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05 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Casas, marinas y superyates

En marzo de este año, los costarricenses inauguraron en el Golfo de Papagayo un enorme complejo residencial y turístico de más de 230 he...

En marzo de este año, los costarricenses inauguraron en el Golfo de Papagayo un enorme complejo residencial y turístico de más de 230 hectáreas, que consiste principalmente en una marina para albergar superyates, con conexión de fibras ópticas, televisión satelital, servicio de conserjería y varios muelles lo suficientemente grandes para acomodar botes hasta de 75 metros de largo.

La construcción de marinas es un nuevo concepto de desarrollo turístico y una idea excepcional para la atracción de inversión extranjera. El mercado de superyates está compuesto por personas de todas partes del mundo que buscan facilidades de viviendas, entretenimiento, pasatiempos y mucha tranquilidad. Hasta ahora, los superyates han tenido como base las marinas en aguas del Mediterráneo y el Caribe, donde en la actualidad existen atractivas y exóticas instalaciones. Y no es hasta recién que Centroamérica y el resto de la costa del Pacífico han entrado al radar de estos magnates de la navegación.

Pero el número de superyates, usualmente definidos como botes con longitudes mayores a los 30 metros, ha crecido 75% desde el año 2000, de 2100 a más de 3700, de acuerdo a la Superyatch Intelligence Agency , una empresa consultora de investigación del sector marítimo con sede en Londres. Y en los próximos dos años entrarán al agua 500 yates más.

Desde cualquier perspectiva, hay una escasez de espacio para atender estos grandes botes, especialmente en la costa del Pacífico. En muchos lugares, en México, Costa Rica y Panamá, la construcción de canchas de golf ha sido hasta ahora el incentivo principal para atraer inversores y turistas residenciales. Pero todo indica que esto está cambiando: los propietarios de superyates llegan a buscar propiedades, no a jugar golf.

A pesar de la desaceleración económica mundial en el mercado de bienes raíces, el proyecto en Costa Rica vendió más de 200 condominios situados alrededor de la marina antes de que estuvieran terminados. Incluso, hay planes para construir 500 nuevas residencias con precios que oscilan entre medio millón y millón y medio de dólares. Y el proyecto sigue impactando toda la costa tica; al sur de la Península de Papagayo, se encuentra el pueblo de Jaco, en donde 50% de los compradores de casas son dueños de superyates.

La marina en Papagayo, con capacidad para más de 300 botes, está poniendo a Costa Rica en el mapa mundial de bienes raíces. Las marinas se han convertido en generadores de turistas e inversionistas. Y, mientras en Panamá todavía están pensando que el golf va a atraer a los compradores e inversionistas, en Costa Rica ya están capitalizando el inmenso mercado mundial de marinas.

Hay quienes pueden sentirse escépticos de que en la Región hay cabida para tanta gente. Según los expertos y de acuerdo al perfil de los dueños de yates, a esta gente les gusta la privacidad, admiran las buenas vistas, se divierten con nuevos destinos, respiran aire puro y aprecian la tranquilidad, especialmente en época de tormentas y huracanes. A través de los años han sido muchas las marinas que se han planificado en las costas de Centroamérica, solo para morir en sus etapas de diseño y construcción. La mayoría de las ubicaciones carece de infraestructura, que como mínimo deben tener un astillero, restaurantes y facilidades de generación eléctrica.

Por lo visto, no es solo agua y muelle lo que se requiere. Entre otras cosas, la seguridad no es negociable. Precisamente, el gobierno de México estuvo por años tratando de construir una súper marina en Cabo San Lucas, con un complejo residencial y capacidad para manejar yates de hasta 122 metros. Pero la guerra y el narcotráfico ahuyentaron a los inversionistas. Ahora en Costa Rica, la construcción de nuevas marinas requerirá de un mayor escrutinio por parte de las autoridades ambientales. Y ya hay quienes dicen que resultará imposible volver a construir algo similar a Papagayo en las costas del Pacífico, sin que salten los ambientalistas de todas partes del mundo.

Esta historia de éxito en Costa Rica es un relato que debiera abrirnos los ojos. Panamá no tiene menos costas que nuestro país vecino ni tampoco menos facilidades. Sin embargo, nos está robando la iniciativa. Y mientras aquí nos debatimos sobre la viabilidad de una marina en el pleno corazón de la ciudad y le sustraemos fuerza al proyecto de Isla Flamenco, los ticos marchan a toda velocidad en la captura del mercado de los superyates.

No será hasta que el Gobierno determine las prioridades nacionales, establezca las reglas del juego y mande señales claras al resto del mundo, que el país recibirá el flujo de inversiones que requiere para sostener su crecimiento y revertir la curva de la pobreza. Las costas del Pacífico panameño son una belleza de esplendor y pudieran convertirse en una marina mucho mejor que Papagayo, con aeropuertos, hoteles resorts, canchas de golf, paseos a montañas y, sobre todo, mucha tranquilidad.

Pero este tipo de esfuerzo requiere coordinación y ejecución, y solo el Gobierno está en la capacidad de brindarlo. Proyectos de esta envergadura no se construyen con publicaciones a página entera ni se manejan a través de contrataciones directas, ni son parte de un show mediático. Son soluciones que se conciben solo en una mente serena y tranquila.

*Empresario.lifeblends@cableonda.net