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28 de Mar de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Hay que aprender a ser padre

Desde el punto de vista de la procreación, es evidente que cualquier persona, inclusive jóvenes, casi niños, pueden procrear, ser padres...

Desde el punto de vista de la procreación, es evidente que cualquier persona, inclusive jóvenes, casi niños, pueden procrear, ser padres o madres no es solo hacer hijos, y es más que vestirlos y alimentarlos.

Existen situaciones tan importantes como las que nos obligan a tener dentro del hogar una conducta ética, moral, comprensiva, tolerante, docente y afectiva para con nuestros hijos, entonces, podrán decir orgullosamente: “ Soy padre.. o madre ”. Bajo estas circunstancias, la crianza de los hijos es realizada con verdadero acierto.

Impulso la creación de la Escuela de Docencia Familiar, porque los elementos arriba apuntados están distantes de la crianza de hoy. Inclusive en las clases sociales altas o medias existen descuidos, tales como no estar en contacto afectivo con los hijos, alejados de ellos, les faltó calor. Se descuida la crianza, desde su infancia, pasando por la pubertad y luego la adolescencia para encontrar tragedias de jóvenes de ambos sexos entregados a las drogas, prostitución, etc., porque simple y sencillamente “les faltó padres”, aún viviendo en la opulencia.

Y si en las altas y medias ocurre tal situación, lo que ocurre en las bajas, la situación se torna más dramática, surgiendo en todas las capas sociales los cuadros trágicos de una sociedad que a galope se descompone sin que nadie la detenga. Los tiempos en que el padre o madre aprendían solos, pasaron a la historia.

Pero, ¿les da el procrear la condición de padre o madre? Claro que no. Uno de los grandes problemas sociales es precisamente la procreación irresponsable. La procreación irresponsable incluye muchas situaciones. Se puede aprender a ser padre en sentido amplio del vocablo, pero la más de las veces hoy es así. En centenares de familias, padre y madre salen a la calle a trabajar, de allí que contratan los servicios de personas —desconocidas, diría yo— para que atiendan a sus hijos, esas personas estarían obligadas a pasar por las aulas y tomar el curso de Docencia Familiar, el que también les servirá en sus propios hogares.

Aún más, deben pasar por un análisis psicológico para determinar las condiciones psíquicas, problemas de conducta, etc, que pudieran tener las personas en vías de ser contratadas. Al fin, es el infante el objeto y sujeto de la familia, de la sociedad y desde luego del Estado. Al recibir dichos cursos, padres, madres y domésticas, todos ganarán y ganará el niño, solo así podríamos evitar males que surgen en demasía en el entorno social.

Señor presidente, señora ministra de Educación, los exhorto a empuñar la bandera de esta reivindicación social y moral de nuestra patria con la creación de las Escuelas de Docencia Familiar.

Así son las cosas.

*Empresario.juramor777@hotmail.com