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02 de Dec de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Pacíficamente...

Mir Rodríguez y Olmedo Carrasquilla se levantaron de sus asientos entre los periodistas, desplegaron una pancarta y empezaron a gritar c...

Mir Rodríguez y Olmedo Carrasquilla se levantaron de sus asientos entre los periodistas, desplegaron una pancarta y empezaron a gritar consignas en contra de la minería, sobre las actuaciones del Gobierno en materia ambiental y por un rato no dejaron hablar a los funcionarios que participaban en la conferencia de prensa.

Los altos representantes del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el administrador general de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) debieron callar ante la abrupta interrupción de los manifestantes que continuaron sus arengas por un rato.

Una vez que consiguieron su objetivo de llamar la atención, los jóvenes recogieron la tela que exhibía un llamado y se fueron a la parte exterior del edificio donde se reunían los ministros de Ambiente de América Latina y el Caribe. Allí volvieron a extender el lienzo y con otros compañeros, continuaron la ruidosa protesta.

Raisa Banfield se refirió al tema hace unos días, cuando Carrasquilla se vio involucrado en un incidente con la Policía Nacional y aprovechó para hablar a favor del militante ambientalista y calificar como de pacífica, la actuación durante el encuentro de ministros.

Esta tipificación de la arquitecta Banfield, genera una reflexión sobre el uso del adjetivo “ pacífico ”, que por lo general utilizan quienes hacen uso del principio constitucional de libertad de expresión para referirse a la forma como intervienen en actos, expresiones de quejas o demandas de diversos tipos.

En el caso específico aludido por la dirigente del Centro de Incidencia Ambiental, Banfield, ambos activistas entraron en calidad de comunicadores a una conferencia de prensa. En ningún momento explicaron cuál era su verdadero propósito en el lugar.

Una vez allí, esperaron el momento propicio, dejaron los asientos, se ubicaron detrás de los expositores, desplegaron la manta y empezaron a vociferar sus consignas, ante la mirada silenciosa e incrédula de los asistentes y fue aprovechado por medios de comunicación que cubrían la actividad para variar el perfil de la noticia. En lenguaje profano, “ se le había agregado “salsa” a una tranquila reunión de ministros de Ambiente ”.

Alterar un acto en un local privado, gritar para acallar a los demás, interrumpir el carácter normal de la sesión; no puede ser considerada una conducta pacífica. Es como decir que cuando la organización internacional Greenpeace, enfila una embarcación contra un buque ballenero, hay una iniciativa incruenta de protesta.

La acción de ambos manifestantes es violenta en la medida que interrumpió un diálogo informativo con periodistas, en el que los quejosos estaban presentes como representantes de la prensa; arrebataron la palabra —no la pidieron—. En el caso de Rodríguez, no es la primera vez que se involucra en este tipo de acciones. En una ocasión anterior, insultó a viva voz al entonces ministro de Turismo, Rubén Blades y lo acusó en un acto público de “ vender playas ” en el territorio nacional.

La Ley establece los procedimientos y trámites para interponer denuncias, demandas y quejas contra un funcionario público y expone, además qué autoridades y funcionarios son idóneos para atender estas acusaciones. Cuando ellas se hacen en público y con manifestaciones violentas, se sobrepasa las consideraciones del artículo constitucional sobre libertad de expresión y el manifestante puede afectar esta potestad ciudadana.

El artículo que consagra en la Constitución la libertad de expresión, está dividido en dos partes. En la primera se deja claramente expuesto que todos pueden expresarse por cualquier medio. Pero una segunda idea, deja claro, que además de una libertad, es también una responsabilidad asumida. Por tal razón, señala que la Ley desarrollará tal dimensión.

Muchos olvidan esta parte de la norma al hacer uso de la libertad de expresión; que ella acarrea responsabilidades para el que la ejerce y con sus acciones no se puede coartar el derecho de los demás. Por esa razón, se equivocan quienes al defender ese principio, olvidan el de los terceros —la colectividad—, que es el más importante, si se concibe socialmente el fenómeno.

Mis acciones de protesta son pacíficas en la medida que yo sea lo suficientemente creativo para hacer que la comunidad note mis demandas. Seré un manifestante respetuoso, aunque mis expresiones de protestas sean ruidosas, siempre y cuando no perjudique a los demás en su normal desempeño, movimiento, posibilidades de dar sus opiniones y responder a las mías.

Un ejemplo de esto, lo constituyen los programas televisivos de mesas redondas o encuentros de opinión. Cuando un participante expone sus criterios o puntos de vista, hay la mala costumbre e intolerancia de no dejar hablar al oponente cuando responde a los comentarios originales. Lo peor es que a gritos, se quiere opacar a quien contesta, ante la falta de moderación del maestro de ceremonia o responsable del programa.

Quien se queja de una medida, ausencia, servicio, norma, acción de las autoridades políticas, de policía o locales, puede perfectamente hacerlo, sin menoscabar las libertades de terceros. Cerrar calles, entonces, es una irresponsabilidad; además de ser un ejemplo de expresión violenta.

Ahora, si dejo de ser pacífico y agredo a otros, debo ser consciente de mis acciones; saber a lo que me expongo y estar preparado para las reacciones, que van desde las legales hasta formas menos cómodas, como los desalojos y otras medidas que puedan tomar los organismos responsables de salvaguardar la seguridad de terceros o del resto de la sociedad.

¿Cómo traducimos esto al campo de la comunicación y el periodismo? Hay formas de tratar determinados temas y de exponerlos a través de las múltiples maneras en que se expresan los humanos. Pero debemos ser conscientes de que cuando nos referimos a una segunda persona, entidad o grupo, debemos esperar las reacciones de aplicación de la norma; porque es una potestad que tienen los demás.

Recalco el aspecto racional de las respuestas, derecho inalienable del otro y base de la conducta pacífica, sobre todo en estos tiempos de cambios y contradicciones. Solo así es posible la convivencia en el escenario de la sociedad; otro panorama, es la jungla.

*Periodista y docente universitario.modestun@yahoo.es