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04 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Zanahoria para la chupata

La tranquila madrugada, amenizada por las rockolas fue interrumpida por la algarabía y la lluvia de sillas y mesas que cerca de las 5:00...

La tranquila madrugada, amenizada por las rockolas fue interrumpida por la algarabía y la lluvia de sillas y mesas que cerca de las 5:00, cambió el panorama bohemio de la cantina Cholín en Cabuya, corregimiento de Tocumen. Alexis, conocido como “La Sombra”, no vivió para contarlo. Siete puñaladas pusieron fin a sus 33 años de vida en medio de la disputa estimulada por los copetines.

Esta es una de las tantas notas de prensa que surgen a esa hora temprana y cuyas historias cuentan incidencias, hechos, accidentes en diferentes escenarios, pero que tienen como factor común que se producen durante o con posterioridad a múltiples formas de diversión originadas en los santuarios de Baco, no importa qué modalidad adquieran ni el nivel socioeconómico de sus parroquianos.

Los autos que como bólidos se insertan en los techos en Calle 50, en las palmeras en Avenida Balboa o derrapan sobre los cruces que atraviesan la Vía España y en la Avenida Ricardo J. Alfaro o “Tumba Muerto” tienen el mismo origen y las horas son similares; por lo general en la aurora o cuando el sol comienza a despuntar.

Igual principio tienen las disputas en media calle, los asaltos a tambaleantes beodos, la violencia de los callejones y hasta la mirada recriminadora de las esposas o madres cuando abren las puertas, luego de los golpes, que sustituyen los intentos infructuosos de dar con el ojo de la cerradura por los cansados festejantes.

Es la “hora de los lobos”, como diría Ingmar Bergman en aquel célebre filme homónimo, cuando el espíritu baja la resistencia y la razón da lugar a las pasiones que se agolpan, estrujan las almas y las tornan flecos. Algunos ni siquiera vuelven a su estado normal; caen como “La Sombra” o son extraídos con sopletes de entre la retorcida hojalatería de los vehículos.

En la actualidad se discute la posibilidad de obligar a los centros nocturnos a cerrar a una hora específica y que cambia según los días de la semana; un horario del lunes a jueves y otro para el periodo viernes a domingo. Se le conoce como Ley Zanahoria, denominada así desde 1995 en Santa Fe de Bogotá, cuando el alcalde local de ese entonces, Antanas Mockus la instauró con excelentes resultados.

El nombre alude —en la jerga bogotana— a gente bien portada y es una especie de mofa; como un horario para ingenuos o clientela que debe regresar temprano a sus casas. La idea es que cualquier centro nocturno como bares, discotecas y centros de diversión donde se expende licor, cierre y sus parroquianos se retiren antes de que avancen las sombras mañaneras.

Una medida de este tipo ya es combatida por los dueños de estos establecimientos, que argumentan que el grueso de sus clientes son extranjeros o turistas. Desde el punto de vista cuantitativo, esta posición es exagerada y tiene el mismo lado flaco que aquella tesis de los casinos, donde se sabe que más de un 80% de los que acuden a jugar desde temprano en la mañana, son nacionales y sobre todo, de edad avanzada.

En Colombia, la medida cambió totalmente el ambiente nocturno y bajó al mínimo la estadística de hechos delictivos y accidentes durante el alba. De igual manera en otros países donde se ha impuesto, pese a las improvisadas alternativas que han surgido como los clubes para “después” ( after hours ) donde la gente se escapa para pasar el tiempo hasta la salida del sol.

Sin embargo, hay una serie de aspectos que deben ser tomados en cuenta con la aplicación de esta medida con sobrenombre de hortaliza. Las horas en que termina la juerga coinciden con el peor momento para el transporte colectivo o selectivo en la ciudad de Panamá; circunstancia que puede estimular los asaltos a quienes esperan que una unidad les lleve a sus casas, como ocurrió a un joven periodista.

Hay una especie de concesión con la propuesta de cerrar a las 2:00 de la mañana para los días de semana y a las 3:00 durante el fin de semana. ¿Qué diferencia hay entre esas horas y las 6:00 de la mañana? En Colombia el cierre era a la 1:00 de la madrugada. El propósito es que no haya escándalos ni jolgorios durante las horas entre medianoche y la salida del sol.

No es una medida traída de los cabellos. Se requiere analizar las estadísticas en los aspectos que se toman en cuenta para una decisión de política pública; incluso determinar cuáles son las ciudades donde se va a aplicar, no vaya a ser que haga que los parroquianos solo se crucen una calle para conseguir en otro distrito, un local abierto y seguir la farra.

No se trata que el Estado o las autoridades locales le digan a la población hasta qué hora debe divertirse, que es un derecho ciudadano, sino que se procura reducir los hechos violentos que afecten los presupuestos de las agencias gubernamentales, a las que por lo general corresponde atender estos inesperados casos, resultado del desenfreno.

Hay que reducir esos cuadros deprimentes que se muestran en la madrugada en los centros urbanos y en poblados donde se celebran festividades e intervienen alegres entusiastas, no importa la edad. En Coronado pude apreciar un domingo de Semana Santa, chicos desparramados a la vera de las calles que venían de centros nocturnos y en esa festividad tempranera, de dar rienda suelta a la imaginación y combinación de tragos.

Disposiciones como la Ley Zanahoria acompañada de estrategias que brinden mayor conciencia a la población, pueden hacer que disminuyan los casos lamentables y conflictos que se escenifican en ese periodo cuando la mayoría de la gente descansa.

No es una discusión sobre ganancias y pérdidas de los centros de diversión; la medida adoptada debe brindar una herramienta para un mayor grado de responsabilidad ciudadana, sin menoscabar el sano entretenimiento. Son disposiciones que proporcionan la seguridad al conjunto ciudadano y nos hacen una sociedad más responsable.

* Periodista y docente universitario modestun@yahoo.es