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28 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

De bardas ardiendo

Hay una discusión sobre el viejo refrán “cuando veas las bardas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo”, y que muchos sostienen que...

Hay una discusión sobre el viejo refrán “cuando veas las bardas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo”, y que muchos sostienen que lo correcto es “barbas”, por razones históricas.

La Real Academia Española indica que barda es “ f. Seto, vallado o tapia que circunda una propiedad ”. Pienso que tiene más sentido que la centenaria frase se refiera a algo que es sensible al fuego (bardas), que a un conjunto de pelos en la cara.

Lo cierto es que si de incendios se trata, el mayor lo estamos padeciendo desde hace décadas en nuestro país, con lo que se pudiera definir como la más grave crisis de un sistema nacional, el educativo.

El Libertador, Simón Bolívar, nos señala (los inmortales no desaparecen de nuestras existencias) que, “ Las naciones marchan hacia su grandeza al mismo paso que avanza su educación ”. Por lo que parafraseándolo, diría que nuestra nación ha marchado hacia su minucia al mismo paso que ha retrocedido nuestra educación.

Los resultados están a la vista, y son vergonzosos. El alto porcentaje de fracasos en los exámenes para ingresar a nuestra primera casa de estudios (aún bajando el índice de admisión), es uno de los elementos más significativos de la pobreza educativa imperante.

Y si nos remitimos a los paupérrimos resultados obtenidos con capacitaciones de quienes son los llamados a impartir la enseñanza, llama a la reflexión y a la urgente acción.

No es un problema que debe resolver en triste soledad un gobierno, sin la participación activa de los padres, madres de familia y/o acudientes, que salvo muy contadas excepciones, nos apartamos, por omisión, de manera culposa y hasta dolosa quizá, de la responsabilidad histórica que tenemos con nuestra nación.

Panamá contó con varias generaciones de profesionales que dieron lustro y reputación a nuestro país; educadores, médicos, ingenieros, abogados y otros, que con sus trabajos e investigaciones trascendieron fronteras.

No creo que haya sido casual, que muchos de ellos recibieron sus instrucciones escolares de profesores ilustres, que llegaron al istmo provenientes de otros países, por diversas razones. No cito nombres para que no se quede ninguno por fuera.

El punto es que sí existen serias deficiencias en quienes educan a nuestros hijos e hijas, tenemos un círculo vicioso del cual no podremos salir jamás. Y a grandes males, grandes remedios.

La Universidad de Panamá cuenta con profesorado idóneo, en quienes podríamos confiar la delicada tarea de dictar seminarios intensivos para que maestros y maestras, no sólo eleven su categoría, sino que también sean filtrados. La idea es que se conviertan en un factor multiplicador, que lleve a nuestros estudiantes a optimizar sus conocimientos al más alto grado posible, necesarios para el futuro patrio.

Y si no se pudiera, porque la cantidad de estos educadores nacionales no es suficiente, pues consideremos seriamente lograr la participación de importantes docentes de otros lares en estos necesarios menesteres.

Ya llevamos generaciones con esta situación que nos afecta a todos; no podemos darnos el lujo de permitir que continúe este descenso. Adoptemos el pensamiento de Bolívar para llevar a Panamá hacia el Primer Mundo, del que nos encontramos, desafortunadamente, bastante lejos.

*Ciudadano.vargasjurado@gmail.com