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30 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

¿Qué hacer con la unidad?

El sábado próximo pasado un centenar de veteranos fundadores del Partido Revolucionario Democrático (PRD), ex funcionarios del pasado Go...

El sábado próximo pasado un centenar de veteranos fundadores del Partido Revolucionario Democrático (PRD), ex funcionarios del pasado Gobierno y miembros de la actual dirección, se dio cita en la sede del partido para declarar su intención de unificarse.

Tomó mucho tiempo, muchos sinsabores, muchos rechazos ante la muestra de cinismo de algunos de ellos y la presión de todo un partido por las desgracias provocadas, justificadas y merecidas, para que finalmente su cúpula se adviniera a dar una declaración pública que entre líneas acepte que hay una fragmentación de la organización y una perdida de credibilidad y legitimidad.

La intención siempre es buena cuando es sincera. Pero no deja de ser una intención. El PRD no está situado en el vacío, sino que vive en medio de otros actores que ven el mensaje con escepticismo.

Queda por delante demostrar que no se trató de una simple respuesta a la presión de su inmediato adversario, hoy en el Gobierno. Que no fue una reacción de pánico de quienes están señalados por haber sustituido el proyecto político colectivo por sus ventajas personales. Que no fue un ritual retórico de carácter festivo.

La construcción de la unidad tomará su buen tiempo. Requerirá de un titánico esfuerzo de las partes involucradas. De una práctica de tolerancia, de inclusión, de concesiones y desprendimientos. Sacar al partido del espíritu de montonera y devolverle su ambiente de participación y oportunidades basadas en el mérito y no en la subordinación a una u otra de las fracciones en pugna.

La unidad a expensas de la verdad no es tal unidad. Es necesario construir un nuevo consenso para lo cual es necesario reconocer los errores cometidos, tener la voluntad política para corregirlos y tomar medidas para que no sea fácil volver a repetirlos.

La declaración de intención de unidad puede convertirse en un agujero negro, si no son consecuentes con una práctica. Este es un partido fuera de la realidad del país y hace tiempo dejó de tener en cuenta los profundos cambios que se han producido en su sociedad. De allí el discurso de alguno de ellos, pues han sustituido la lógica política por las arengas emocionales de corte mesiánico.

A través del fraccionamiento del partido la lucha de las cúpulas se ha trasladado a toda su membresía. La consigna de la institucionalidad fracasó no más lanzarla a la opinión pública, porque los años de reclutamiento clientelar convirtió al aparato del partido en una mortal trampa de lucha por el control de los espacios de poder. No hay institucionalidad, porque en la práctica no hay mando único y al no existir el mando único las fracciones actúan como mini-partidos dentro del PRD.

Lo más saludable sigue siendo que los actuales jefes de fracciones cedan su espacio y se logre concretar una dirección colegiada, todavía sin un “ caudillo ”, que pueda trabajar por consensos mientras se logra renovar a todo su aparato y restablecer una práctica democrática realmente participativa y con capacidad para la negociación política con los otros actores del Estado panameño.

*Miembro del PRD.rvasquezch@cwpanama.net