureños y que no se reconozca a ningún gobierno que no sea el del presidente constitucional Manuel Zelaya.

-El autor es secretario general del Suntracs.rologe54@yahoo.com