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02 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Seguimiento al Directorio del PRD

En declaraciones del día de ayer, el nuevo secretario general del PRD informó la futura creación de una Comisión de Ética, con el fin de...

En declaraciones del día de ayer, el nuevo secretario general del PRD informó la futura creación de una Comisión de Ética, con el fin de combatir las prácticas ilícitas en los procesos de candidaturas y selección de los cuadros políticos de ese Partido. Diríamos que es una buena señal dirigida a combatir una práctica hecha costumbre que condujo a la organización a graves procesos de degradación y frenó, por casi una década, la participación y oportunidades de miles de sus militantes.

En ese camino, creo injusto el señalamiento de que esta nueva dirección no recoge el sentimiento de cambios y correcciones demandadas por su militancia. Debemos entender que esta es una dirección temporal, cuyo mandato está claramente explicado en los documentos del pasado Directorio del 18 de octubre. Su misión es la de garantizar un Congreso Extraordinario, dirigido a modificar los estatutos del Partido. Los estatutos vienen a ser el paquete de normas y regulaciones que disciplinan la vida interna de toda la membresía. Son las reglas del juego sobre las que se establecen los derechos y deberes de cada uno y son de obligatorio cumplimiento. En ese sentido, la Comisión de Ética, puede convertirse en un instrumento que asegure que los Estatutos no sean un paquete de letras muertas.

Por otro lado, y tal como lo señalé en artículo anterior, esta dirección temporal no fue un asalto al cielo. Marca sí un proceso de cambios que deben restablecer, proteger y asegurar la democratización del Partido y abrir los grandes espacios de participación y de oportunidades. Es la única opción con que cuenta el PRD para tomar los correctivos que la realidad demanda y poder reinsertarse en la sociedad con una imagen renovada. En ese sentido solo la práctica puede decirnos si valió o no la pena dar este paso.

Las malas costumbres no pueden cambiar de un día para otro y necesitan no solo de la habilidad de estos dirigentes, sino de la posibilidad de involucrar a toda su membresía. Mientras Martín ocupaba su tiempo en administrar el Estado, un grupo de diabólicos “ compañeros ”, amparados en la impunidad de sus cargos destrozaron la organización, eliminaron el diálogo y el debate, aplastaron el pensamiento crítico y finalmente hicieron del clientelismo el sustituto moral y político del Partido.

Lo que hoy estamos comenzando a vivir es la transición entre eso que hizo crisis y lo nuevo que no se le había permitido manifestarse. No es un proceso fácil ni sencillo. Los hábitos y las rutinas que escenificaron marcaron el estilo de vida del aparato político. Lo que es peor, lo viejo se resiste a aceptar esa nueva realidad. Siguen viviendo de sus glorias pasadas y de su casi absoluto poder. Seguirán por un tiempo reclamando su mundo virtual, sin darse cuenta de que su período útil en la organización se agotó. Esta vez al margen del aparato que ya no pueden controlar, seguirán actuando de forma paralela, reclamando los favores otorgados, chantajeando las complicidades que promovieron, alimentando la miseria humana y conspirando contra el mandato del Directorio. Eso está en su naturaleza y por eso han sido condenados por la sociedad y por los cientos de miles de miembros del PRD que desean un verdadero cambio y profundas rectificaciones para retomar la senda de nuestro origen junto a nuestro pueblo y al sagrado compromiso de un verdadero Torrijismo.

*Miembro del PRD.rvasquezch@cwpanama.net