07 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Salvemos la educación

Según las estadísticas de la Universidad de Panamá, de los 18,056 estudiantes que se inscribieron en el periodo 2008-2009 para ingresar ...

Según las estadísticas de la Universidad de Panamá, de los 18,056 estudiantes que se inscribieron en el periodo 2008-2009 para ingresar a la Universidad, solo 12,116 completaron las cuatro fases de pruebas, y de éstos solo 6,740 lograron el índice para ingresar. Es decir, uno de cada tres estudiantes que se inscribieron lograron obtener el índice adecuado, que fue ajustado por la Universidad. Esta es la realidad de la educación pública en Panamá.

La calidad de nuestra educación pública necesita una urgente reforma para adecuarla a los tiempos modernos. Estamos produciendo estudiantes deficientes en español, matemáticas y ciencias. No hay una política para incentivar el estudio de las ciencias en general y menos para cultivar el amor, la pasión al estudio e impulsar la capacidad creadora de nuestros jóvenes estudiantes.

El actual sistema educativo panameño se ajusta, en términos generales, a la concepción peculiar de una sociedad de características muy distintas a las actuales. En realidad, su estructura y organización no ha evolucionado en la dirección ni a la velocidad necesaria. Las leyes sobre educación han representado una contribución indudable y meritoria a la extensión y mejoramiento de los servicios docentes, pero se han ocupado de los niveles educativos considerados aisladamente y sin conexión entre sí.

Esta concepción no ha favorecido la integración armónica que debe caracterizar a un sistema educativo nacional ni ha tenido en cuenta que la educación es un proceso continuo y que el sistema escolar constituye una unidad funcional en la que todo está en todo, en el sentido de que cualquier mérito o deficiencia de un nivel educativo repercute en los demás.

Mientras el sistema educativo panameño sufre reformas parciales, el mundo globalizado se transforma integralmente, a un ritmo y con una amplitud y rapidez incomparablemente superiores a los de cualquier época histórica anterior.

El crecimiento demográfico del país está cambiando drásticamente, exige y exigirá un incremento considerable de las instituciones educativas y mejoras progresivas y permanentes en la calidad de educación.

Existe hoy una fuerte demanda de ecuación de calidad ocasionada por las crecientes esperanzas que se depositan en ella como medio de movilidad y ascensión económica, social y cultural. Todos los sectores sociales participan por ese interés en la educación.

En un intento de síntesis de las exigencias que las tendencias y problemas anteriormente mencionados plantean a nuestro sistema educativo, podría decirse que se reducen a preparar al individuo para: un mundo de proceso de cambio acelerado; una mayor participación en las decisiones políticas; una sociedad más justa que la actual, con ideales y móviles más elevados y dignos que los que determinan hoy la actividad vital de ciertos sectores sociales. En definitiva, preparar al individuo para que asuma con mayor plenitud la libertad y la dignidad que como persona le corresponde y los derechos y deberes para con el bien común que a ellas van indisolublemente unidos.

Para luchar eficientemente contra la pobreza se hace necesario contar con un sólido sistema educativo y una profunda modernización del sistema de salud público. Las características de la economía del país han evolucionado profundamente. El proceso de desarrollo económico panameño en el futuro dependerá, en buena medida, de la incorporación creciente de la moderna tecnología al sistema productivo nacional.

Además, la evolución política panameña muestra una clara tendencia hacia una mayor participación ciudadana en los procesos de la vida política, social, económica y cultural del país, y modifica de manera esencial el tipo de relación del ciudadano con los poderes públicos.

El proceso científico y técnico a nivel mundial evoluciona a un ritmo sin precedentes históricos. En el campo de las ciencias, la desproporción entre la amplitud y la profundidad de sus avances y la capacidad de su asimilación por el hombre crece cada vez más.

El sistema educativo panameño debe concebirse de manera tal que permita dar satisfacción a las aspiraciones individuales y sociales. La nueva estructura educativa panameña debe guardar una relación adecuada con la estructura ocupacional para evitar frustraciones individuales y debe ser lo suficientemente flexible para adaptarse a las continuas transformaciones. Necesitamos un periodo de educación general de suficiente extensión, para que el alumno adquiera una base sólida que le permita proseguir después las enseñanzas de bachillerato o especialización más acordes con sus aptitudes.

Panamá requiere de una educación superior que, además de preparar en diversos grados para las profesiones que a ese nivel requiere la sociedad panameña, infunda y haga posible un auténtico espíritu investigador y aliente el desarrollo social y cultural. De igual manera es necesario el establecimiento, en cualquier edad y situación de la reanudación de los estudios, la renovación de los conocimientos, las readaptaciones ocupacionales y la promoción profesional.

Para salvar la educación panameña toda la sociedad debe empeñarse con tenacidad, entusiasmo y patriotismo en su transformación.

*Ingeniero y analista político.blandonc@cwpanama.net