• 23/02/2026 00:00

El neoliberalismo y la educación

La política neoliberal que el actual gobierno, autodeclarado como de la empresa privada, viene desarrollando a ritmo de choque, está destinada a transformar toda la sociedad, con el fin de adecuar su funcionamiento a los intereses de los sectores económicamente dominantes. La misma se compone de diversas acciones de reformas.

Entre los elementos básicos de dicha política se encuentra la propuesta de una reforma educativa, que necesariamente, dada la naturaleza del gobierno de turno, será enmarcada dentro de los conceptos del neoliberalismo, tal como han sido desarrollados por la teoría de diversos autores, entre los que se destacan Milton Friedman y Friedrich Hayek. Resulta, entonces, indispensable someter a crítica dicha teoría.

Para comenzar se debe señalar que, tal como lo subraya el profesor Jorge Vergara Estévez en su artículo El debate entre la educación republicana y la neoliberal en Chile (2012), un importante punto de orientación para entender el enfoque neoliberal es el concepto de ser humano en el pensamiento de Friedman. Para este los seres humanos buscan exclusivamente su propio bienestar, lo que hacen gracias una racionalidad económica perfecta, guiada a maximizar sus beneficios y minimizar sus costos. En este enfoque la sociedad es simplemente una colección de individuos egoístas y racionales, que intentan maximizar sus objetivos por medio de la fiera competencia en el mercado.

En este encuadre conceptual la educación debe entenderse fundamentalmente como una mercancía, la que ha de adquirirse principalmente por los padres compradores por medio de relaciones mercantiles. En esta visión la idea de justicia social carece de sentido. Es así que Hayek, en su trabajo titulado Democracia, justicia y socialismo (Editorial Unión 1985), afirma que “el lema “justicia social” es conceptualmente fraudulento” (p. 25).

Esto explica que Friedman, en su obra Capitalismo y Libertad (Deusto, 2022), proponga que el subsidio del Estado a la educación se debe reducir a una cantidad que asegure “un mínimo de alfabetización y conocimiento por parte de la mayoría de los ciudadanos... y una amplia aceptación de un conjunto de valores” (p. 136). Obviamente aquí no prima la idea de la educación como un derecho humano universal.

No solo se trata de un mínimo que excluye todo elemento que “incrementa la capacidad productiva del estudiante” (p. 138), lo que significa que cualquier contenido educativo que implique adquisición de lo que se conoce como capital humano, debe ser adquirido por vía mercantil. Además, la educación básica subsidiada debería asegurar el conjunto de valores que hacen funcional una economía prácticamente pura de mercado, que acepta, además, las relaciones sociales de producción que la caracterizan.

El interés general de delimitar la participación del Estado en el financiamiento de la educación, aparece en el pensamiento neoliberal con mucha más claridad para el caso de los países con menor desarrollo relativo. Las siguientes palabras de Hayek en su libro The Constitution of Liberty (1978) así lo demuestra: “Por muy sólidos que sean los argumentos que existen en estos países para que el gobierno tome la iniciativa de dar ejemplos y gastar libremente en la difusión del conocimiento y la educación, me parece que los argumentos en contra de la planificación y dirección general de toda la actividad económica son aún más sólidos allí que en países más avanzados. Digo esto por razones tanto económicas como culturales (p. 367).”

El mecanismo propuesto por Friedman y avalado por Hayek (1978. p. 381) para dar los subsidios, obviamente recortados, que el Estado entregaría para la educación se darían por el infame método de vale o voucher. Para esto el gasto público se dividiría entre el número de estudiantes y a cada familia se le entregaría un vale o voucher equivalente a dicho promedio por cada hijo estudiante. Con esto los padres de familia adquirirían en forma mercantil la educación de los hijos, eligiendo “libremente” donde lo hacen.

En teoría, se estaría formando un libre mercado de la educación, sin embargo, este sería uno fragmentado. Obviamente los padres que puedan adicionar sumas significativas de dinero al vale o voucher podrán optar por escuelas más caras capaces de ofrecer una mejor educación, los que no lo puedan hacer, tendrán que optar por escuelas que, al contar solo con el recurso proveniente de los vales o vouchers, solo podrán acceder a una educación de nivel inferior. Se trata de un modelo de reproducción de las diferencias sociales. Una educación para los sectores hegemónicos y otra para los sectores subalternos.

Desde luego que este esquema, supuestamente de competencia, abre definitivamente la educación a un proceso de privatización, ya sea directo o indirecto, vía la existencia de escuelas que formalmente seguirán siendo públicas, pero administradas por privados (el esquema de las escuelas subrogadas). Las que sigan siendo de administración púbica deberán operar financieramente como si fueran privadas. Es nuevamente necesario insistir en la necesidad de prepararnos para el debate que se avecina, con el fin de enfrentar las nefastas ideas de la reforma educativa neoliberal.

*El autor es economista
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