Temas Especiales

30 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Maradona, fútbol y política

Los exabruptos de Diego Maradona instantes después de que Argentina ganara un cupo para el Mundial Sudáfrica 2010, cargados de frases ob...

Los exabruptos de Diego Maradona instantes después de que Argentina ganara un cupo para el Mundial Sudáfrica 2010, cargados de frases obscenas e insultos de índole sexual, podrían acarrearle una sanción de la FIFA que abrió un proceso en su contra. El ahora director técnico arremetió contra sus críticos por el pobre desempeño del seleccionado argentino que, antes de derrotar a Uruguay 1-0, había sufrió goleadas humillantes. Si la FIFA lo condena, Maradona sería suspendido como técnico por cinco partidos y debería pagar una multa de $19,700.

No es novedad el comportamiento marginal de Maradona. Su personalidad conjuga las debilidades que envilecen al individuo con la veneración a un ídolo que deberían contribuir a fortalecer los valores humanos. En la realidad no es más que un ídolo falso.

Su vida ha discurrido entre la trampa, la mentira y la adicción a las drogas. Fue casi divinizado en 1986 luego de un gol fraudulento en el que metió el balón con la mano frente a la selección de Inglaterra. Se habló de “ la mano de Dios ” y Maradona se creyó su propia historia, manifestando un permanente desprecio a las reglas que norman la conducta humana.

Como una señal de soberbia, el técnico argentino no soporta que lo critiquen. Responde con la lógica de la agresividad y la descalificación. Desconoce lo que es mesura, equilibrio mental y serenidad espiritual. Al ser incapaz de controlarse a sí mismo, mal puede, entonces, conducir a un grupo humano.

Al episodio Maradona, que fue noticia mundial, puede dársele proximidad y observar cómo ese comportamiento soberbio está primando en las altas esferas del poder en Panamá. El país se encuentra frente a un gobierno que —por las señales dadas en sus primeros meses— no respeta los Órganos del Estado y se inmiscuye en todos los campos de la vida nacional.

Si durante la campaña electoral se socavaron los principios premiando la traición, desde el poder explotan las debilidades morales de la condición humana en beneficio de sus desproporcionadas ambiciones de poder.

Esa sed de poder pareciera ser la razón de Estado de las autoridades nacionales que estafan a los votantes que las eligieron y lesionan gravemente el dogma de la representación democrática.

Panamá no puede convertirse en una Nación del silencio, sin voces discordantes. El gobernante está rodeado únicamente de subalternos a quienes exige que cumplan sus órdenes o los despide, como si esa fuera la experiencia que busca reproducir en el resto de la sociedad.

Al igual que dirigir un equipo de fútbol, gobernar un país es un ejercicio colectivo, en el que debe predominar la reflexión frente al arrebato, la moderación en lugar de los espectáculos mediáticos y la decencia ante las acciones burdas. Panamá no puede estar a merced de lo impredecible. Todavía puede apelarse a la racional de quienes lo gobiernan.

-El autor es periodista.d_olaciregui@hotmail.com