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09 de Aug de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Roberto ‘Chato’ Alemán (1921-2009)

Desde el púlpito sagrado de la grey católica, se ha dicho que hay momentos en que el tiempo parece detenerse y el misterio del hombre se...

Desde el púlpito sagrado de la grey católica, se ha dicho que hay momentos en que el tiempo parece detenerse y el misterio del hombre se revela en sus dimensiones más profundas. Son las horas en que amigos y adversarios se inclinan reverentes y sobrecogidos por la trascendencia divina; ceder cuando el ángel de la muerte golpea nuestra puerta. Nos sentimos invadidos de silencio y de preguntas, y queremos saber algo más sobre la vida y sobre la muerte, sobre el más allá y el más acá.

Entonces, volvemos nuestra mirada hacia el Señor y esperamos de sus labios las palabras ciertas y sinceras, que nos ofrecen “luz en nuestra oscuridad, fe en nuestra duda y consuelo en nuestra aflicción”.

El día martes vivimos esa hora al acoger los restos mortales del difunto abogado, diplomático y empresario Roberto ‘Chato’ Alemán al presentar su alma al Altísimo. Hace más de 40 años, el Licdo. Aquilino E. Boyd me presentó al ponderado Dr. Roberto ‘Chato’ Alemán, tan distinguido ciudadano. Nunca olvidé el gesto de amistad. Con frecuencia visitaba la Firma de Abogados Icaza, González Ruiz & Alemán para saludar a mis amigos Aquilino y ‘Chato’ Alemán, quienes me impusieron sobre muchos aspectos de la vida nacional. La desaparición física de mis buenos amigos, en su orden, Aquilino E. Boyd, don Alberto ‘Chiquitín’ Vallarino, y ahora el Dr. Roberto ‘Chato’ Alemán, me dejan un tanto huérfano de consejeros y amistad sincera.

Cuando al posarse el sábado 18 de julio de 2009 sobre la Tierra las sombras de la noche, el espíritu inmortal del Dr. Roberto ‘Chato’ Alemán se despojó de sus vestiduras terrenales para remontarse al Empírico, y cuando el hilo telefónico diseminó por todo el país la luctuosa nueva, la República se estremeció al percatarse, con dolor indefinible, de que había perdido a un hijo preciado entre los más preciados.

¿Por qué implacable fatalidad hemos de privarnos de las actividades, del cariño y de los consejos de quien tanto amaba a su familia y a su patria y quien tanto bien y tanta dicha supo sembrar en derredor de sí? No hay quién pueda responder a esa pregunta del alma compungida. Es el Destino, dicen unos. Es la voluntad de Dios, afirman otros.

Pero ni una ni otra respuesta logran impedir que el corazón desangrado siga sangrando y que la esposa adolorida, María Teresa, los hijos desolados, los amigos llenos de tristeza y la Patria cubierta de luto continúen sintetizando su dolor en esa punzante interrogación.

Roberto ‘Chato’ Alemán representa la terminación de una vida iluminada con la diafanidad de su historial limpio y cristiano, cual las aguas de un manantial de roca viva. ¡Paz a su tumba!

*Pedagogo, escritor y diplomático.socratessiete@gmail.com